Image: Catarina Botelho, bendita sencillez

Image: Catarina Botelho, bendita sencillez

Exposiciones

Catarina Botelho, bendita sencillez

Tiempo y modo

Bea Espejo
Publicada
Actualizada

Tiempo y modo, 2012

Galería Elba Benítez en Kvadrat. Valenzuela, 8. Madrid. Hasta el 31 de julio. De 500 a 2.000 euros.

La artista portuguesa Catarina Botelho es la segunda en ocupar el espacio compartido que tienen la galería Elba Benítez en la sede de la empresa textil Kvadrat. Su sencillez seduce y conquista.

Últimamente no para de hablarse en el contexto artístico de la necesidad de un cambio de paradigma, de que hay que inventar nuevos modelos de trabajo en arte y nuevas iniciativas de colaboración: multiplicar opciones, redefinir roles, gestionar otros recursos... Moverse en otro terreno, al margen de la crisis. La cosa urge, cada vez más. La alianza que la galería Elba Benítez creó el pasado febrero con la firma de textiles Kvadrat es una de las que más sorpresas está dando. La apuesta por nombres emergentes en este espacio paralelo a la clásica galería es una oportunidad tanto para los artistas como para la galerista. Ambos ganan -el primero, una exposición de la mano de una galería de referencia; la segunda, nuevos aires-, y ambos suman. De eso se trata.

Tras el paso de la cubana Yaima Carrazana, la segunda en ocupar las salas cedidas por Kvadrat es la portuguesa Catarina Botelho (1981) a quien ya vimos en la colectiva En algún lugar alguien está viajando furiosamente hacia ti, en 2005, uno de los premios Inéditos para comisarios, en este caso a los29enchufes, que acogió La Casa Encendida. Igual de intimistas que aquéllas son las imágenes que encontramos aquí. La artista se graduó en pintura y se nota en cada captura. Sus fotografías son bodegones, uniformes en cuanto composición y donde textura y color enfatizan las diferencias entre entorno y objetos. Es lo que define la serie Tiempo y modo, que da título a la muestra. El escenario del hammam, la sauna tradicional, habla de una presencia física que no vemos pero intuimos, de una atmósfera etérea que empaña y borra la distinción de tiempo y espacio. El ambiente resulta ser una nebulosa real y ficticia al mismo tiempo, como los recuerdos.

Con la serie Lisbon Project, de 2012, también nos lleva a espacios vacíos donde algo está latente. Son rincones abandonados de su Lisboa natal, llenos de incidentes, de economía poética. De esa belleza accidental que tienen las cosas que acumulan kilos de tiempo e historias. Las de Botelho hablan de exceso pero desde su lado opuesto, desde una sencillez que roza el silencio. De espacios propios pese a sere ajenos, de una felicidad improductiva que crece a otro ritmo, como las plantas; que tiene su propio curso.