Image: Luc Tuymans. Cuando nada es lo que parece

Image: Luc Tuymans. Cuando nada es lo que parece

Exposiciones

Luc Tuymans. Cuando nada es lo que parece

Retratos y vegetación

1 julio, 2011 02:00

Der Diagnostische Blink IV, 1992

CAC Málaga. Alemania, s/n. Málaga. Hasta el 4 de septiembre.

El pasado mes de febrero, con ocasión de una retrospectiva de su obra en Bruselas, Tuymans levantó cierta polémica al criticar a artistas abstractos españoles como Antoni Tàpies por "destruir" la tradición pictórica de España. Aún así, su pintura elude el realismo y la realidad. El CAC presenta su primera exposición individual en nuestro país.

La primera (y esperada) exposición individual de Luc Tuymans (Amberes, 1958) en España es una sucinta selección de 16 cuadros de pequeño y mediano formato que ocupan todo el espacio central del CAC Málaga. Acostumbrado a los cielos grisáceos de su país de origen y admirado ante la intensa claridad de Andalucía, para intentar aprovechar esta particularidad meridional, el artista ha destapado algunos ventanales del techo procurando dejar entrar en la sala luz natural, una intervención leve pero acertadísima con la que consigue crear una atmósfera envolvente que potencia su particular estilo desvaído. Las piezas elegidas abarcan un arco temporal que prácticamente ocupa dos décadas, desde 1990 hasta hoy, una especie de pequeña antología que sin pretender hacer un repaso exhaustivo de su trayectoria ni buscar una tesis que justifique un argumento general, sí nos acerca a su complejo mundo de insinuaciones e imágenes entornadas. Considerado hoy una de las figuras fundamentales del panorama internacional y uno de los pintores más requeridos del mundo, precisamente la luz es lo que más le seduce de la tradición española, una referencia esencial para su trabajo que le lleva a admirar a Velázquez y reprobar a Tàpies o Barceló.

El título de la muestra no puede ser más exacto. Tal como indica su nombre Retratos y Vegetación alterna representaciones de plantas y primeros planos de personas, una precisión aséptica y desapasionada que no lleva a ningún sitio y lo único que busca es no poner en sobreaviso al visitante ni condicionar su percepción. Las telas presentadas son independientes unas de otras, a excepción de tres que pertenecen a una misma serie de 1992, Der Diagnostiche Blick, efigies obtenidas de un manual de medicina que recogía expresiones de enfermos graves. Curiosamente, y aun mostrando una inquietante carga psicológica, son las que están elaboradas de un modo más naturalista. Muchos de estos instantes reinterpretados son de un profundo carácter dramático como ocurre con Evidence (2005), donde a través de la pantalla del televisor vemos a la víctima de un asesino en serie ruso a quien nunca se pudo identificar. El artista belga no quiere desvelar ese sustrato turbador que entendemos cuando conocemos los hechos, su intención es dejar que ese desasosiego se transmita sólo a través del modo de pintar. En esa anulación de lo relevante encontramos la clave del trabajo de Tuymans, que se afana por borrar todas las pistas significativas de la historia para que lo único que prevalezca sea la tensión intrínseca del hecho y cierta angustia inexplicable, un elemento turbador que lograr comunicar gracias a la exquisitez de su pincelada trémula y vibrante, que nos seduce por sus calidades y nos introduce en el tema aunque intuyamos que éste pueda ser desagradable.

En la exposición no se sabe bien qué ocurre ni dónde podemos encontrar las pistas. Lo único que vincula los cuadros es su esencia pictórica y una elaboración similar que parte del vaciado y posterior re-contextualización de escenas aisladas rescatadas de los medios de comunicación. A lo largo del proceso va progresivamente sintetizando y desprendiéndose de lo anecdótico, que irá desapareciendo poco a poco al superponer niveles de distancia entre el resultado final y el motivo inicial, entre el significado de partida y la representación resultante. Es evidente que estos óleos de Tuymans poseen una innegable impronta cinematográfica (no en vano se dedicó durante los años 80 a este medio antes de volcarse con la pintura), circunstancia que nos hace percibir sus obras en muchas ocasiones como fotogramas extraídos de una narración desconocida. En ellas nada es lo que parece y predomina una ambigüedad desconcertante. Incluso varios rostros que creemos que son hombres resultan ser mujeres (caso de Portrait, 2000). Su objetivo principal es crear una imagen en suspense que sea ininteligible y desestabilice al espectador. Una apariencia inquietante capaz de hacernos reflexionar sobre lo que estamos contemplando.