Lola Petticrew interpreta a Dolours Price en 'No digas nada', la serie de Disney+ que adapta el libro homónimo de Patrick Radden Keefe.

Lola Petticrew interpreta a Dolours Price en 'No digas nada', la serie de Disney+ que adapta el libro homónimo de Patrick Radden Keefe.

Entreclásicos

'No digas nada': los años de plomo en Irlanda del Norte

En su extraordinario ensayo, llevado a la pantalla por Disney+, Patrick Radden Keefe describió el conflicto norirlandés y a sus protagonistas a través del asesinato de Jean McConville a manos del IRA en 1972.

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En Irlanda del Norte no se habla de “años de plomo”, sino de “los problemas” (“The Troubles”). Esta expresión alude al período comprendido entre 1968 y 1998, treinta años de violencia que se cobraron 3.522 vidas.

No digas nada, un extraordinario ensayo de Patrick Radden Keefe publicado en 2018, recrea uno de los aspectos más trágicos del conflicto: la historia de Jean McConville, la única mujer a la que hizo desaparecer el IRA Provisional.

Acusada de confidente, Jean era protestante, pero se había casado con un católico con el que engendró diez hijos. Secuestrada a principios de diciembre de 1972, un comando del IRA Provisional creado por Gerry Adams y al que se llamó “los Desconocidos” se ocupó de su traslado a la República de Irlanda y de su ejecución en la playa de Shelling Hill, en el condado de Louth.

Durante décadas, el IRA Provisional negó el crimen, pero finalmente lo admitió y lo justificó alegando que Jean utilizaba un transistor para comunicarse con las fuerzas británicas. No hay pruebas que acrediten ese hecho, pero sí se sabe que Jean socorrió a un soldado herido en Divis Flat, un complejo de viviendas sociales al oeste de Belfast.

Divis Flat era un bastión de los republicanos, lo cual no impidió que el ejército británico instalara un puesto fortificado en su azotea para vigilar la zona. Dada la hostilidad de sus habitantes, los soldados solo podían acceder a esa posición utilizando un helicóptero.

El periodista Patrick Radden Keefe en Barcelona en 2024. Foto: Europa Press

El periodista Patrick Radden Keefe en Barcelona en 2024. Foto: Europa Press

Aunque Adams siempre ha negado pertenecer al IRA Provisional y, por tanto, ser el responsable del asesinato de McConville, su lugarteniente Brendan Hughes, llamado “el Oscuro” (“The Dark”) y uno de los oficiales de la Brigada Belfast, afirma que solo él podía dar esa orden. “Yo nunca llevaba a cabo una operación sin el OK de Gerry. Puede sentarse en su oficina de Westminster o Stormont o donde quiera que sea y negarlo, pero es como si Hitler negara el Holocausto”.

El periodista estadounidense de origen irlandés Patrick Radden Keefe decidió reconstruir la historia de Jean McConville y sus asesinos a partir de las grabaciones del Proyecto Belfast, una iniciativa académica de la Universidad de Boston del año 2000 que consistió en recopilar testimonios orales de exparamilitares republicanos y lealistas, con el compromiso de no hacer públicas sus declaraciones hasta después de su muerte.

Cuarenta activistas participaron en el proyecto gracias a que se garantizó la confidencialidad, pero todo se complicó cuando la justicia estadounidense ordenó entregar las cintas a la Policía de Irlanda del Norte (PSNI) para investigar crímenes sin resolver.

En su ensayo No digas nada, Keefe concedió un especial protagonismo a las hermanas Dolours y Marian Price y a Brendan Hughes. Las hermanas Price eran hijas de Albert Price y Christina Dolan (conocida como Chrissie), ambos militantes históricos del IRA.

Pancarta en un muro de Belfast en conmemoración de varios miembros del IRA Provisional, entre ellos Brendan Hughes. Febrero de 2026. Foto: F. D. Quijano

Pancarta en un muro de Belfast en conmemoración de varios miembros del IRA Provisional, entre ellos Brendan Hughes. Febrero de 2026. Foto: F. D. Quijano

Albert se incorporó a la milicia republicana en su adolescencia y participó en la campaña de atentados con bomba en la Inglaterra de 1938. Encarcelado en varias ocasiones, se fugó de la prisión de Derry con varios compañeros durante la Segunda Guerra Mundial y en los años sesenta aún seguía activo, escondiendo armas e involucrándose en la propaganda política.

