Un superviviente de las prisiones del régimen sirio muestra las huellas de la desnutrición y la tortura sufridas durante su encarcelamiento.

Un superviviente de las prisiones del régimen sirio muestra las huellas de la desnutrición y la tortura sufridas durante su encarcelamiento. Samuel Nacar Siria

Arte

Premios Luis Valtueña: sombras con nombre, muertes eternas, mujeres que resisten y catástrofes sin aviso

La 29ª edición del Premio Luis Valtueña reunió en Madrid las historias de Siria, Gaza, Afganistán y Paiporta, cuatro miradas que insisten en el valor ético de la fotografía humanitaria en un mundo saturado de imágenes.

Más información: Las fotografías del Museo del Prado más desconocido salen a la luz por primera vez en una exposición

Publicada

La sala se fue llenando despacio, con ese murmullo previo a los actos que no son celebraciones, sino convocatorias. En las paredes, las imágenes ya estaban hablando antes de que empezaran los discursos. Fotografías que no pedían atención, la exigían. Así comenzó la entrega del 29º Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, organizado por Médicos del Mundo, en la Fundación Ortega-Marañón.

Desde la presentación quedó claro el marco. No se trataba solo de premiar trabajos fotográficos, sino de reafirmar una forma de mirar el mundo. En un año especialmente violento para periodistas y trabajadores humanitarios, con cifras que vuelven obsceno cualquier intento de neutralidad. El acto insistió en una idea básica y cada vez menos obvia, sigue siendo necesario "ir, ver y contar", así comentaba la compañera Beatriz Lecumberri.

El Premio Luis Valtueña nació para honrar a cuatro cooperantes asesinados en los años noventa mientras asistían a población civil en conflictos armados, Mercedes, Manuel, Flors y Luis Valtueña, fotógrafo. Casi treinta años después, ese origen sigue marcando su sentido. No es un escaparate de excelencia visual, sino un espacio donde la fotografía se entiende como herramienta ética, como testimonio y como memoria.

Un superviviente de las prisiones sirias descansa tras su liberación, marcado por años de detención y violencia.

Un superviviente de las prisiones sirias descansa tras su liberación, marcado por años de detención y violencia. Samuel Nacar Siria

Las paredes trazaban este año un mapa reconocible y, a la vez, incómodo. Siria, Gaza, Afganistán y Paiporta. Cuatro escenarios distintos atravesados por una misma pregunta, qué puede y qué debe hacer el fotoperiodismo cuando la violencia se vuelve estructural.

El proyecto ganador, Las sombras ya tienen nombre, de Samuel Nacar, articula ese mapa desde su núcleo más oscuro. Las imágenes recorren el sistema penitenciario sirio tras la caída del régimen de Bashar al-Asad. Sednaya aparece no como icono, sino como sistema. Celdas, hospitales, archivos, cuerpos que sobreviven a la tortura y gestos que permanecen incluso después de la liberación.

No hay exceso visual ni dramatización. Hay huellas. Un hombre que, ya libre, adopta sin darse cuenta la postura en la que dormía en prisión. Un regreso al lugar del cautiverio. Espacios vacíos que siguen cargados de violencia. La serie no busca conmover desde el impacto, sino desde el reconocimiento de lo que ocurrió y de quienes fueron borrados.

Samuel Nacar no pudo estar presente en el acto. Su intervención llegó a través de un vídeo grabado desde Argelia, donde se encontraba trabajando. Agradeció el premio como una forma de seguir denunciando el sistema de represión y tortura utilizado para controlar a la población siria y subrayó la "importancia de que todavía existan espacios que apuesten por un fotoperiodismo clásico de denuncia", en un contexto cada vez más hostil para el oficio.

Familiares lloran a un hombre muerto por hambre en Gaza, donde la escasez de alimentos se ha convertido en una forma cotidiana de violencia.

Familiares lloran a un hombre muerto por hambre en Gaza, donde la escasez de alimentos se ha convertido en una forma cotidiana de violencia. Jehad Alshrafi Gaza

Gaza estuvo presente en Muerte eterna, del joven fotoperiodista palestino Jehad Alshrafi. Aquí el hambre no es contexto, es protagonista. Personas persiguiendo camiones de ayuda, sacos de harina convertidos en botín, cuerpos que chocan cuando la comida cae del cielo. La organización recordó que no hacen falta bombas para documentar la muerte cotidiana en Gaza, basta con seguir el rastro del hambre. Las imágenes no ofrecen cierre. Dejan la historia abierta, como una herida que sigue activa.

En Afganistán, Valentina Sinis propuso otro tempo. Si las mujeres afganas desvelaran sus historias se mueve en espacios íntimos. Aulas, talleres clandestinos, encuentros donde la sororidad funciona como refugio. Bajo un régimen que ha impuesto decenas de normas para borrar a las mujeres del espacio público, sus fotografías hablan de resistencia cotidiana, de gestos mínimos que sostienen identidades amenazadas.

Una joven maquilla a otra mujer en un espacio íntimo, uno de los pocos lugares donde las afganas pueden seguir expresándose con libertad.

Una joven maquilla a otra mujer en un espacio íntimo, uno de los pocos lugares donde las afganas pueden seguir expresándose con libertad. Valentina Sinis Afganistán

El cierre lo puso Santi Palacios con Nadie llegó a tiempo, una serie sobre las inundaciones que devastaron Paiporta en octubre de 2024. Palacios habló desde la incomodidad de lo cercano, de no haber llegado aquella noche. De la frustración posterior y de la necesidad de documentar también lo que ocurre después, pese a la importancia de estar cuando las cosas ocurren. Sus imágenes muestran barro, casas abiertas en canal y objetos expulsados a la calle, pero sobre todo personas. Y lanzó una pregunta incómoda sobre la falta de preparación institucional y el peso de la desinformación incluso en contextos bien documentados. La información lo es todo cuando se encuentra desdibujada por la cantidad de canales y filtros.

Hubo también un recuerdo para María Clauss, primera mujer ganadora del Premio Luis Valtueña, fallecida recientemente en Adamuz. Sus palabras, recuperadas durante el acto, resonaron como una síntesis precisa. "La fotografía como instrumento de transformación social y como llamada a la conciencia colectiva". Toda la comunidad de la fotografía y la familia de Médicos del Mundo le rindieron homenaje.

Al abandonar la sala, quedaba claro que ninguna de esas imágenes buscaba ser consumida rápido. En un mundo saturado de fotografías, este premio insiste en otra cosa, mirar despacio, nombrar a quienes fueron silenciados y asumir que hay historias que no pueden, ni deben, ser silenciadas.

Vecinos caminan frente a decenas de coches destruidos por la riada en Paiporta, tras las inundaciones de octubre de 2024.

Vecinos caminan frente a decenas de coches destruidos por la riada en Paiporta, tras las inundaciones de octubre de 2024. Santi Palacios Paiporta