Image: Verano en el Danubio

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Exposiciones

Verano en el Danubio

Tras los pasos de Inge Morath. Miradas sobre el Danubio

17 junio, 2016 02:00

Lourdes R. Basolí: Danubio III, 2014 (detalle)

PHotoEspaña 2016. Fundación Telefónica. Fuencarral, 3. Madrid. Hasta el 2 de octubre.

Es fabuloso cuando un proyecto interesante y complejo queda bien contado en una exposición como esta, quizás una de las que mejor expresan el tema Europas elegido este año para el festival PHotoEspaña. La experiencia de un viaje durante el verano por el Danubio, el gran río que atraviesa ocho países desde la Selva Negra en Alemania hasta su desembocadura en el Mar Negro, es ya por sí misma muy evocadora y el imaginario se dispara ante esa metáfora casi infinita del río como transcurso de la vida. A eso se añade, en este proyecto, el propósito de revisitar los lugares que en el pasado fueron fotografiados por la austríaca Inge Morath (Granz, 1923-Nueva York, 2002), la primera mujer que formó parte de la Agencia Magnum -ayudando a que ingresaran otras fotógrafas-, y con la que la Fundación Inge Morath, creada tras su muerte, otorga cada año un premio a una fotógrafa menor de 30 años.

La historia de este feliz proyecto comienza en una comida en la que cuatro de las ganadoras -Olivia Arthur, Lurdes R. Basolí, Claire Martin y Emily Schiffer- se dejan llevar por ese imaginario y deciden rendir tributo a la pionera de la fotografía documental. En 2014, después de dos años perfilando la organización y una convocatoria de crowdfunding, cuatro premiadas más -algunas, con sus hijos- se suman para recorrer 2.900 kilómetros y 19 ciudades durante treinta días en un "camión-galería", donde muestran fotografías de Inge Morath por las noches. También realizan encuentros en instituciones locales con debates y visionado de porfolios, e incluso algunas jóvenes reciben becas para acompañarlas unos días. El presupuesto, sin embargo, es ajustado: con una dieta de entre 20 y 25 euros diarios, durmiendo en habitaciones compartidas en albergues, y con poco equipaje, sus cámaras y los ordenadores.

Las fotografías dan cuenta de la historia y el presente en Europa, y de las muchas maneras de entender hoy la fotografía documental

Y todo esto, con la presión de realizar un buen trabajo, digno de la aprobación de la maestra que afirmaba que los fotógrafos, además de contar con la atenta mirada que discrimina la mejor imagen tan sólo por un detalle, "necesitan tener suerte". En el fondo del espíritu de este proyecto, "coger las fotos de Inge Morath y devolverlas a sus comunidades", de hecho, una mujer se reconoció en una de las fotografías de Morath en las proyecciones nocturnas en la calle. Y también la intención de demostrar lo que las mujeres pueden hacer en el campo de la fotografía. En definitiva, una aventura y una convivencia entre mujeres procedentes de todas partes del globo a quienes, sin duda, les ha cambiado la vida y su trabajo, tal y como afirman y puede apreciarse en el documental, accesible en la web de Fundación Telefónica.

La exposición, comisariada por Celina Lunsford, directora artística del Fotografie Forum Frankfurt, intercala 60 copias originales de las imágenes que Inge Morath tomó en varios viajes por el Danubio en un arco de cuatro décadas -en los años 50 y luego, en los 90 para registrar los cambios acaecidos tras la caída del Muro- con las series realizadas por cada fotógrafa en este viaje iniciático. En total, 150 fotografías que dan cuenta de la historia y el presente en Europa y también de las múltiples maneras de entender hoy la fotografía documental cuando su foco encuadra las historias de la gente. Como diría Morath, el río enseña la "historia escrita por generaciones de personas".

Inge Morath: Cerca de Viena, 1958 (detalle)

Sin embargo, actualmente no se trata tanto de "atrapar el instante decisivo" como afirmaba el considerado padre del fotorreportaje Henri Cartier-Bresson, sino de elegir o de inventar un tema o motivo, bajo una nueva perspectiva. Mucho influyó el fotorreportaje en Morath cuando comenzó a trabajar en 1949 como editora en Magnum: un género que después la fotógrafa revolucionaría gracias a su estricto método de preparar cuidadosamente los viajes, estudiando culturas y lenguas, y escribiendo después diarios e interesantes anotaciones de sus fotografías, lo que explica su lugar preeminente como maestra de la fotografía documental. Este posible abanico es el que encontramos en los interesantes planteamientos de sus sucesoras.

La serie más onírica es la de la estadounidense Kathryn Cook que, a petición de sus hijas, decidió atrapar hadas una noche de luna llena en el río, al comienzo del viaje en la Selva Negra. En contraste, la británica Olivia Arthur atraída por reflejar el amor de hoy y de ayer, además de "instantáneas" ha recopilado imágenes de variados objetos vinculados a recuerdos de historias amorosas, prolongando su carga narrativa.

También son llamativas las marcadas perspectivas de género. La australiana Claire Martin se ha centrado en retratar la masculinidad de niños, jóvenes y adultos. Mientras a la española Lurdes R. Bassolí le ha interesado más captar mujeres, azuzada por la propia experiencia: "Durante el road trip creció en mí una consciencia de mujer que permanecía escondida en algún rincón de mí y que sigo explorando tiempo después". En cambio, la estadounidense Amy Vitale se ha fijado en la relación entre los humanos y los animales en las orillas del río.

Completando el recorrido, la también estadounidense Emily Schiffer y la mexicana Claudia Guadarrama narran, con diversa mirada lírica y crítica, la vida cotidiana en las riberas. Encuentros que, en el caso de la estadounidense de origen rumano Jessica Dimmock fue doblemente emotivo pues, gracias a este viaje, conoció la tierra de sus ancestros.

@_rociodelavilla