Alan Cumming, en 'Tip Toe'

Alan Cumming, en 'Tip Toe' HBO Max

En plan serie

‘Tip Toe’: Russell T. Davies enciende la alarma contra el odio a la comunidad LGTBIQ+

La serie busca auscultar el corazón de una sociedad británica al borde del infarto.

En España puede verse en HBO Max.

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“You're queer in 2026, you're a political act”. La frase aparece en el primer episodio de Tip Toe (2026), la nueva miniserie del guionista Russell T. Davies para Channel 4 que en España acaba de estrenar HBO Max. Y es toda una declaración de intenciones. Para bien y para mal.

A partir de la historia de dos vecinos, Leo (Alan Cumming), un homosexual al borde de los sesenta que regenta un bar en Canal Street, y Clive (David Morrissey), un electricista casado y con dos hijos, el creador de Queer as Folk (1999-2000) traza una metonimia -Manchester como espejo del mundo-, en ocasiones demasiado forzada, que busca auscultar el corazón de una sociedad británica al borde del infarto, con las arterias de la tolerancia colapsando a causa del fortalecimiento de una extrema derecha que azuza la bandera del odio, la regresión de determinadas libertades o el ascenso de los totalitarismos, con Trump como demonio omnipotente.

En apenas cinco episodios, Davies despliega un muestrario temático que no rehuye ninguno de los múltiples dilemas a los que nos enfrentamos casi a diario, haciéndolo siempre desde una clara toma de posición que tiene que ver con el repaso de la evolución del movimiento queer que el creador de It’s a Sin (2021) viene realizando a lo largo de la mayor parte de su carrera.

La mayoría de los debates que la serie plantea guardan relación directa con la comunidad LGTBIQ+, desde el uso del lenguaje inclusivo a los procesos de autoidentificación, pasando por la domesticación del movimiento por parte del capitalismo, el cambio de percepción con respecto al VIH, la transfobia o el visible incremento de las actitudes (y delitos) homófobos. A su vez se exploran las contradicciones que experimenta Leo, en tanto hombre homosexual que a sus 60 años puede presumir de las insignias morales que, tras años de lucha, se ha ganado a pulso.

¿Qué relación se establece entre los gays, las mujeres y el feminismo? ¿La edad, los logros y el estatus social nos impulsan a resignarnos, a pensar que la batalla han de librarla las nuevas generaciones? En una sociedad que parece haber naturalizado la existencia de la comunidad LGTBIQ+, ¿con qué armas se han de enfrentar las corrientes retrógradas que pretenden regresar a tiempos pasados?

Sucede que el índice de temas a tratar no se queda aquí. Clive (David Morrissey) se nos presenta como exponente del profesional de mediana edad superado por las circunstancias. La precariedad laboral lo convierte en un hombre inseguro que esconde su debilidad bajo el porte de un físico rotundo, manifestación de una masculinidad atávica que ha sido atropellada por el paso del tiempo. Es un tipo frágil que oculta sus carencias detrás de una actitud que oscila entre la la altanería y la vehemencia.

Su matrimonio lleva años en el congelador. Tiene la misma relación con sus hijos que Iker Jiménez con el sentido del ridículo. Vive atrincherado en la desconfianza porque no entiende un mundo que avanzó a demasiada velocidad, así que cree en las teorías de la conspiración (¿el COVID? Mentira. ¿El SIDA? Otra trola), que los inmigrantes le están quitando el trabajo y que los gays están pervirtiendo a la sociedad, en especial a las nuevas generaciones, esas de las que forma parte su hijo menor George (Jackson Connor), de 16 años. Clive es una olla exprés sin válvula de escape, carne de Cuarto Milenio, follower de César Vidal.

Davies decora ese tête-à-tête vecinal con un paisaje de secundarios que tratan de definir el contexto en el que se mueven Leo y Clive. El (no tan) pequeño George es gay, aunque sigue encerrado en el armario. Saul, el hijo mayor de Clive, curra con el padre cuando este tiene algún encargo, pero vive gracias a su cuenta de OnlyFans, donde exhibe su cuerpo (y sus prestaciones sexuales) para disfrute de mujeres de toda edad y condición (y para todos los hombres que se suscriban al canal: él es hetero, pero el dinero no entiende de género, así que no importa de donde venga).

Marie (Pooky Quesnel), la madre, vive encerrada en su habitación, enganchada al cordón umbilical de su smartphone ya sea para escuchar audiolibros eróticos o para poner la música a todo volumen mientras los hombres de casa gritan en el salón viendo el fútbol con los amigotes.

Leo se rodea de la colorida fauna que trabaja en (o frecuenta) su bar –nótese que en el capítulo cuarto Clive visita el pub de noche y contempla aquello como si estuviese en un zoo-, miembros de una pequeña comunidad que ha tejido una red de seguridad afectiva, que se ayuda y se defiende en cualquier circunstancia, ya sea acompañando a Zee (Iz Hesketh) a abandonar su apartamento para evitar que sus compañeros de piso la agredan o introduciendo a George en un mundo al que desea pertenecer pero al que tiene miedo de acceder, pues la respuesta de su padre puede ser terrible.

