La música de Radiohead suena bajito en su despacho de la cuarta planta del Palacio de Villahermosa, a modo de banda sonora de esta entrevista. Guillermo Solana (Madrid, 1960) lleva 12 años en la dirección artística del Museo Thyssen, casi los mismos que Tomàs Llorens cuando en 2005 dejó el cargo (hoy es director honorario) designándole como sucesor de una institución creada para salvaguardar un legado, la Colección Thyssen-Bornemisza, y, por tanto, con unos particulares estatutos, en algunos casos muy rígidos, que han dejado poco margen de maniobra en muchos aspectos.

Pregunta.- Acaban de añadirle la etiqueta de Nacional a un museo que no sé si se ha acabado de ganar a los españoles. ¿Está costando que la gente lo considere como algo propio?

Respuesta.- Es muy importante este cambio. Es verdad que el museo se ha ido estatalizando, pero desde el principio estuvo bajo la dirección de Cultura y la Colección ha sido del Estado. Aunque la magia de los nombres es tremenda y el nombre Thyssen lógicamente se identifica con una familia, el público tiene que tener claro que es propiedad de todos los españoles. No hay nada que el público deteste tanto como la apropiación privada de la cultura. Y si identificas al Thyssen con un museo privado se convierte en todo lo que nunca ha sido: un juguete de los ricos, un lugar de privilegio, exclusivo, y nada de eso es. Si no hay más horas gratuitas es porque nuestro patronato, y el Gobierno, no lo han querido. Quieren que no supongamos más carga para los presupuestos del Estado.

P.- ¿Qué carga supone hoy?

R.- Tenemos el nivel de autosuficiencia más alto de los museos públicos españoles. El Estado aporta 6 millones de euros a un presupuesto de 20 millones en 2016, lo que significa que cubre un 30 %.

P.- La taquilla tiene un peso importante para que las cuentas cuadren, ¿cuáles son los números?

R.- La taquilla supone un 35 por ciento del presupuesto (algo más de 7 millones). La tienda ocupa el segundo lugar a la hora de generar beneficios: 3.386.000 de euros (el 16,9 del total); patrocinios, alquiler de espacios, eventos, préstamos, cafetería y restaurante, completan los ingresos.

P.- De modo que las visitas siguen siendo el caballo de batalla.

R.- Sí, y por eso nuestro desafío ha sido el del público. Una vez estabilizado el programa de exposiciones, el museo estaba muy por debajo de la cifra de visitantes prevista cuando se abrió en el 92. Las previsiones entonces eran de un millón de visitantes al año y cuando yo llegué tenía una media de 700.000. El esfuerzo ha sido llegar al millón de visitantes, muy difícil de mantener. Este 2017 no vamos a llegar. Nuestro desafío ha sido mantener la calidad y llegar más al público de masas y por eso mi reputación es más populista. Nunca he entendido a quienes dirigen un museo como si fuera su galería privada, haciendo solo lo que les gusta. El trabajo en un museo es sacrificar lo que te gusta, todos los días, y hacer cosas que no te gustan tanto pero que son una necesidad.

P.- ¿Quiere decir que hay cosas que ha hecho que no le han gustado?

R.- Digamos que, en algún caso, me habría gustado más hacer otras. En la Universidad, que es de donde yo vengo, haces un poco lo que te da la gana. Planeas hablar de Delacroix y lo haces, y además pones las imágenes que quieres. Un museo es lo contrario, es un constante enfrentamiento con la realidad. Aquí no puedes hacer Delacroix porque lo está haciendo a la vez otro o porque no es lo que toca y, por supuesto, no puedes tener todas las obras que pones en clase: tienes los préstamos que consigues dependiendo de la institución en que estés. Creo que si tengo una virtud para este trabajo es la capacidad de montar un discurso adaptándome a lo que hay.

La relación con la moda

P.- Ha recibido muchas críticas por exposiciones como Bulgari y Roma o El arte de Cartier, ¿cómo las justifica?

R.- Es injusto hablar de estas exposiciones como si fueran el menú principal del Thyssen. Las que hacemos en la sala principal de temporales son exposiciones de mucho esfuerzo, de mucha calidad académica, de mucho rigor, muchas veces con grandes comisarios invitados. Y, complementariamente, hay una línea B en las que el museo no gasta nada y que, no es que yo desprecie el contenido, es que es más ligero, más de entretenimiento, que es un aspecto legítimo en el arte. No cuesta nada en términos económicos, porque Bulgari paga todo, y nos permite llegar a otro público que es lo que más valor tiene. Cuando hemos hecho Vogue o Testino he visto un público adolescente que no veo en El Renacimiento en Venecia. Esas exposiciones de moda o joyas contribuyen al sostenimiento del museo, porque es taquilla y es tienda, pero además le dan vida porque traen a un público distinto.

"Nuestro desafío ha sido mantener la calidad llegando a más público. Nunca he entendido a quienes dirigen un museo como si fuera su galería privada"

P.- En todo caso la moda está muy presente también en otras muestras y, esta temporada, con Sorolla y la moda. ¿Le interesa especialmente?

