Interior de la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Empresariales durante el concierto de Raimon en mayo de 1968

En septiembre de 1948 nació Dau al Set, un colectivo artístico que se reunió en torno a la revista del mismo nombre. El grupo, fundado por Joan Brossa, Arnau Puig, Joan Ponç, Antoni Tàpies, Modest Cuixart y Joan-Josep Tharrats, colaboró en la reactivación del Hot Club de Barcelona, una sala que en 1937 los milicianos catalanes clausuraron al considerar que el jazz que allí se escuchaba era "elitista" y venía marcado por el "capitalismo estadounidense". Tampoco a los nacionales les gustaba esa música que creían era "chirriante, primitiva y salvaje" y durante el franquismo se llegó incluso a prohibir su emisión en la radio. Este es el contexto en el que arranca El pintor de canciones, una muestra en el Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa que explora las relaciones entre las artes visuales, la escritura y la música popular en España entre 1948 y 1978.



En un segundo capítulo se encuentra Canciones para después de una guerra, película documental de Basilio Martín Patino que el franquismo celebró en 1971 para censurarla, más tarde, al comprender "su contenido crítico", apunta Javier Panera, comisario de la exposición. La dictadura, continúa, se apropió de "la copla o el flamenco cuando estos no eran géneros políticos". Es precisamente la música la gran protagonista porque "se convierte en la memoria de España". Y todo parte del texto Ruido. La economía política de la música, de Jacques Attali, que "plantea que esta funciona como una bola de cristal que en ocasiones es capaz de predecir acontecimientos y de anticipar comportamientos políticos, sociales y culturales".



Vista de la exposición

"Hemos fijado la mirada en los momentos en los que estas relaciones entre músicos y artistas fueron más intensas", y, para demostrarlo, se suceden las obras de artistas como Equipo Crónica, Juan Genovés, Joan Miró, Antoni Tàpies, Juan Hidalgo, Iván Zulueta, Ouka Leele o Pilar Aymerich. "Hay capítulos- retoma Panera- que demuestran que la música activó políticamente a los jóvenes". Esa es una de las razones por las que esta exposición sitúa en el mismo nivel los diferentes objetos de los que se nutre. De hecho, "una portada de un disco puede tener más alcance y un rango de acción más amplio que una obra de arte, que es más elitista", defiende Panera.



En ese sentido resulta muy significativo el concierto que ofreció Raimon en la Universidad Complutense de Madrid en 1968. Durante las jornadas de protesta el cantautor empezó a entonar 'Diguem no', una de las canciones que tenía censuradas. Sin embargo, Raimon tan solo aportó la música mientras que los estudiantes allí presentes pusieron voz a la melodía, que sirvió como final del concierto y propició que se asaltaran las calles. Días después, algunos fueron detenidos por la policía.



Imagen del Festival de la cochambre de Burgos, 1975

Las colaboraciones entre artistas y músicos no eran escasas. Con la irrupción del pop fueron muchos los pintores e ilustradores que se encargaron de diseñar las carátulas de los discos. En los años 60 y 70 en España este estilo se asimiló a través de portadas y pósteres de películas como Un, dos, tres al escondite inglés o programas musicales como Último Grito. En el terreno musical en 1967 Alberto Schommer diseñó, inspirándose en el estilo de Roy Lichtenstein, la portada para el single 'Viento de otoño' de los Pop Tops y G. Botía reinterpretó en clave warholiana la portada de la edición española 'Satisfaction' de los Rolling Stones. En un símil con Warhol, Peter Blake o Richard Hamilton, artistas españoles de la talla de Equipo Crónica, Juan Genovés o Alberto Corazón diseñaron cómics, revistas y escenografías para el cine y la televisión.



Tampoco fueron ajenos a esto algunos pintores abstractos. Tàpies, por ejemplo, diseñó portadas de cantantes como Imanol, Montserrat Martorell o Raimon; Manolo Millares lo hizo para Manuel Gerena, Diego Clavel o Los sabandeños y Miró trabajó con Salvador Espriu / Raimon, María del Mar Bonet o Carles Santos.



Franco protagonizó la portada de la revista Star

La censura no solo la vivió Raimon sino que, en otro nivel, las carátulas de los álbumes internacionales también la sufrían. Muestra de ello es una pequeña pared donde se colocan las dos versiones; la original y la española. En el caso de la carátula del disco Beggars Banquet de los Rolling Stones la versión patria elimina el inodoro repleto de pintadas para comercializar una portada blanca en la que tan solo aparece el nombre del disco y de la banda, o en el caso de los New York Dolls eliminan a los integrantes de la banda por completo para tan solo dejar el nombre del conjunto.



En otro apartado "el festival de la cochambre" toma su protagonismo. Era 1975 y Burgos fue la ciudad elegida para celebrar el primer festival al aire libre en España. En aquella ocasión fueron 4.000 los hippies los que se trasladaron hasta allí para escuchar rock, heavy metal y bandas como Triana, Burning, Falcon o Iceberg. Según cuentan las crónicas el sonido fue pésimo pero fue el titular del Diario de Burgos lo más sonado: "la invasión de la cochambre", rezaba el artículo. Término que ha pasado a la posteridad de aquel encuentro mítico anterior al conocido festival Canet Rock. Pero era un preludio de que las cosas iban a empezar a mejorar ya que ese año Franco, cuya figura sobrevuela por toda la exposición, murió. Y con una imagen del dictador transformado en una figura pop, que protagonizó la portada de la revista Star, se cierra esta muestra que concluye en 1978, año en el que se elaboró la Constitución y España se modernizó. Luego llegó la Movida Madrileña y esto también nos suena, ¿no?



@scamarzana