Image: Corazón de tiza

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Exposiciones

Corazón de tiza

Maider López. 1645 tizas

Bea Espejo
Publicada
Actualizada

Las Tizas de Maider López

Matadero. Paseo de la Chopera, 8. Madrid. Hasta el 13 de mayo

Abrumadora. Poco más se puede decir de la instalación que Maider López (San Sebastián, 1975) presenta estos días en la Nave 16 de Matadero, salvo eso, que apabulla. Seguramente sea uno de sus mejores trabajos, y por varios motivos. Primero, porque sintetiza todos esos elementos con los que siempre ha trabajado como artista -el espacio y la pintura, lo gestual y lo cromático-, y lo hace dando un paso más allá. Si en otras intervenciones anteriores Maider López se volcaba en las mediciones espaciales mediante ritmos de colores y formas, aquí interviene el espacio de Matadero manualmente en un sólo tono, el blanco. Lo hace mediante 1645 Tizas, así titula el proyecto que firma junto a la comisaria Tania Pardo, con las que colorea (o decolorea) obsesivamente el perímetro de la sala, midiendo el lugar.

No es la primera vez que la artista trabaja con la poética que esconden los números. Ahí están trabajos como 366 Sillas de camping que distribuyó en las plazas de la Villa y las Descalzas de Madrid en 2007, dando un nuevo uso al espacio público. O 25 People on 25 Hills, 25 People on 1 Hill (2015), donde 25 personas se colocan individualmente sobre 25 colinas para que, posteriormente, este mismo grupo se reorganice en una única loma, dando una nueva escala al paisaje. También lo hace aquí, al transformar un espacio tan grande (571m2) como éste a través de un gesto tan diminuto. Segundo acierto. Unas marcas de tiza que parecen hablar de otro paisaje mucho más metafórico, del tiempo y sus imperfecciones, 340 horas en total con 11 personas trazando líneas de tiza rozando el castigo. ¿Dónde está el límite?

Maider no esconde la duda, porque lo que hace en su trabajo es caminar constante por ellos, límites de las superficies y las disciplinas, que cambia y transforma al tiempo que se promueve una nueva realidad. Ahí, en esa especie de trampa visual, la artista sigue obligando al espectador a buscar una respuesta, nuevos modos de ver y de relacionarse con esa realidad cotidiana que, de pronto, se ha trastocado por complejo. Rompe con los hábitos que tenemos y nos obliga a improvisar. Una vez más, gracias.

@bea_espejo