R.- La moda sobrevuela hoy todos los museos. Algunos lo comprendieron ya en los 70, como el Metropolitan, y tienen su espacio específico, y en otros donde no hay lugar propio la moda gravita sobre nosotros. Está en la tienda, en el merchandising y puede combinarse con las artes tradicionales. A los antipopulistas hay que decirles que no es lo bueno popular y lo malo impopular. El museo es una institución pública, con dinero de todos, dirigido a todos.

P.- ¿Alguna de estas marcas objeto de las exposiciones ha pagado al Thyssen?

R.- No. Nunca hemos alquilado nuestras salas. No sé si lo haremos en el futuro, pero en cualquier caso lo dejaremos claro.

P.- ¿Qué peso tienen las exposiciones temporales?

R.- Sin temporales el número de visitantes caería al medio millón y el déficit subiría. Las exposiciones repercuten no solo en la taquilla, también en la tienda, en los eventos, en la presencia del museo en los medios. Aportan mucho a la económica del museo, pero también aportan en otra dimensión.

P.- Dado la permanente incógnita respecto a su futuro, ¿cuál es el estado de la Colección Carmen Thyssen?

R.- El problema con la Colección Carmen Thyssen es que se encuentre una formula estable, que no esté en negociación permanente. Todo apunta a que este otoño se va a firmar un acuerdo por diez años que contente a la baronesa y al Gobierno. Nosotros disponemos de estos fondos para todo, podemos prestarlos, etc., pero nos tranquilizaría tener un marco estable.

P.- Al margen de este acuerdo, ¿qué planes tiene para la Colección Thyssen?

R.- La Colección ha estado quieta demasiado tiempo. Hay que tener en cuenta que el edificio se diseñó para la colección, las salas están pensadas para los cuadros que iban a contener y para contener esos y no más ni menos y toda la Colección está expuesta porque nuestro estatuto nos obliga a tener colgado el 90 % de los cuadros. Con estos mimbres es difícil variar, reinstalar o hacer grandes cambios. Pero es necesaria una reevaluación y encontrar fórmulas más temporales porque esa es la tendencia en los museos desde hace tiempo. Cuando llegué tenía esa ambición, pero había mucha resistencia, en el Patronato, en la plantilla, en la estructura de las salas. Ahora me atrevo más; algo me inventaré para mover la Colección.

"Para muchos es banal, pero para llegar a nuevos públicos hay que contar nuevas historias. Nuestro público envejece y no hay recambio"

P.- ¿Quién manda, por cierto, en el museo?

R.- El Patronato. Todo, absolutamente, se lleva al Patronato, presidido por el ministro de Cultura y con Carmen Thyssen en la vicepresidencia. Allí se discuten uno por uno los préstamos de la Colección. Aunque el ministerio tiene la última palabra, los estatutos obligan a contar con la familia, y en particular con la baronesa, para muchas decisiones. Eso no quiere decir que intervenga en la programación.

P.- ¿Cuáles son los desafíos de un museo como el Thyssen?

R.- Hay tres retos importantes. El primero, el de la Colección que ya hemos hablado. El segundo se refiere a las exposiciones. Vamos a revisar la programación. Estamos haciendo demasiadas cosas y creo que podíamos hacer menos pero más focalizadas y comprometer crecientemente a los departamentos de Restauración, Educación, Comunicación. Y el tercer reto es la nueva comunicación del museo, la audiovisual, llegar a públicos jóvenes, estar más en redes. Que el Thyssen esté ahí, presente en las plataformas de televisión, de vídeo. Que los jóvenes se lo encuentren sin buscarlo y que les resulte atractivo.

P.- Como para todos los museos de arte antiguo, llegar a los jóvenes es una prioridad, claro.

R.- La cultura humanística clásica está en ruinas. En dos generaciones más será algo que solo los eruditos van a dominar. Pero los museos van a sobrevivir porque son almacenes de imágenes y para contarle al público esas imágenes hay que inventarse nuevas historias. Para muchos es banal, pero para llegar a los nuevos públicos va a hacer falta construir otro repertorio y ese es el gran desafío de los museos. Nuestro público envejece y no hay recambio. Los recorridos temáticos ya son habituales aquí: Nueva York, El Quijote, y estoy preparando uno de zombis y vampiros.

Además, Solana imparte este mes siete conferencias, incluida una sobre los Thyssen que pronuncia este fin de semana. En este despacho, donde hace ya un buen rato que Radiohead ha dejado de sonar, trata de que no se le vaya todo el tiempo en la gestión. "Lo que más me gusta es contar historias, preparar charlas, presentaciones". Habla el profesor. Pero, ¿con ganas de irse? "Me quedaría en el museo hasta mi jubilación -bromea-. Siendo un poco más realista, me quedaría hasta que se cansen de mí".

@PaulaAchiaga

25 años, 5 momentos

8 de octubre de 1992: los reyes, los barones, Carmen Romero y Felipe González inauguran el museo.
El 15 de octubre de 1993 se inauguran las salas del sótano con dibujos de la Colección.
El 8 de junio de 2004 se abre la ampliación para albergar la Colección Carmen Thyssen.
El 28 de junio de 2011 abre la exposición de Antonio López, uno los hitos de popularidad y visitas.
El 12 de junio de 2012 el Thyssen inaugura Hopper, la exposición más visitada hasta la fecha.