Fotografía de Matías Costa perteneciente a la exposición de 'Lo que nace' en Fujikina 2026.

Fotografía de Matías Costa perteneciente a la exposición de 'Lo que nace' en Fujikina 2026. Matías Costa

Arte

Matías Costa o la memoria del instante de ‘Lo que nace’, donde los recuerdos vuelven sin pedir permiso

El fotógrafo y comisario repasa, durante la presentación de Fujikina Madrid 2026, su evolución desde el documental hacia una mirada más introspectiva, donde imagen, escritura y memoria se entrelazan.

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Hay fotógrafos que buscan imágenes. Otros, como Matías Costa (Buenos Aires, 1973), parecen más bien perseguidos por ellas.

En el COAM, dentro del ecosistema de Fujikina Madrid 2026, Matías habla como trabaja, sin prisa, enlazando ideas, volviendo sobre ellas, dejándolas sedimentar. No responde, construye un discurso muy propio. Y en ese proceso aparece algo más interesante que una explicación, una forma de pensar la fotografía, de vivirla.

Cumple 53 años en unos días. Pero la edad, en su caso, no funciona como cierre, sino como continuidad.

Yo sigo en plena transformación. Recibí el premio Descubrimientos en el 98, con 25 años… pero es que sigo descubriendo cosas todo el tiempo. Cosas de mí, de mi trabajo, de lo que me interesa, de cómo vincular todas esas cosas que me interesan. Y es sorprendente, porque a veces algo que hoy me parece un descubrimiento, miro atrás y veo que ya lo había apuntado hace veinte años en uno de mis cuadernos. Como si las inquietudes fueran siempre las mismas y lo único que cambia fuera la forma en que las expresamos”.

No hay ruptura. Hay insistencia y una especie de hilo invisible que conecta lo que fue con lo que sigue siendo.

“Al final nuestros miedos, nuestros deseos, nuestras obsesiones… son prácticamente los mismos desde la infancia. Lo que cambia es cómo los contamos, cómo los experimentamos, cómo los ponemos en palabras o en imágenes”.

Ese cambio de forma, que no de fondo, se entiende mejor cuando habla de sus inicios. De ese momento en el que la fotografía deja de ser suficiente.

Matias Costa posa para El Español en el COAM.

Matias Costa posa para El Español en el COAM. Javier Carbajal

¿En qué momento sentiste que ya no bastaba con contar lo que veías?

[Costa no lo sitúa como una ruptura, sino como una necesidad que estaba ahí desde el principio.]

“Yo soy periodista de formación, aunque ya trabajaba como fotógrafo antes de estudiar. Y nunca me ha dejado de interesar la fotografía documental, mirar hacia fuera para contar historias de otros. Pero desde el comienzo sentí que el lenguaje fotoperiodístico se me quedaba corto. No me bastaba con contar lo que veía. Quería reflexionar sobre lo que estaba fotografiando, sobre mis propias inquietudes, sobre las implicaciones de esas historias. Necesitaba un medio que recogiera todo eso”.

Y ese medio no era solo la imagen.

“Ahí es donde empiezo a fotografiar de una manera más introspectiva, a escribir, a incorporar archivo… a construir un cuerpo de trabajo que no fuera solo fotografía, sino algo más amplio”.

Ese “algo más” es, en realidad, el centro de todo.

¿Entonces tu trabajo se parece más a construir imágenes o a construir pensamiento?

“Tiene que ver con reconstruir memoria, emociones, pensamientos, sentimientos… Y digo reconstruir porque cuando fotografiamos o escribimos, lo que estamos haciendo es intentar recuperar algo que ya hemos vivido o sentido. Intentamos darle forma. No es algo que ocurre en el momento, es algo que vuelve”.

La fotografía, entonces, deja de ser testimonio. Se convierte en reconstrucción.

“Es un medio muy engañoso. Parece que ahí está todo, que lo ves todo… pero no es verdad. La fotografía sugiere, evoca, esconde mucho más de lo que muestra. Y ahí es donde se pueden contar cosas que no están necesariamente en la imagen”.

En su exposición, los cuadernos abiertos son hojas desgarradas. Casi expuestos con la valentía de quien se abre en canal y lo muestra. No son un complemento. Son el origen.

“Para mí son importantísimos. Trabajo en ellos casi desde que empecé a fotografiar. Siempre han sido como un laboratorio clandestino… donde escribo reflexiones, a veces muy íntimas, pero también sobre lo colectivo, sobre la fotografía, sobre otras personas, sobre lo que me voy encontrando en la vida”.

Cuaderno de Matías Costa con reflexiones personales pertenecientes a la exposición de 'Lo que nace' en Fujikina 2026.

Cuaderno de Matías Costa con reflexiones personales pertenecientes a la exposición de 'Lo que nace' en Fujikina 2026. Matías Costa

Lo interesante es cómo describe su forma, ideas que nos acompañan a todos.

“Son anotaciones breves, muy parecidas a las fotos que hago. Son constataciones. Pequeñas piezas que luego se van conectando”.

Ahí aparece una de las claves más claras de su trabajo, no construye desde lo lineal, sino desde lo fragmentario.

“A mí me interesa mucho poner en relación hechos separados en el tiempo, escenas de lugares distintos… para construir una misma historia. Eso lo puedo hacer con imágenes y con palabras. Al final es lo mismo”.

