Image: Guerra y modernidad en Barcelona

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Exposiciones

Guerra y modernidad en Barcelona

Barcelona, zona neutral (1914-1918)

31 octubre, 2014 01:00

Joaquín Torres-García: El entoldado, 1917

Fundación Joan Miró. Parque de Montjuïc. Barcelona. Patrocina: Fundación BBVA. Hasta el 15 de febrero.

España no participó militarmente en la I Guerra Mundial y, sin embargo, el conflicto tuvo importantes consecuencias en las profundas transformaciones de la sociedad y la cultura españolas que tuvieron lugar en esta época. La neutralidad activó la economía y aceleró de una manera brutal ( con graves desajustes) una incipiente industria que trabajó a destajo para las trincheras europeas. Los cuatro años de contienda fueron muy dinámicos en aquellas zonas que, como Cataluña, concentraban la producción industrial.

Se ha dicho, con razón, que la I Guerra Mundial significó la industrialización de la guerra: en ella ya no se enfrentaban individuos, como en las contiendas tradicionales, sino que se aniquilaban masas. Esta máquina de matar bélica incentiva y consolida a su vez un proceso de industrialización ya en curso que genera, en consecuencia, una nueva producción cultural, fruto de la mecanización y los medios técnicos, que es la cultura de masas. La exposición Barcelona, zona neutral (1914-1918) explora este contexto, que es el del nacimiento en España (y específicamente en Barcelona) de la modernidad. En este sentido, los comisarios de la muestra, Fèlix Fanés y Joan M. Minguet, recordaban que, en rigor, el siglo XX no empieza en 1900, sino con la I Guerra Mundial, ya que esta significó la definitiva ruptura con el XIX, la disolución de una manera de concebir el mundo que se liquida simbólicamente con la irrupción de la cultura de masas.

La exposición se articula como un mosaico temáticos, cuyas diferentes piezas se van interrelacionando en un diálogo coral. Algunos de los episodios tratados se relacionan directamente con los avatares de la Gran Guerra. Se alude, por ejemplo, al conflicto entre los sectores germanófilo y aliadófilo en el seno de la sociedad catalana; se hace referencia a la Exposición de Arte Francés (1917), una muestra de los salones parisinos trasladados a Barcelona a causa de la paralización de la actividad artística en París; se apunta la presencia en Barcelona de artistas extranjeros que huían de la confrontación... Otros capítulos se vinculan a un proceso más interno aunque tampoco se pueda desligar de la Gran Guerra: se mencionan los proyectos de modernización de las primeras formas de autogobierno de Cataluña, que impulsan, entre otras, la red de comunicaciones (se presenta un coche Hispano Suiza y un par de teléfonos de la época); se señala la extrema conflictividad social generada por el rápido proceso de industrialización y el nacimiento del movimiento obrero...

Pero el aglutinador de todos estos apartados, y que constituye una suerte de bajo continuo en todo este proceso, es la irrupción y progresiva consolidación de la cultura de masas: el cartelismo, la prensa gráfica, el cine, la fotografía, la publicidad, las nuevas formas de ocio, los cambios en los hábitos de consumo... Aspectos que modifican el comportamiento del ciudadano y, por utilizar la feliz expresión de Román Gubern, la iconosfera de la urbe. No es que desaparezcan las expresiones tradicionales, como puede ser la pintura, sino que a partir del contacto con la cultura de masas, la imagen dejará de ser como era. La cultura tradicional convive, entra en conflicto unas veces, dialoga otras, con la cultura industrial.

Los comisarios hablan de una nueva visualidad, producto de la hibridación de medios y formas. Entre otros, se muestran cuadros de Miró, Sunyer, Torres-García o Barradas, apuntes de guerra de Clarà, fotografías de fábricas de Brangulí, figurines para los ballets rusos de Picasso, caricaturas de Opisso, carteles bélicos de Bernhard y de Steinlein, la producción de Picabia, Delaunay o Gleizes en Barcelona... Y la exposición se cierra con un guiño al arte de masas por antonomasia del siglo XX, el cine, con las imágenes de la película Armas al hombro de Charles Chaplin, realizada en plena guerra. Se trata de un nuevo panorama, tremendamente complejo, del cual somos herederos.

Observar los procesos culturales más allá de los esquemas al uso, introducir un nuevo punto de vista a partir del cual analizar los fenómenos es una de las aportaciones de esta exposición. Aunque la relación entre el arte y la guerra pudiera parecer a priori anecdótica, la exposición, gracias a su planteamiento poliédrico, nos hace tomar conciencia de la pérfida implicación entre ambos fenómenos en el origen de nuestra modernidad.