Mika Rottenberg: 'Finger', 2019.
Los artistas "sacan las uñas" en una exposición sobre la cultura de la manicura y sus implicaciones
La galería madrileña The Ryder presenta obras de Ana Laura Aláez o Pilar Albarracín.
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Garras, garfios, pezuñas, zarpas, postizas, de gel, acrílicas. Hacerse la manicura no solo es un síntoma social de cuidado y belleza sino una reivindicación de clase, una construcción identitaria, un modo de estar en el mundo.
Unas uñas largas te impedirán desarrollar algunas acciones pero unas excesivamente cortas comunican dejadez o safismo. Si un hombre se las pinta transmite sintonía queer o un intento de deconstruir su masculinidad.
Hablan de ti. También de tu necesidad de ser cuidado. Una vez una amiga me confesó que iba a los centros de estética solo para sentirse querida, por el masajito y la conversación.
Pilar Albarracín: 'Olla express / pressure cooker', 2001.
Un aspecto, en apariencia tan superficial, esconde importantes índices económicos, sociales, estéticos y psicológicos, y esto es algo que Carmen Lael y Roberto Majano han sabido plasmar en The Ryder, una galería que integra con acierto la contemporaneidad en sus discursos.
Uñas presenta piezas de Ana Laura Aláez, Laure Prouvost, Lisa Jäger, María Alcaide, Mika Rottenberg, Pilar Albarracín, Rasmus Nilausen y Vinh Mai Nguyen.
Nada más entrar nos encontramos con una obra surrealista. Un dedo con una extraordinaria uña pintada asoma de un agujero de la pared girando sobre sí misma. Es Finger (2019) de Mika Rottenberg.
Su superficie se presenta como un dispositivo pictórico. Le acompaña Laure Prouvost con un vídeo, Taking care (Love letter to Fellow Artwork), 2019, donde le habla a una obra recién creada diciéndole que cuidará amorosamente de ella mientras mueve sus manos.
Laure Prouvost: 'Taking care (Love Letter to Fellow Artwork), 2019.
Bajamos al sótano donde Pilar Albarracín y Ana Laura Aláez despliegan el poder patrio con dos estupendas piezas.
Albarracín introduce en una olla a presión una mano que parece querer salir de la cotidianidad más descarnada y de la que emergen unos gemidos como de “una mujer cansada de fingir orgasmos”, como nos relata uno de los comisarios (Olla express/Pressure Cooker, 2001).
Rasmus Nilausen: 'Still life with nails and fringe', 2026.
Aláez, en cambio, desarrolla sus dotes para la escultura con una pieza colgante de uñas acrílicas titulada Acaricia y golpea de 2023 que transforma signos asociados a la feminidad en dispositivos de resistencia.
Muy interesantes también las otras piezas de María Alcaide que trabaja sobre la idea de salón y presenta unas plantas anthurium tatuadas.
Lisa Jäger recrea en INSTARJAEGER_Nail Salon (2016-2026) una mesa de manicura, aunque las uñas postizas están realizadas en materiales como pelusas del suelo de su casa.
En ocasiones, la artista monta su peculiar salón en eventos multitudinarios para que personas neurodivergentes puedan hacerse las uñas en un lugar seguro.