No hay diferencia esencial entre escribir y fotografiar. Para ti es lo mismo, son fotografías en palabras.

“Con las palabras generas imágenes en la cabeza de quien las lee. Y con las imágenes generas pensamiento, que muchas veces viene en forma de palabras. Es un diálogo constante”.

El título de la exposición ‘Lo que nace’ podría parecer una referencia al inicio. Pero Matías lo desplaza.

“Lo tomo de Hugo Mujica. Él dice que todo nace de un instante, pero no de uno solo, sino continuamente. Y eso es lo que me interesa, entender que el descubrimiento no es un momento puntual. Es algo que se repite, que se transforma, que vuelve”.

En su caso, ese volver implica crisis y desafíos. Miradas a la introspección.

“He entrado en crisis muchas veces, he dejado de creer en lo que hacía… y luego he vuelto a entusiasmarme. Eso también es lo que nace, ese proceso constante de caída y reconstrucción”.

Y ahí aparece una ruptura silenciosa con la tradición del instante.

“Yo vengo de los clásicos, de Cartier-Bresson, de esa idea del instante decisivo… pero a mí cada vez me interesan más los instantes no decisivos. Esos momentos cotidianos, aparentemente sin importancia, que en realidad son los que construyen la vida. Ahí está lo decisivo”.

No en el acontecimiento. En lo que pasa sin ser visto, en lo olvidado, en lo sutil de lo cotidiano.

El contexto de Fujikina introduce otra capa, más amplia, casi inevitable, la transformación del medio.

“Ha cambiado todo. Cuando yo empecé, éramos muy pocos los que llevábamos una cámara encima. Ahora todo el mundo la lleva. Pero no solo ha cambiado la producción, también la distribución. Antes necesitabas medios para que tus fotos se vieran. Hoy cualquiera puede llegar a millones de personas desde una red social”.

Matias Costa dentro de 'Lo que nace', su exposición en Fujikina 2026.

Matias Costa dentro de 'Lo que nace', su exposición en Fujikina 2026. Javier Carbajal

Ese cambio ha desdoblado la fotografía, pertenecemos a la generación que ha cambiado la forma de mirar.

“Hoy hay dos cosas distintas. Una es la fotografía como forma de comunicación inmediata, efímera… y otra es la fotografía como lenguaje, como intención de contar algo más profundo”.

La diferencia no es técnica. Es ética entonces. ¿Cómo se trabaja esa intención?

“Dándote cuenta de que con imágenes puedes contar algo, y desarrollando eso. Construyendo un lenguaje, trabajando unas temáticas, generando un discurso. No es inmediato. Es un proceso”.

En este contexto, su papel en la exposición introduce un matiz incómodo, no solo expone, también comisaría. Se mira. Se ordena. Se pone en relación.

“Al principio me parecía un poco arrogante… pero luego entendí que tenía sentido. Yo ya trabajo desde la autoficción, mezclando lo mío con lo de fuera. Esto es una extensión de eso”.

La exposición se divide en dos planos, su obra, por un lado, fotografías, archivos, cuadernos; y, por otro, una selección de autores contemporáneos.

“Lo que me interesa es poner en diálogo todo eso para mostrar el cambio que ha experimentado la fotografía en este primer cuarto de siglo. En algunos casos más documental, en otros más conceptual… pero todos estamos en ese movimiento”.

La fotografía, en ese sentido, ya no es solo ventana. También es espejo. Esto me lo enseña Matías durante la charla.

“Mirar hacia dentro no es solo algo introspectivo. Es una forma de hablar de lo colectivo. Porque cuando cuentas algo desde tu experiencia, otros se reconocen en eso”.

La conversación deriva, casi sin querer, hacia la memoria. No como concepto. Como experiencia de lo vivido y de lo que nos define.

“Los recuerdos son caprichosos. No eliges lo que recuerdas. De repente estás en cualquier situación y algo vuelve, sin pedir permiso. Te acuerdas perfectamente de una escena concreta, de un gesto, de una conversación… y sin embargo hay días enteros que se borran. Y no sabes por qué”.

Fotografía perteneciente a la exposición de 'Lo que nace' de Matias Costa en el Fujikina 2026.

Fotografía perteneciente a la exposición de 'Lo que nace' de Matias Costa en el Fujikina 2026. Matias Costa

La memoria no es fiable. Pero es lo único que tenemos. ¿No?

“A veces los recuerdos son solo sensaciones. Y aun así, son los que construyen lo que creemos que hemos vivido”.

Al final, todo vuelve a ese mismo punto, la transformación. No como cambio radical, sino como relectura constante de lo mismo. De lo que somos para con el mundo.

Matías Costa mira alrededor. La sala, las imágenes, los cuadernos abiertos. Y en ese gesto hay algo que resume toda la conversación, la sensación de estar siempre en medio de algo. De tu propia historia. Lo importante es cómo la vives, como la miras.

En la fotografía la mirada lo es todo. Puedes mirar hacia fuera y hacia dentro, puedes mirar en el ángulo que quieras pero una parte de ti siempre va impregnada en ella. Un sumo de instantes decisivos o no, que nos construyen y hacen que esa fotografía sea única.

Y estar siempre en medio de ese algo nos recuerda que no estamos nunca al principio, ni nunca al final.

Solo en ese lugar intermedio donde las cosas siguen naciendo.