Chrissie militaba en el Cumann na mBan (Liga de Mujeres), la sección paramilitar femenina del IRA. Al igual que su esposo, fue detenida en varias ocasiones y pasó una breve temporada en la cárcel de mujeres de Armagh.

El entorno familiar de las hermanas Price se hallaba completamente implicado en la resistencia a los británicos. Su tía Bridie Dolan, que vivía con ellos, había perdido las manos y los ojos mientras manipulaba explosivos.

Dolours y Price crecieron escuchando historias sobre la lucha del IRA. Sin embargo, las dos pensaron que la lucha armada había fracasado y que la resistencia civil no violenta constituía una alternativa mejor. Esa creencia se desvaneció tras participar en una marcha pacifista en 1969 y sufrir las agresiones de una turba de lealistas apoyados por la Royal Ulster Constabulary (RCU). Tras esta experiencia, las dos decidieron ingresar en el IRA Provisional, creado en 1969 para distanciarse del IRA Oficial, más izquierdista y más partidario de la negociación que de las armas.

En 1972, Gerry Adams puso a Pat McClure al frente de “los Desconocidos”, explicándole que una de las tareas principales del comando sería conducir a la República de Irlanda a traidores y confidentes para ser juzgados y ejecutados. Dolours y Marian, que ya habían atracado sucursales bancarias, realizaron esta tarea un número indeterminado de veces, pero se sabe que -entre otros- se ocuparon de Joe Lynskey, Seamus Wright, Kevin McKee y Jean McConville.

Lynskey era un buen amigo de Dolours, pero había ordenado disparar a otro voluntario del IRA Provisional para poder establecer una relación sentimental con su mujer.

Seamus y Kevin, que solo tenía diecisiete años, habían sido captados como informantes tras ser detenidos y torturados. Brendan Hughes intentó salvarlos utilizándolos como agentes triples, pero Gerry Adams estimó que no merecían vivir. En cambio, Hughes justificaba el asesinato de McConville, pues estaba convencido de que era una confidente movida por el dinero. Sin embargo, años más tarde repudiaría la violencia: “Ni una sola muerte mereció la pena. La guerra es la cosa más fútil y destructiva que el hombre ha creado jamás”.

Dolours no sintió remordimientos por el asesinato de McConville, pero siempre le pesó la desaparición de Lynskey. Al igual que Hughes, el sentimiento de culpa no apareció enseguida, sino tras los Acuerdos de Viernes Santo. Ambos activistas interpretaron el pacto como una rendición, pues se acordó el cese de la violencia a cambio de una autonomía y no de la liberación definitiva del domino británico.

Patrick Radden Keefe especula que Marian fue la que apretó el gatillo en el asesinato de McConville, algo que ella niega, pero todos los indicios apuntan que Pat y Dolurs se inhibieron, dejando que otro asumiera el ingrato papel de disparar a una viuda con diez hijos.

Después de su etapa como miembros del comando “los Desconocidos”, Dolours y Marian se desplazaron a Londres para lanzar una oleada de ataques con bombas. Uno de los objetivos fue Old Bailey, nombre popular con el que se conoce al Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales. El 8 de marzo de 1973 una bomba hirió a más de doscientas personas y contribuyó a la muerte de un hombre que sufrió un ataque cardíaco.

Las dos hermanas y ocho voluntarios más del IRA Provisional fueron detenidas cuando intentaban regresar a Belfast en avión. El juez condenó a cadena perpetua a Dolours y Marian, pero luego conmutó la pena por veinte años de prisión. Ambas iniciaron inmediatamente una huelga de hambre, exigiendo ser trasladadas a una prisión de mujeres en Irlanda del Norte.

La huelga de hambre duró 208 días, pues las autoridades británicas alimentaron a las hermanas a la fuerza durante 165 días. El procedimiento fue el mismo que el empleado con las sufragistas: la boca abierta con un artilugio de madera y un tubo en la garganta por el que pasaba alimento líquido. Marian Price relató el suplicio: “La alimentación forzada dura quince minutos, pero se siente como una eternidad. No tienes control sobre nada. Estás aterrorizado de que la comida se te vaya por el camino equivocado y no puedas avisarles porque no puedes hablar ni moverte. Tienes miedo de asfixiarte”.

