Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

Homo Ludens

'Diablo IV: Lord of Hatred', el opio del pueblo

La segunda expansión del célebre juego de rol concluye la saga del odio con una expedición a las islas Skovos, donde Mephisto corrompe a las masas a través de la religión.

Más información: 'Saros', el descenso a los infiernos de Carcosa

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Hace ya casi 3 años que Diablo IV se lanzó después de años de tribulación en Blizzard en los que el director del proyecto fue expulsado de la compañía por comportamientos impropios. A pesar del largo y oneroso desarrollo, el juego sorprendió a todos con unas cotas de calidad muy destacadas, actualizando la veterana fórmula con una dirección artística más oscura que nunca y una especial atención a la narrativa.

La historia terminaba con Lilith derrotada y Neyrelle huyendo a las junglas de Nahantu para intentar contener el influjo de Mephisto, uno de los príncipes del infierno. Su tortuoso periplo fue cubierto en la primera expansión, Vessel of Hatred, de octubre de 2024, donde fracasó y es en Lord of Hatred, con todas las piezas colocadas sobre el tablero, cuando afrontamos la batalla final, clímax último de la saga del odio que decidirá el destino de la humanidad.

Después de la traición de Eru, Mephisto trasciende su prisión y toma el cuerpo de Akarat para sus nefarios propósitos. Bajo el disfraz de esta figura mesiánica en el mundo de Santuario, enardece a las masas para iniciar un peregrinaje al archipiélago de Skovos, una legendaria localización en el universo de Diablo y el origen primigenio de la humanidad.

Neyrelle investiga durante meses en los archivos una forma de lidiar con Mephisto de manera definitiva, interrumpiendo su constante ciclo de muerte y renacimiento, pero se ve sorprendido por el propio demonio, que la asesina al constatar que ha dado con una profecía que puede desbaratar sus planes. El aventurero protagonista y Lorath, después de enterrar a Neyrelle y recibir el contenido de sus planes, siguen el rastro de Mephisto hasta Skovos, donde se encuentran a la reina de las amazonas bajo su influjo perverso.

La inspiración mediterránea de Skovos supone un gratificante cambio de tercio en la identidad visual de Diablo IV, superando los paisajes desolados y románticos del continente en favor de un entorno mucho más soleado y, en cierta medida, apacible, con innegables concomitancias bucólicas.

La ciudad de Temis, donde da comienzo la expansión, presenta edificaciones palaciegas de clara inspiración grecolatina, en un diseño urbano repleto de pasadizos. Más adelante, el entorno va cambiando conforme la trama sube de intensidad, con palacios monumentales asediados por criaturas corrompidas a un volcán en violenta erupción, absoluto protagonista de una de las secuencias más conseguidas de la trama.

La acción de Diablo IV se caracteriza por una simpleza mecánica aparente. El mundo está plagado de enemigos, oleadas de cientos que asaltan al jugador desde todas las direcciones. El objetivo es mantenerlos a raya en un juego de números, utilizando el equipamiento para conseguir las mejores estadísticas ofensivas posibles.

Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

En la dificultad normal, todo es bastante manejable, pero los numerosos niveles de dificultad adicionales complican las cosas lo suficiente como para exigir las builds más refinadas, sacando el máximo partido a las herramientas disponibles y exigiendo un conocimiento profundo de los entresijos del buildcraft. La expansión añade un medallón que se suma a las runas encastrables de la anterior, Vessel of Hatred, para ofrecer un enorme abanico de sinergias que pueden convertir a nuestro personaje en un héroe de raigambre mitológica.

Donde Lord of Hatred brilla especialmente es en sus contiendas con los jefes, unos enfrentamientos espectaculares donde Blizzard se permite el lujo de recurrir al fondo de armario de World of Warcraft. Es decir, raids donde el posicionamiento del personaje adquiere una importancia capital, con ataques que cubren casi la mitad de la pantalla y dejan escasos espacios de seguridad.

El nivel de complejidad mecánica va ascendiendo paulatinamente hasta la confrontación final con Mephisto, un espectáculo audiovisual sin parangón que no dejará indiferente a nadie. Es más, la manera en la que los diseñadores han conseguido hilvanar motivos narrativos con las mecánicas propiamente es toda una clase magistral en diseño narrativo que merece ser aplaudida. Sin lugar a dudas, el momento de mayor intensidad épica de toda la trilogía.

Si por algo se caracteriza el cierre del arco narrativo que compone Diablo IV y sus dos expansiones es por el tremendo pulso narrativo que exhibe. La tempranísima muerte de Neyrelle cae como un mazazo después de las peripecias que atravesamos para intentar salvarla de la corrupción mefistofélica en el anterior episodio, pero dispone el tono general de la aventura, un descenso a los infiernos para los personajes principales, especialmente un Lorath (interpretado por el siempre solvente Ralph Ineson) caído en desgracia.

Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

Un fotograma del videojuego 'Diablo IV: Lord of Hatred'

Es una narrativa cruel, donde el enemigo infernal utiliza la manipulación religiosa para convertirnos en parias de una sociedad desesperada por encontrar respuestas a su sufrimiento, fruto del asalto constante de fuerzas sobrenaturales.

La segunda mitad de la expansión sube las revoluciones y nos sumerge en una guerra en múltiples frentes de tintes apocalípticos, un asalto frontal de criaturas marinas que llevan al límite al formidable ejército amazónico. Conforme los planes de Mephisto se van revelando, las apuestas suben y la aventura se transforma en una desesperada carrera contra el tiempo donde las posibilidades de salir victoriosos se antojan ínfimas.

Es ahí cuando el aspecto más psicológico de los personajes sale a relucir, con alianzas insospechadas, retornos de viejos camaradas y momentos de esquivo recogimiento ante el asedio interminable. En definitiva, Lord of Hatred es una expansión portentosa que satisface todas las expectativas generadas estos años y resuelve todos los hilos pendientes en un clímax marcado por el sacrificio y la pérdida. Absolutamente recomendable.

Diablo IV: Lord of Hatred

Estudio: Blizzard Team 3
Editora: Blizzard Entertainment
Director creativo: Brent Gibson
País: Estados Unidos
Plataformas: PC, Xbox One, Xbox Series, PlayStation 4, PlayStation 5