Image: Novedad y riesgo en la Bienal de Pontevedra
Miguel Ángel Rebollo: New York’s self portrait, 2001. Tríptico
Resulta gratificante confirmar el crecimiento y consolidación de un evento como la Bienal de Pontevedra, sobre todo tras propuestas un tanto decepcionantes como la última Manifesta celebrada en Frankfurt y la continua repetición de nombres conocidos que pueblan las ferias o bienales; sin ir más lejos, en la todavía vigente Documenta resulta muy difícil descubrir algún artista emergente. Y esto quizás sea el gran logro de esta XXVII Bienal de Pontevedra, que ya en su pasada edición destapó algunos nombres ajenos a los circuitos habituales.En esta ocasión la exploración artística se lleva más allá, y bajo el título Narrando Espacios, Tiempos, Historias..., los protagonistas son una treintena de jóvenes artistas de cinco países nórdicos -Dinamarca, Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia- y de la Península Ibérica. Su elección es producto de un acertado trabajo de campo de la comisaria María de Corral que ha sabido evitar la repetición a partir de trabajos consistentes y de alta calidad, con artistas prácticamente desconocidos lejos de sus países de origen si exceptuamos a Miriam Bäckstrüm, Michael Elmgreen & Ingar Dragset, Olafur Eliasson o Joâo Tabarra. Continúa, por tanto, ese afán de internacionalización que persigue la Bienal que dirige José Carlos Valle Pérez, y que desde su creación en 1969, ha sabido renovarse y trans- formarse de un primer carácter local, a uno nacional y hoy, internacional.La ambigöedad del título de esta edición refleja la disparidad de actitudes y temas, de trabajos y soportes, manejados por una generación que ya no abusa del paisaje solitario, sublime, que asociamos con el arte nórdico tradicional. Advertimos un acercamiento a lo social, a una cotidianidad más psicológica, de individuos, de experiencias, ya sean públicas, privadas, reales o ficticias.
De los trabajos desplegados entre el moderno Pazo de Cultura y la antigua Facultad de Ciencias Sociales, destacaría las tres series de fotografías de paisajes irlandeses de Olafur Eliasson, auténtica lección de cómo dominar la luz y lo efímero en el espacio natural; la realidad de velada de Pertti Kekarainen; el ejercicio de desplazmien- to vertical y horizontal que, a partir de la grabación de unas maquetas, construye Jonas Dahl- berg; la reconstrucción de lo natural de Ilkka Halso; o la in- quietante presencia de Aino Kannisto en sus fotografías. Todo esto se completa con la representación portuguesa de Nuno Cera, Filipa César, Miguel Leal y el citado Tabarra y una española compuesta por Vicente Blanco, Salvador Cidrás, El Perro, Juan de Jarillo, Ester Partegás, Miguel ángel Rebollo, Juan Carlos Robles y Manuel Vázquez.
Como complemento a la Bienal se presenta en el CGAC de Santiago, comisariada por Lorena M. de Corral, una selección de artistas nórdicos de una generación anterior; artistas conocidos por un público especializado visitante de bienales o ferias como Art Basel, pero que sin embargo, permanecen casi inéditos en nuestro país. Eija-Liisa Ahtila, que presenta la instalación The Present, basada en cinco historias de mujeres narradas a partir de entrevistas y que rematan con el texto: "Hazte un regalo, perdónate". Joachim Koester con ocho fotografías que retratan una comuna hippie en las afueras de Copenhague a través de un metafórico filtro azul. Maria Wirkkala con la pieza Dream Screen/ Prime Time, que vimos en la última Bienal de Venecia. Ann-Sofi Sidén en su reiterada denuncia acerca de la violación de la privacidad, con una pieza presentada en la última feria de Basilea y que guarda excesivas semejanzas con la que en 1999 defendía en la cita veneciana. Roi Vaara que se declara a sí mismo arte y realizó una performance en la inauguración. La excelente aportación de Esko Männikkü con su realidad atemporal. Matts Leiderstam y sus apropiaciones y desplazamientos. Y Maria Hedlund y su transformación de objetos comunes, en este caso camisas estampadas.