De hecho, en alguna ocasión el alimento triturado se fue por el pulmón, provocando una situación de peligro. Tras la interrupción del procedimiento por la oposición de algunos médicos y enfermeras, las hermanas estuvieron a punto de morir, pero finalmente las autoridades británicas cedieron y trasladaron a las hermanas a Irlanda del Norte.

Posteriormente, el Consejo Médico Internacional dictaminó que la alimentación forzosa era poco ética. A principios de los ochenta, fueron liberadas por razones humanitarias. Habían cumplido siete años de condena y las dos sufrían anorexia nerviosa. Dolours luchó contra trastornos alimentarios durante el resto de su vida.

Las hermanas Price no abandonaron la política después de recobrar la libertad. Ambas afirmaron haber sido amenazadas por sus antiguos compañeros del IRA Provisional y por los dirigentes del Sinn Féin por oponerse a los acuerdos de Viernes Santo.

Dolours colaboró con The Blanket, una revista digital editada por Anthony McIntyre, exmiembro del IRA Provisional. En 1983 se casó con el actor irlandés Stephen Rea, con el que tuvo dos hijas. La pareja se divorció en 2003. Dos años antes, Dolours fue arrestada en Dublín por posesión de ansiolíticos con recetas falsificadas. Se declaró culpable y se le impuso una multa de 200 libras esterlinas. Además, se le obligó a asistir a reuniones de Alcohólicos Anónimos.

En cuanto a Marian, se le denegó la entrada en Estados Unidos en 1999 cuando pretendía intervenir en un evento de recaudación de fondos del Comité por la Libertad Irlandesa convocado en Nueva York. En 2000, Marian pronunció la oración fúnebre de Joseph O'Connor, miembro del IRA Auténtico, la facción disidente que se había opuesto a los Acuerdos de Viernes Santo. Miembro del Movimiento por la Soberanía de los 32 Condados y voluntaria de una organización para el bienestar de los presos, declaró a The Guardian que no se arrepentía de sus acciones pasadas y que seguía apoyando la lucha armada.

En marzo de 2009, Marian fue arrestada por participar en el ataque perpetrado por el IRA Auténtico contra el cuartel de Massereene en Irlanda del Norte, donde perdieron la vida dos soldados británicos. Encarcelada en la prisión HM Maghaberry, cerca de Lisburn, permaneció dos años entre rejas. Fue liberada antes de cumplir la condena por sus graves problemas de salud.

A pesar de luchar contra la depresión, el trastorno de estrés postraumático y la adicción al alcohol y las drogas, Dolours se ofreció a la Comisión Independiente para la Localización de Restos de Víctimas. Los cuerpos de Wright y McKee fueron recuperados de una misma fosa en el condado de Meath en agosto de 2015. No está claro si Price aportó datos decisivos para su recuperación. Los restos de Lynskey aún siguen en paradero desconocido.

Dolours admitió su implicación en el asesinato de Jean McConville y aseguró que había sido ordenado por Gerry Adams, comandante de la Brigada Belfast y uno de los líderes del IRA Provisional. Adams respondió que no era cierto y que Price actuaba guiada por resentimiento, pues se oponía a los Acuerdos de Viernes Santo.

Dolours falleció el 24 de enero de 2013 por una sobredosis de alcohol, ansiolíticos y antidepresivos. Enterrada en el cementerio de Milltown, en el oeste de Belfast, la investigación judicial concluyó que se había tratado de una muerte accidental.

Patrick Radden Keefe nos relata todos estos hechos en un ensayo que recuerda el nuevo periodismo de Tom Wolfe y Truman Capote. Utiliza las técnicas narrativas de la ficción para narrar eventos reales. No se toma ninguna licencia. No inventa nada. Se invisibiliza como narrador para que los hechos hablen por sí mismos, pero el resultado no es un ensayo académico, sino un relato apasionante y sobrecogedor.

Los retratos psicológicos son precisos e incisivos. La descripción de Dolours nos ayuda a comprenderla. Joven extrovertida y elocuente, con la belleza de una actriz de Hollywood y el coraje del combatiente más duro, se convertirá en víctima de sus propias contradicciones. Aunque apoya la lucha armada, advierte que la violencia ejerce un efecto envilecedor. No es como Marian, que nunca titubea ni pierde el control de sus actos.

