Image: La añagaza visual de Rubén Guerrero

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Exposiciones

La añagaza visual de Rubén Guerrero

Diferido, reversible y sin escala

Mariano Navarro
Publicada
Actualizada

S / T (La mitad de lo que ves) junto a S / T (La medición), ambas de 2016

Galería F2. Dr. Fourquet, 28. Madrid. Hasta el 12 de noviembre. De 1.200 a 17.500 euros

La práctica de la pintura de Rubén Guerrero (Utrera, Sevilla, 1979) se inscribe en una tradición reflexiva de la pintura española que tiene sus orígenes en los inicios de la década de los años 70 del siglo XX cuando artistas como Carlos Alcolea, Santiago Serrano, Carlos León o Manolo Quejido, por nombrar únicamente a unos cuantos, llevaron la pintura a una indagación sobre la naturaleza de la imagen, pusieron en cuestión las reglas hasta entonces admitidas de la representación, ampliaron los motivos a los que prestaban atención y mostraron su indiferencia ante la oposición figuración abstracción para centrar sus objetivos en la sustancia material del cuadro.

Podríamos encontrar cierta línea de continuidad en los años 90 pasado en figuras como Abraham Lacalle y especialmente entre los artistas sevillanos como Miki Leal, José Manuel Pereñíguez o Matías Sánchez, que han hecho del pensar la pintura el eje fundamental de su trabajo.

En la que es su primera individual en Madrid, pues hasta ahora únicamente habíamos visto su obra en los estands de Luis Adelantado en ARCO desde 2005, y en alguna colectiva, Guerrero ha optado por exhibir una pieza de 2014 de título revelador y que ha señalado su trayectoria en esto años, S/T (idée de peinture M.B.), una idea de la pintura como si fuese pensada por Marcel Broodthaers, junto a otras cinco fechadas este mismo año.

Como si fuesen argumentos de una discusión que en el fondo trata de una misma cuestión, las obras se dividen claramente en dos grupos, cuatro de ellas sustentadas, entre otros elementos, en el poderío del color, y las otras sin ser absolutamente blancas, jugando para componerse con los distintos tonos del blanco. Unas y otras responden a una serie de conceptos importantes para el artista y que él mismo ha expresado en los siguientes términos: en ningún caso son cuadros-ventana, en todos ellos renuncia a la representación del espacio para centrarse en la superficie pintada, en el propio plano pictórico, de modo que es como si hablara del espacio propio de la pintura desde el espacio físico y material del propio cuadro, un cierto trompe l'oleil tan intelectual como sensorial en el que coinciden la representación figurativa y la propia superficie del cuadro.

Una idea de la pintura que está perfectamente reflejada en el cuadro del mismo título, un díptico de grandes dimensiones, que absorbe la mirada y confronta dos universos visuales, izquierda y derecha respectivamente, en los que tiene tanta relevancia el dibujo como la mancha. No hay perspectiva, pero sí fractura en los planos de color que componen figuras geométricas. Destacaría, también, algo igualmente evidente en las piezas más recientes, su interés por los bordes del cuadro, ese lugar que encierra entre límites o que, según el toque y la añagaza visual, se extiende y prolonga más allá de la superficie física.

Las otras tres piezas, La mitad de lo que ves, Pura apariencia neoplasticista P.M. y La medición, coinciden con la anterior en su peculiar, densa y compacta textura pictórica, conseguida por el empleo coincidente de óleo y esmalte sobre el lienzo, como por el singular entendimiento de lo iconográfico de Guerrero, que le hace representar objetos inexistentes con la carnalidad material de lo real. Una primera individual que es un gratificante banquete pictórico, un auténtico lujo.