Una imagen de 'Las últimas'
'Las últimas', otro agravio colonial del que arrepentirse
Lucía Miranda carga las tintas en la identidad filipina agraviada por los blancos españoles colonizadores y a ello se afana con trazo grueso y envoltorio de fiesta y monigotes coloristas.
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Este espectáculo de Las últimas trata la vinculación histórica de más 300 años entre España y Filipinas, desde 1565 hasta 1896, y la huella que ha dejado en ambos países. La directora Lucía Miranda carga las tintas en la identidad filipina agraviada por los blancos españoles colonizadores y a ello se afana con trazo grueso y envoltorio de fiesta y monigotes coloristas. No ha podido evitar el final admonitorio a los espectadores para que hagamos examen de conciencia y propósito de contrición por ser herederos de colonialistas españoles.
Lo más destacable del espectáculo es el elenco, integrado por actores de ambos países, y dentro de él Alejandra Masangkay, actriz española de padres filipinos que descubrió la película 1898. Los últimos de Filipinas (Salvador Calvo, 2016), gran intérprete y fabulosa cantante. Junto a ella la filipina Julia Enríquez, también buena actriz, convincente y versátil.
Es un espectáculo fragmentario, concebido como una mezcla de géneros por donde asoma el teatro documental, la biografía, la farsa, números musicales… Miranda dice que ha recurrido al verbatim, a testimonios que reproduce literalmente de numerosas entrevistas que realizó a nacionales filipinos y a descendientes de españoles que vivieron allí y a los que pidió, suponemos, que hurgaran en sus recuerdos y en la herencia española.
Descubrió que algunos actores que había escogido (Belén Ponce de León y Juan Paños) tenían antecedentes familiares con lazos en aquellas islas y añade sus historias, algunas de una sentimentalidad ñoña. Por parte de los filipinos, quiere explorar qué queda de lo español en aquellas islas: apenas se habla el castellano y son católicos en su mayoría. Del legado español se omite casi todo, por ejemplo, una identidad nacional -la construcción de Filipinas- que fue fruto de una administración que centralizó las islas del archipiélago.
Algunas escenas funcionan con más gracia que otras, sobre todo las que engarzan parodia con danza y música. Sacar una monja nunca falla y el galeón de monjas comandado por sor Jerónima de la Asunción -primera monja en fundar un convento femenino en Asia-, resulta el número coral más vistoso y ocurrente.
Sin embargo, otras escenas tienen poca chispa, como la manifiestamente mejorable entre Imelda Marcos y Carmen Franco -¿no hubiera sido más efectivo y original sacar a la filipina más célebre de España?- o la farsa con la regente María Cristina.
Los temas son previsibles: de la vida familiar de las criadas filipinas en nuestro país a las exposiciones universales decimonónicas que exponían tribus africanas o asiáticas o a Magallanes, que encontró su muerte en aquellas tierras cuando todavía ni siquiera se llamaba Filipinas.
Una momento de 'Las últimas'
Belén Ponce de León encarna una figura alegórica, se hace llamar Matria. Su personaje está concebido para cohesionar las escenas, cosa que no logra: su discurso acaba siendo un batiburrillo de ideas deslavazadas, a veces incomprensibles, que agostan deliberadamente el propio significado de la “madre patria” y que intuimos es el concepto que representa. En cualquier caso, la actriz es una de las piezas sobre las que descansa el espectáculo y éste le da ocasión de mostrar sus cualidades transformistas de tantos personajes como interpreta.
El montaje está en la línea política del Centro Dramático Nacional que dirige Alfredo Sanzol, ya que aborda otro de los grandes temas de la guerra cultural que tanto gustan a los progres, temas que conforman uno de los ejes sobre los que el director ha hecho pivotar la programación de la institución desde que en 2020 tomó las riendas.
Las últimas
Hasta el 21 de junio, Teatro Valle-Inclán, Centro Dramático Nacional.
Una creación de Cross Border
Texto y dirección: Lucía Miranda
Reparto: Laurence Aliganga, Julia Enríquez, Chris Angelous Manalo, Alexandra Masangkay, Juan Paños Larrauri, Belén Ponce de León, Belén de Santiago y Tuna Universitaria Complutense
Escenografía: Alessio Meloni
Iluminación: Pedro Yagüe
Vestuario: Anna Tusell
Música: Nacho Bilbao
Dirección musical: Laurence Aliganga y Nacho Bilbao
Sonido: Eduardo Ruiz «Chini»
Coreografía: Chris Angelous Manalo
Videoescena: Javier Burgos
Caracterización: Johny Dean
Producción: Centro Dramático Nacional