Un momento de 'El gitano por amor'. Foto: Elena del Real / Teatro de la Zarzuela

Un momento de 'El gitano por amor'. Foto: Elena del Real / Teatro de la Zarzuela

Qué raro es todo!

Asuntos gitanos: una versión del 'Amor brujo' de Falla y la primera ópera cantada en español

'Gitanería en un acto y dos cuadros', del compositor gaditano, y 'El gitano por amor', escrita por Manuel García a partir de 'La gitanilla' de Cervantes, coinciden en la capital.

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Coinciden estos días en Madrid dos espectáculos musicales de asunto gitano, obra de dos grandes manueles. Gitanería en un acto y dos cuadros, tituló Manuel de Falla en 1915 la primera versión de su Amor brujo. Un siglo antes, Manuel García había titulado El gitano por amor su ópera más destacada, escrita a partir de La gitanilla de Cervantes.

La Orquesta Nacional de España le ha preparado a Falla, en su 150 aniversario, un enjundioso monográfico, con la presentación en Madrid de la orquestación que hace un par de años realizó Francisco Coll de la Fantasia Bætica, esa obra maestra abrumadora y árida que los pianistas suelen esquivar. Empezando por Rubinstein, que la encargó en su día y la interpretó una sola vez. Se entiende, porque la Bætica es difícil de tocar y de oír.

El oyente no sabe nunca si el racimo de notas que le avasalla es ornamento o estructura. Coll convierte hábilmente en saturación de colores la densidad percusiva del original y descompone en timbres las apreturas de los acordes del piano, lo que facilita la audición, no sé si yendo en contra de la intención de Falla. A ver si las orquestas se animan y oímos más veces esta música.

El programa incluía además la suite Homenajes y las Noches en los jardines de España, que tocó correctamente el pianista francés Bertand Chamayou. La calidad musical subió muchos escalones con la magnífica versión que hizo la ONE del Amor brujo.

El maestro David Afkham alcanzó la máxima intensidad sin recurrir a efectismos, sino a base de ajuste, brío y gracia. Se apoyó en una orquesta que domina esta música y en unos solistas excepcionales, liderados esta vez por el oboe de Robert Silla y la trompeta de Manuel Blanco. La voz quebrada, cuando no directamente rota, de la cantaora María Toledo sonó entre jonda y excesiva.

No honduras, sino ligerezas, bonitas liviandades rossinianas, encontramos en El gitano por amor del otro Manuel, García, el cantante, libretista y compositor que reinó en los escenarios europeos de su tiempo. Los ritmos protoflamencos (seguidillas, boleros, fandangos...) se entrelazan con una vocalidad belcantista abundante en ornamentos y agilidades. Hay conjuntos estupendos que no solo combinan tesituras, sino también caracteres.

El gitano por amor tiene momentos irregulares y excursiones a los cerros de Úbeda, pero, en conjunto, su solidez musical hace de ella la primera ópera significativa cantada en español, lo que le da valor a su recuperación.

En esta comedia de enredo, en la que bailan las identidades sociales y étnicas, Emilio Sagi pone orden mediante una puesta en escena básica y funcional, con limpia dicotomía de colores: rojo para los gitanos y blanco para los payos. En el reparto, destacó mucho el barítono cordobés Javier Povedano en el papel bufo del criado Baldaquín, magnífico en lo escénico y en lo vocal.

En un ingenioso trío del primer acto, Povedano se lució parodiando simultáneamente tres personajes, los de los dos enamorados y el suyo propio, cada uno con su vocalidad propia. La soprano zaragozana Sabina Puértolas dio vida a la gitana Rosita, que al final resulta ser paya y aristócrata.

Es un papel largo y exigente que oscila entre el gracejo y la coloratura. Menos convincente resultó la voz del tenor Juan Antonio Sanabria en el papel de Hernando, el hijo de marqués, que se hace gitano para estar con su amada Rosita. Ha nacido una ópera española. La primera. Hay motivo de celebración.