Image: Pioneros del orgullo (en la Historia del Arte)

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Arte

Pioneros del orgullo (en la Historia del Arte)

15 junio, 2017 00:00

Valentin de Boulogne: David con la cabeza de Goliat y dos soldados en el Thyssen

El Museo del Prado y el Thyssen-Bornemisza proponen un nuevo recorrido por su colección permanente para hablar del amor entre iguales a lo largo de la Historia del Arte. El primero con 30 obras y el segundo con 15 abren una ventana que suma una lectura diferente a sus piezas con motivo de la celebración del World Pride Madrid 2017.

Rosa Bonheur es una de esas pintoras un tanto olvidadas en la Historia del Arte pero su historia, valga la redundancia, tiene miga. Tuvo una vida alejada de los parámetros convencionales de su época y los diarios de su última amante dan cuenta de ello. Bonheur se apartó de una pintura cómoda y convencional a la que se dedicaban en aquel momento las mujeres, los bodegones, para enfrentarse a la naturaleza salvaje y hablar de la no sumisión. De hecho, se cuenta que, como amante de los animales, solía ir a las ferias ganaderas para tomar apuntes del natural. Pero para ello tuvo que solicitar, en más de una ocasión, un permiso de travestismo (que la policía francesa tenía que aceptar) que le permitiera vestir pantalones. Una de sus obras, El Cid, es un retrato de un león melenudo que se puede entender como un autorretrato. El Cid es un personaje que no quiere obedecer, que se sale de la norma y ella encarna esta misma personalidad. Es la primera vez que esta obra puede verse en el Museo del Prado desde su llegada y lo hace con motivo de La mirada del otro. Escenarios para la diferencia, un recorrido por su colección permanente que plantea una nueva lectura: contemplar la realidad histórica de las relaciones sentimentales entre personas del mismo sexo.

Sí, el Museo Nacional del Prado, en palabras de su director, Miguel Falomir, es más nacional que nunca. "El museo debe de dar cabida a todo tipo de personalidades y debe de ser inclusivo y no excluyente. Hacemos esta exposición con total normalidad porque hubo artistas perseguidos por su sexualidad y no acercarnos a ello sería faltar a la realidad", explica. Y se acerca sin utilizar en ningún momento la palabra homosexual porque es "un término que aparece a finales del siglo XIX, justo cuando acaba nuestra colección, por lo que sería un anacronismo", señala Carlos G. Navarro, uno de los comisarios. Aunque es cierto, apunta Falomir, que debería haberse hecho antes, el museo realiza este acercamiento con motivo de la celebración del World Pride que este año tiene a Madrid como sede mundial desde el 23 de junio al 1 de julio.

Rosa Bonheur: El Cid y, a la derecha Goya: El Maricón de la tía Gila. Museo del Prado

Con el firme propósito de hacer una nueva lectura con sus propios fondos, la pinacoteca no quería "establecer un recorrido complaciente con el amor homosexual sino preguntarse qué imágenes no responden a una sexualidad normativa", apunta Navarro. Las 30 piezas, colgadas habitualmente en el Prado, que hablan sobre el amor entre iguales desde el mundo clásico plantean cuatro recorridos diferentes que son independientes pero complementarios entre sí. En el primero, Amistades inmortales, salen del armario figuras como Adriano y Antinoo: "Adriano se enamoró de Antinoo y cuando este muere le da nombre a una ciudad en su honor, Antinópolis", cuenta Álvaro Perdices, otro de los comisarios. Aristogitón y Harmodio, "figuras clave en establecer la Democracia en Atenas", también forman una de esas parejas políticas que han permanecido mitificadas para la creación de una identidad alternativa autorizada por la Historia. Orestes y Pelades, Erastes y Erómenes y el busto de Safo, que vivía en la isla de Lesbos (esa que ha dado nombre al colectivo de mujeres homosexuales), completan este primer recorrido.

