Ana Laura Aláez: 'Riding on Broomsticks,' 2026. Foto: Roberto Ruiz

Ana Laura Aláez: 'Riding on Broomsticks,' 2026. Foto: Roberto Ruiz

Arte

La sofisticación provocadora de la escultura de Ana Laura Aláez vuelve a Madrid

La nueva sede de la galería madrileña The Ryder acoge una de las exposiciones de la temporada, la de una artista que une el punk con la artesanía en una espacial poética.

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En el templo de Artemisa en Éfeso (una de las maravillas del mundo antiguo) se adoraba una imagen de la diosa llena de protuberancias. El original –de madera– se ha perdido, pero conservamos algunas copias en piedra. Aún hoy, los historiadores discuten si el racimo que le rodea el torso son pechos o testículos de toro, bóvido que solía sacrificarse a la divinidad.

Ana Laura Aláez. Anatomía nevada con saliva

Galería The Ryder. Madrid. Hasta el 18 de abril. De 6.000 a 42.000 €

De emblema de la fertilidad o preocupante bulto sospechoso: la lectura de los símbolos va por épocas, como demuestran algunas de las obras expuestas en Anatomía nevada con saliva, primera muestra de Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964) en la galería The Ryder.

Por ejemplo, en Estigma (2026), una chaqueta de cuero clavada a la pared por el extremo de los brazos y de cuya espalda brota un inquietante rizoma. También, en la pieza que da nombre a la muestra (2026), una escultura tuberosa realizada en escayola cuyas prominencias admiten una interpretación hermafrodita –mamas o escrotos– o teratológica (“la definición literal más antigua del cáncer es la de una excrecencia, bulto o protuberancia”, escribe Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas. “Pero este bulto está vivo, es un feto con su propia voluntad”).

La del cuerpo parasitado (aunque sea por las obras) vertebra buena parte del recorrido de la exposición. Así sucede en Christina (1996), una fotografía protagonizada por una joven que, en una posición imposible, luce un mono rosa que de tan llamativo y amplio casi anula a la modelo.

La pieza dialoga directamente con otra ubicada en la sala inferior de la galería (Identity craft, 2026), en la que un atuendo de apariencia similar –esta vez confeccionado en tul– se exhibe inerte sobre una peana, como una piel mudada aplastada por la gravedad.

Ana Laura Aláez: 'Otra hembra como tú a la intemperie,' 1992. Foto: Roberto Ruiz

Ana Laura Aláez: 'Otra hembra como tú a la intemperie,' 1992. Foto: Roberto Ruiz

Esta oposición entre “lo que cuelga” (o se yergue) y “lo que yace” parecería ser otro de los ejes de la muestra: lo notamos en El andrógino primordial (2026), un bronce ambiguo suspendido grácilmente de un hilo de acero y situado a pocos metros de Cabalgando sobre palos de escoba (2026), una superposición de enaguas (un milhojas femenino) ensartadas en un vástago biselado de acero.

También, en el brazo masculino que sostiene la maqueta de Soy palacio, soy establo (2024), escultura cuya versión definitiva conforman un conjunto de cadenas (fetiche y opresión) y casquetes tejidos con esparto y rematados no se sabe si por ombligos o pezones.

Ana Laura Aláez: 'Christina', 1996. Foto: Roberto Ruiz

Ana Laura Aláez: 'Christina', 1996. Foto: Roberto Ruiz

Esta obra reluce una última tensión dialéctica: la de lo macizo frente a lo translúcido, manifestada muy claramente en esa procesión de lencería con encaje (Entre amables desconocidos, 2025) de la que penden artefactos redondeados de bronce.

También en Sade era una mujer (2008), una obra de clara referencia manrayniana (Cadeau, 1921) formada por un cuenco tachonado con clavos sobre los que se engancha un sujetador con transparencias. En suma, Anatomía nevada con saliva es una exposición estimulantemente ambigua y seductora, en la que se mantienen vivas las aristas formales y semánticas de unas obras bellas y sofisticadas.