Roy Lichtenstein: Oh, Jeff...I Love You, Too...But..., 1964.



La exposición que hoy se inaugura en la Tate Modern de Londres en torno a la figura del pintor neoyorquino Roy Lichtenstein quiere ser a un mismo tiempo un proyecto de investigación de largo alcance sobre la obra del artista y, claro, un gran evento sociocultural que lustre la caja de quien lo organiza. Nada como visitar la página web de la institución londinense para comprobar las nuevas estrategias de marketing de los grandes museos, que se sirven de métodos utilizados por la industria del libro para atraer a su audiencia, con citas de críticos de prestigio animando al personal a visitar la exposición. La muestra quiere trascender la imagen normativa que se tiene de Lichtenstein, esto es, la del pintor estrictamente ligado al Pop, y quiere abrir nuevas vías para comprender y contextualizar su trabajo.





Whaam!, 1963



Nacido en Nueva York en 1923 y fallecido en 1997, Lichtenistein es, efectivamente, uno de los adalides de ese movimiento genuinamente anglosajón que arrasó en la escena artística de ambas orillas del Atlántico desde mediados de los años cincuenta y que en Estados Unidos nació fundamentalmente como reacción a la opaca y elitista práctica abstracto-expresionista. El consumo masificado de lo popular, en oposición al enaltecimiento de la subjetividad de los Rothko o Pollock, fue elevado a la categoría de arte por artistas como Warhol, Lichtenstein, Oldenbourg o Wesselman, que partieron de ciertas nociones neodadaístas introducidas años atrás por Jasper Johns y Robert Rauschenberg.



El Pop no quiere ser el único protagonista en esta exposición londinense que viajará más tarde a Nueva York y Chicago, sino que quiere sobrevolar cuatro décadas de producción que se alojan en parámetros no siempre vinculados, nos dicen, a otras posiciones. Pero es difícil liberarse del estigma de la forma a la hora de aproximarse al trabajo de Lichtenstein. Por mucho que se nos quiera enseñar que no sólo se asomó a la cultura popular sino que también sintió la atracción de los grandes maestros y la de los grandes temas de la pintura universal, no es fácil ir más allá de la superficie.



Pueden verse en la muestra alrededor de 125 cuadros y obras sobre papel de todas las épocas. Están aquí reunidos algunos de los cuadros de juventud del artista, todavía ligados a una estética abstracta de la que pronto se alejaría para eliminar la gravedad y la mística que ya no corrían paralelos a su tiempo. Pronto avanzamos hacia los cuadros más característicos, con sus ya legendarios patrones de puntos y con sus revisiones de la estética del comic. En adelante, todo se verá sumido en una misma atmósfera, algo anodina, decididamente plana. Aquí están sus grandes clásicos, su Whaam!!, pintado ya en los sesenta, cuando el Pop arrasaba con todo como un tsumani. También su Mickey Mouse, su Donald Duck... Ya hacia el final de su vida, pasado el fragor de lo popular, su estilo se suaviza sin abandonar nunca los principales atributos de su paleta. Lo vemos en un Paisaje con niebla, pintado en sus últimos meses de vida, silencioso y melancólico.