Image: Angela Bulloch, simple y evidente

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Exposiciones

Angela Bulloch, simple y evidente

Angela Bulloch: Pentagon Principle

Mariano Navarro
Publicada

Vista de la sala

Galería Helga de Alvear. Dr. Fourquet, 12. Madrid. Hasta el 15 de marzo. De 18.150 a 48.400 euros.

He de confesar que aunque Helga de Alvear anuncia como quinta individual en la galería ésta de la canadiense Angela Bulloch (Ontario, 1966) yo retengo en mi memoria únicamente otras dos, eso sí igualmente eficaces y quizás un punto menos consistentes en su relación con el espacio expositivo. Porque lo primero que asalta el entendimiento, al entrar en la sala principal de la muestra, es un aire de armonía, un delicado juego de relaciones entre la aparente igualdad dispar de las piezas que la constituyen, en cuyo reglamento tiene, a mi ver, un papel esencial la gama de colores elegidos y sus variantes ante los cambios de luz.

La artista, formada en Gran Bretaña, seleccionada para el Turner Price a los treinta años y actualmente residente en Berlín, ha consolidado su carrera internacional merced a su capacidad para hacer que las tecnologías reclamen al espectador el avivamiento de recuerdos imprecisos y, ante todo, pongan en cuestión la certeza final de sus percepciones. Todo ello mediante la construcción de mecanismos simples en ocasiones y otras más complejos, que requieren siempre dispositivos digitales a la vez que generan sistemas de serialización y secuenciación de los objetos y abonan su ocupación y el diálogo con el espacio.

Si sus primeras instalaciones lumínicas y sonoras, a principios de los noventa, exigían la colaboración del espectador para su activación y puesta en marcha, en ésta última propuesta todo está a la vista, estático o móvil, y es solo mediante el tránsito o paseo entre las piezas, acercándose y alejándose de ellas, cuándo las maniobras perceptivas puestas en marcha por la artista se activan en la mirada y la mente del visitante.

Paralelamente, si sus obras primeras, incluidas las realizadas hasta la muestra de 2005, implicaban en sus contenidos argumentos por así decirlo invisibles y latentes -ya fuese la secuencia principal de Blow up o el insonoro sonido del decimotercer tono "desaparecido" en la escala musical-, ahora, en Pentagon Principle, nada se esconde. La simplicidad de la figura geométrica y la multiplicidad de sus posibilidades combinatorias, ya sea sobre el plano, o en el espacio, constituyéndose en volumen, es todo lo que hay.

Y lo que hay es, por una parte, un conjunto de esculturas conformadas por el apilamiento de cinco dodecaedros -poliedros regulares compuestos por doce caras pentagonales- de colores metálicos y en una gama que varía según las caras del mismo, y, por otro, dodecaedros individuales, aunque dispuestos y unidos por pares a través de conexiones o cables de energía, que se apoyan sobre unos cubos de luz, semejantes a los que constituyeron su primera exposición en esta misma sala (The missing 13th, en 2005) y que, como aquellos, mediante un sistema de luz y un programa de ordenador cambian el color que proyectan, y con él el cromatismo de los poliedros y del lugar donde se emplazan. Junto a estas obras en volumen, que se complementan con una especie de bastidores hechos con rectángulos negros de madera pintada, vemos un importante conjunto de piezas parietales, que desarrollan posibilidades secuenciales de la figura original del pentágono hasta conseguir tramas y modulaciones que indefectiblemente acaban distorsionando la regularidad de la forma geométrica pura.

Ciertamente la exposición no necesita de más argumentos para su disfrute, pero aún y así, no cabe descartar que en las meditaciones de la artista hayan estado presentes tanto las relaciones que los matemáticos griegos establecieron entre la geometría y la magia y que confería al dodecaedro la condición de sólido platónico que representaba la divinidad, como quizás, y me parece más lógico, que haya tenido en cuenta que la matemática moderna considera, -aunque no ha podido ser probado irrefutablemente- que el universo tiene la forma del llamado espacio dodecaédrico de Poincaré.