"Esta exposición no elimina paredes pero sí abre pequeñas ventanas", señala el comisario. Estas pequeñas historias se cuentan en una cartela adicional, en color negro, en la que se narra la historia más oculta. El segundo itinerario, Perseguir los deseos, gira en torno a la persecución que sufrieron los artistas por su identidad o sus obras por su contenido. "Algunos tuvieron que enfrentarse a juicios que ennegrecieron su obra y trayectoria", señala Perdices. Es el caso de Boticelli, Leonardo, Cellini, acusado de sodomita por Bendirelli, Guido Reni o el mismo Caravaggio.

Caravaggio: David con la cabeza de Goliat y, a la derecha Guido Reni: San Sebastián. Museo del Prado

De este último se expone David con la cabeza de Goliat, una obra en la que se citan la vida del artista -perseguido por sodomía-, la historia de David y Jonatán -se dice que a David le atraía más Jonatán que las mujeres- y el coleccionista -también demandado por sodomía-. Hipómanes y Atalanta, una obra en la que él, un chico de figuras suaves y afeminadas se resiste a una mujer que se repliega en sí misma y San Sebastián, ambas de Guido Reni, forman parte de ese grupo de obras condenadas al ostracismo por lo que revelaban sus pinceladas. Apariencias engañosas, la tercera ruta por el Prado, acoge a las mujeres barbudas de Ribera y Sánchez Cotán, Hermafrodito dormido y Aquiles descubierto, que hacen un guiño diversos ejemplos de travestismo e intercambio de roles de género.

El último paseo, Amar como los dioses, agrupa obras de carácter mitológico que "representan las relaciones entre iguales" en escenarios ajenos al mundo real y que fueron "reservados para una élite determinada", especifica Perdices. Vertumno y Pomona, Ganímedes y Diana y Calisto se muestran aquí antes de dar paso a una obra emblemática: El Maricón de la tía Gila de Goya. Este dibujo que lleva "la M en mayúscula, es una obra privada que cartografía la sociedad de su momento", cuenta Perdices. Goya, que normalmente hilvana con sutileza, "aquí lo representa como un tipo de persona de la sociedad".

Amor diverso en el Museo Thyssen

A esta iniciativa se ha unido también el Museo Thyssen-Bornemisza con Amor diverso, una selección de 15 obras de la colección del barón que hablan, de una manera u otra, sobre la homosexualidad. Con un recorrido que abarca desde el Renacimiento hasta la época actual se traza una lectura que ha sido ignorada durante siglos. La primera parada de esta propuesta es el torso semidesnudo deSan Sebastián en la que Bronzino retrata a un protagonista que no mira a un Dios sino a una persona. También Hércules en la corte de Onfalia, de Hans Cranach, que actualmente no está en las salas, Santa Catalina de Alejandría y la escultura San Sebastián de Berneni hablan de ese amor homoerótico de la época clásica.

Bronzino: San Sebastián y, a la derecha Michiel Sweerts: Muchacho con turbante y un ramillete de flores. Museo Thyssen-Bornemisza

Más actual es, sin embargo, Retrato de Millicent, duquesa de Sutherland, de John Singer Sargent, una parada que sirve para hablar más del pintor que de la protagonista de la obra. La familia de Sargent quemó todo lo relacionado con él excepto sus obras, entre las que destacan los muchos desnudos masculinos que realizó. Amigo de Oscar Wilde ambos son coetáneos de la obra Dr. Jekill y Mr. Hyde, una historia que habla de la doble moralidad victoriana y su pánico a la homosexualidad.

Amazona de frente, de Manet, muestra a una mujer con sombrero de copa, típico de los hombres de su época, y traje masculino, para hacer referencia a la liberación sexual que se vivió en París en la edad moderna. Love, love, love. Homenaje a Gertrude Stein, de Charles Demuth, es un homenaje a la marchante de arte, lesbiana y activista y Express fue pintada por Rauschenberg poco después de su ruptura con Jasper Johns. El artista, que hizo referencias a la homosexualidad tan sutiles que tan solo eran reconocibles por los que le conocían bien o formaban parte del colectivo, representa aquí a su amante.