Alan Cumming y David Morrissey, en 'Tip Toe'

Alan Cumming y David Morrissey, en 'Tip Toe' HBO Max

La locuacidad de un soberbio Alan Cumming y la acongojante severidad de David Morrissey arrastran al espectador a un clímax tremebundo y, por momentos, difícil de soportar, porque nos obliga a mirar cara a cara no ya lo que viene, sino lo que está aquí: una alcaldesa que retira una bandera arcoíris, diez tipos que apalizan a un menor de edad por ser gay, el rebrote de los defensores de las terapias de conversión, las políticas de limitación de género de Trump...

Ahora bien, para llegar a ese punto, Davies fuerza sobremanera los designios del azar, abusa de los encuentros casuales y juega con la simultaneidad para realzar la tensión. El cierre del primer episodio, con todo el mundo (Leo, Clive, George, Saul y Marie) entregado a sus pulsiones virtuales funciona como coartada para indicar que ese recurso se utilizará a discreción. Véase, por ejemplo, el final del tercer episodio, con Clive allanando la casa de Leo ¡al mismo tiempo! que este comprueba de manera remota la seguridad de su ordenador. En demasiadas ocasiones pasan demasiadas cosas a la vez.

En cualquier caso, la secuencia de apertura ya nos advierte del funesto desenlace, instante al que se regresa, siempre desde un punto de vista distinto, al inicio de cada episodio (a excepción del último), para luego introducir un flashback que, de manera cronológica, repasa lo sucedido en los diez días anteriores a la tragedia.

En su intento por dar voz a todo el mundo –porque todos los personajes nos ofrezcan sus razones-, Davies va cambiando la focalización del relato (véase el tercer episodio, centrado en Clive hasta que vira para mostrarnos la transformación de George), resume acontecimientos que ya hemos visto pero desde otras perspectivas, todo ello a un ritmo endiablado (en parte gracias al uso de la música de Sam Watts) y con la habitual pericia del guionista galés a la hora de dialogar: la verborrea de Leo frente a la parquedad oral del áspero Clive, todo un choque de estilos.

Alan Cumming (centro) y David Morrissey (derecha), en 'Tip Toe'

Alan Cumming (centro) y David Morrissey (derecha), en 'Tip Toe' HBO Max

El arrojo a la hora de plantear temas espinosos es innegable. También el afán de Davies por afilar las distintas aristas de los personajes –la conversación entre Melba (Paul Rhys) y Leo en el primer episodio saca a flote las numerosas contradicciones a las que se enfrentan y el modo distinto en el que valoran el zeitgeist del movimiento queer-.

Sin embargo, los apriorismos de guion tiran de los hilos de la dramaturgia para llevarnos donde conviene, incluida cierta espectacularización de unos hechos que rezuman una crudeza alarmante. Es innegable que hay en Russell T. Davies un gusto por lo teatral que aquí deriva en decisiones enfáticas que parecen extraídas directamente de las tablas. Véase el final del cuarto episodio, con ese monólogo de Leo, la cámara aproximándose hacia él, el crescendo musical, la disposición del plano en forma de escenario y su despedida.

En todo caso, hay un envidiable manejo de la tensión entre Leo y Clive: la paulatina invasión del espacio ajeno, los debates encendidos, el aumento de la violencia... Y ese intercambio de pareceres casi nunca amable adopta una forma por momentos peculiar, haciendo del salto de eje su razón de ser, pues en esas conversaciones vamos de lado al otro del espectro ideológico. Podríamos decir que el director Peter Hoar -colaborador habitual de Davies y responsable de todos los episodios- emplea ese recurso como metáfora de una sociedad cada vez más polarizada.

Pero, como decíamos anteriormente, no todo se circunscribe a las problemáticas que enfrenta el movimiento queer. También se abordan otros de temas de suma importancia: el repunte de las actitudes racistas, el mercado laboral como herramienta de control o, una cuestión crucial y para quien esto firma, el tema que vertebra Tip Toe, el peligro que incorpora el uso indiscriminado de las redes sociales.

Primero, porque son fuentes de distribución de contenido sin control (y sin verificación): fíjense en qué tipo de vídeos consume Clive. Después, porque son parcialmente responsables de la supresión de las fronteras que protegen nuestra privacidad: véase el coming out de George. Y por último, porque contribuyen a la narcotización de los ciudadanos: formamos parte de una generación que teclea pero que no actúa, cuyo caudal contestatario se reduce a un tuit o a un reel en Instagram.

Los social media representan una falsa democratización de las relaciones sociales y de la distribución de información y aquí constituyen el elemento indispensable para que el odio se expanda como un virus inatajable.

Tip Toe

Título: Tip Toe
Creador: Russell T. Davies
Intérpretes: Alan Cumming, David Morrison
Productora: Channel 4, Quay Street Productions
País: Reino Unido
Año: 2026
Plataforma: HBO Max
Fecha de estreno: 16 de julio