Apasionada, vehemente y explosiva, el desorden interior de Dolours crece con los años hasta arrojarla a una espiral de autodestrucción. Nunca llega a renegar de su pasado, pero piensa que el sufrimiento provocado por el IRA Provisional ha sido inútil. Las muertes por bombas, disparos o huelgas de hambre no han logrado la expulsión de los británicos. Irlanda continúa dividida y bajo el dominio de la Corona inglesa. “No habría sacrificado ni un desayuno por esto”, exclama Dolours.

Quizás el personaje más trágico de No digas nada es Brendan Hughes. Tras pasar unos años en prisión y realizar una extenuante huelga de hambre que le dejó graves secuelas, abandonó la lucha armada y se instaló en un apartamento de Divis Flat. A pesar de la traición de Gerry Adams, que aseguró no haber militado nunca en el IRA Provisional, colgó en la pared una vieja fotografía donde los dos aparecían juntos, sonriendo a la cámara y abrazados.

Hughes sobrevivió durante dos décadas con unos ingresos miserables derivados de sus trabajos ocasionales en la construcción. Fumador empedernido, sufrió un infarto a los 59 años y murió poco después. En las grabaciones del Proyecto Belfast, confesó que se sentía como si hubiera empujado con otros hombres un barco encallado en la playa y luego se hubiera quedado en la playa, observando cómo se alejaba mientras se hundían en un arena sucia y pegajosa. Javier Marías elogió No digas nada: “Un gran libro sobre un tema que -por desgracia- conocemos muy bien en España”.

Todos los que aún piensan que los problemas del mundo podrían resolverse con una revolución deberían leer esta obra. No hay nada romántico ni hermoso en una insurrección. El IRA Provisional siguió el guion de todos los grupos revolucionarios: crear comandos, atacar a las instituciones, asesinar con bombas y disparos a policías, políticos, soldados, empresarios y periodistas, ejecutar a supuestos traidores, soplones y confidentes, asumir la inevitabilidad de las víctimas colaterales. Cuando se actúa de este modo, los medios se acaban convirtiendo en fines. Eso explica que muchos antiguos republicanos y lealistas sean hoy mafiosos dedicados a la extorsión, el proxenetismo y el tráfico de drogas.

Disney+ hizo una excelente adaptación del libro en forma de serie de nueve episodios. Lola Petticrew y Hazel Doupe interpretaron brillantemente a las hermanas Price. Maxine Peake encarnó a una Dolores ya adulta. Anthony Boyle se puso en la piel de Brendan Hughes en su juventud y Tom Vaughan-Lawlor tomó el relevo para mostrar su decadencia física. Ambos realizaron un excelente trabajo, logrando transmitir la furia de los años de lucha armada y la amargura del combatiente desengañado.

Josh Finan dio vida a Gerry Adams durante su etapa como comandante de la Brigada Belfast y Michael Colgan interpretó al político pragmático del Sinn Féin. Sus actuaciones nos muestran el paso del liderazgo implacable a la etapa de negociador cínico, capaz de mentir sin mala conciencia y dar la espalda a sus viejos compañeros.

No digas nada ya es un clásico del nuevo periodismo. Minucioso, ágil y honesto, evita el tono aleccionador, pero nos deja un enseñanza que no deberíamos olvidar. Las injusticias, como la dominación británica de Irlanda del Norte, a veces nos llevan a callejones sin salida. En esos casos, la violencia parece la única opción, pero su uso siempre ejerce una influencia deshumanizadora. Solo los espíritus fríos y pragmáticos se libran de las secuelas de empuñar un arma para arrebatar vidas.

Sería injusto echar todas las culpas a los republicanos, pues realmente los católicos de los Seis Condados sufrían graves discriminaciones (restricciones al voto, discriminación en la vivienda, desigualdad laboral, represión militar y policial), pero nunca está de más recordar que no hay guerras limpias.

Los "Troubles" duraron treinta años y los que sobrevivieron a sus estragos casi nunca lograron superar los traumas provocados por la violencia. Dolours Price y Brendan Hughes fueron víctimas y verdugos. Su ocaso estuvo marcado por el sufrimiento físico y moral. Gerry Adams, menos emocional, salió del conflicto con menos heridas, pero todo sugiere que con una parte de su alma muerta o adormecida. Ojalá algún día la historia deje de colocar a los seres humanos en estas terribles disyuntivas.