Marc Chagall: Desnudo y, a la derecha Francis Bacon: Retrato de George Dyer en un espejo. Museo Thyssen-Bornemisza

David Hockney también merece una parada en el recorrido trazado por la pinacoteca. Gay reconocido, las alusiones que hace en su pintura son recurrentes. En este caso se muestra En memoria de Cecchino Bracci, un lienzo en el que el británico recuerda la figura de este aprendiz de Miguel Ángel que murió a los 15 años. Apenado por la pérdida de un amor cosumado el maestro escribió diferentes epitafios. Se trata, pues, de la pieza con la que Hockney comenzó a hacer alusión a temas homosexuales marcando trayectoria que cuenta con el apoyo LGTB ya que también luchó contra las políticas de Margaret Thatcher. El final del recorrido lo marca la escultura El nacimiento de Venus (La Aurora), una escultura en la que Rodin representa a dos mujeres desnudas en una intensa intimidad.

@scamarzana

Otras exposiciones

Ficha policial de Antonio Ruiz, Valencia, 1976.

El World Pride Madrid 2017 cuenta con Madrid como el epicentro del movimiento LGTB. Con motivo de la celebración son varias las entidades que han querido trazar el recorrido de un colectivo que no siempre ha tenido las cosas fáciles. Para que esta historia perdure en la memoria CentroCentro Cibeles acoge Subversivas. 40 años de activismo LGTB en España, una muestra de más de 250 piezas que recuerdan estas cuatro décadas de lucha por la igualdad. Con imágenes, reproducciones y fotografías que arrancan en la primera manifestación en Barcelona en 1977, con los últimos coletazos del franquismo aún vigentes, la cuarta planta del edificio se divide en 9 secciones. Desde la discriminación del colectivo, víctimas de la Inquisición, hasta las leyes de igualdad, Subversivas se entiende como un homenaje ahora que España se convierte en la vanguardia de la defensa de los derechos de igualdad.

No es la única institución que se une al movimiento. Matadero también quiere rendir homenaje en sus naves con Dactiloscopia Rosa, una instalación del artista Marco Canevacci. Se trata de una mano gigante de látex instalada en la Nave 11 donde el espectador se adentra en una especie de juego de espacios. Dentro puede verse una colección de fanzines del Archivo Transfeminista Kuir del Museo Centro de Artes de Vanguardia La Neomudéjar, que van desde los años 70, editados en la clandestinidad durante la represión franquista, hasta la actualidad. Además, en cada uno de los dedos de la mano se proyectará una pieza de videoarte que reflexiona sobre la construcción de la identidad.

El Museo de América, por su parte, cuenta con un programa compuesto por cuatro exposiciones fotográficas bajo el título Trans*. El acercamiento a la transexualidad, una de las características comunes a todos los grupos humanos, en todas las culturas del mundo y en cualquier época, se hace desde una perspectiva antropológica, histórica y artística. Muxes. Flores de Guiechachi es un proyecto que Nuria López realizó durante dos años abordando la cuestión de la identidad de género en el Istmo de Tehuantepec. Seres de luz, de Gabriel Pineda y Gerardo Estrada, busca apoyar la visibilización y normalización del colectivo trans. Trans. Diversidad de identidades y roles de género muestra la permanente presencia de personas transgénero en culturas de todo el mundo, así como su tradicional inclusión en la sociedad y Trans-Migrantes recoge la cotidianidad de diversos protagonistas llegados a España desde distintos países latinoamericanos.

Por último, el Museo de Artes Decorativas revisita su propia colección en clave homerótica. David Trullo propone la relectura de las colecciones y de los espacios a través de una instalación por la exposición permanente. La selección realizada por el artista, entre las piezas expuestas regularmente en las salas del museo, y otras que no se muestran habitualmente, se basa en temas clásicos desarrollados desde la Antigüedad, y que han tenido una influencia determinante en la construcción del imaginario y la identidad homoerótica occidental, como por ejemplo en el caso de la figura de San Sebastián, o de la poetisa Safo. Todo ello desde una perspectiva queer., teoría que propone una crítica a las concepciones tradicionales de género, identidad y opción sexual.