Image: Ferran Adriá

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Arte

Ferran Adriá

"A Tàpies y a mí nos marcó Japón"

Vis Molina
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Ferran Adriá. Foto: Pablo Requeijo.

El cocinero analiza la influencia de la cultura nipona en sus recetas y en la pintura de artista catalán dentro del ciclo de conferencias 'Tàpies a 12 voces'

La exposición Tàpies, desde el interior, comisariada por Vicente Todolí y organizada conjuntamente por la Fundación Antoni Tàpies y el MNAC, se exhibe en las salas de ambas instituciones y está concebida exclusivamente a partir de las obras conservadas en casa del artista y en la Fundación. La muestra, con dos líneas de trabajo diferenciadas centradas por un lado en las grandes composiciones y por otro en los objetos cotidianos, está dando lugar además a gran cantidad de actividades paralelas, entre las que se cuenta el ciclo de conferencias Tàpies a 12 voces. La que nos ocupa es la que impartirá Ferran Adrià esta tarde, a las 18,30h, en la sede de la Fundación.

"No voy a dar una conferencia", aclara el cocinero catalán catalogado como el mejor del mundo en más de una ocasión. "Decir eso sería muy pretencioso por mi parte. Tan sólo voy a liderar una charla a la que he puesto el título El Bulli, Tàpies, Japón porque en ella voy a hablar de ese país como nexo entre la obra de Tàpies y la cocina de El Bulli. Dudé mucho en aceptar esta propuesta porque no soy ningún experto en arte y me parecía un atrevimiento hacerlo, pero Todolí es un gran amigo mío y me animó a hablar desde mi perspectiva de cocinero".

Adrià, que visitó por primera vez Japón en 2002, es un gran admirador de la cultura nipona en toda su amplitud. "Me fascina su espiritualidad, su sentido de la estética, su filosofía y, cómo no, su gastronomía, que es absolutamente poética. Ese primer viaje a Japón fue iniciático para mí porque marcó un antes y un después en mi manera de entender la cocina. La influencia japonesa ha sido el hecho más importante y destacable en los últimos diez años de la historia de El Bulli".

El genial cocinero catalán, que ha revolucionado la gastronomía contemporánea del mismo modo que en su día lo hizo Tàpies respecto a los parámetros en los que hasta entonces se había concebido la pintura, cerró en julio de 2012 su restaurante tras más de veinte años liderando tendencias culinarias en el mundo entero. Y lo hizo para iniciar un proceso creativo complejo y rompedor, como todo lo que sale de su atribulada cabeza, que está despertando una gran expectación en el mundo entero y que se engloba bajo el nombre de elBulli Foundation.

Distanciarse de la presión del día a día ha bajado considerablemente sus niveles de estrés y ha potenciado su ya de por sí exacerbada creatividad. "He perdido veinte kilos", cuenta satisfecho. "Estoy más descansado y ahora veo las cosas con una perspectiva y una lucidez distintas y muy necesarias. No era la presión lo que me motivó a replantearme la vida, porque la he vivido con auténtica pasión. Pero El Bulli se había convertido en una máquina aburridamente perfecta, y yo tenía la necesidad de reinventarme y redibujar todo aquello. Desde que cerramos, en julio de 2012, he recuperado una libertad que me permite pensar en nuevos retos y el Bulli Foundation está tomando cuerpo a pasos agigantados. Será un centro experimental sobre la eficiencia en creatividad, algo fantástico y único en el mundo que se abrirá en 2014 y estará destinado a fomentar la innovación para propiciar que la gastronomía interactúe con muchas otras disciplinas".

Y desde esta línea de favorecer sinergias diversas arranca Adrià para enfocar la charla que dirigirá esta tarde en la sede de la Fundación Tàpies. "Cuándo visité Japón por primera vez me quedé impresionado por el altísimo nivel gastronómico de ese país, y la gran cultura y sensibilidad de sus habitantes en el terreno culinario. Estamos todavía a años luz. Descubrí entonces que lo verdaderamente importante de la cocina nipona no es solamente el producto, sino el sentimiento y la espiritualidad que se plasman en su gastronomía. Cocinan desde el alma, mientras que nosotros lo hacemos desde el intelecto. Nosotros somos pragmáticos mientras que ellos son pura poesía. Y sus platos son verdaderas obras de arte". Recuerda con entusiasmo el gran impacto que sufrió al visitar por primera vez un mercado en Tokio: "Es una de las experiencias más fuertes que he vivido. Descubrí un universo nuevo y apasionante, en el que frutos, verduras, moluscos, pescados, carnes y crustáceos parecían haber sufrido una mutación".

Ese viaje revelador le permitió también ver el mundo y su realidad con ojos nuevos, además de empaparse de su manera de entender la vida y percibir matices donde antes reinaban las sombras. "Nunca he sido un entendido ni un estudioso del arte contemporáneo, pero me interesan los artistas y la contemplación de algunas obras me emociona. Conocí a Tàpies, vino varias veces a cenar a El Bulli y en más de una ocasión comentamos la influencia de la cultura japonesa en sus piezas. Yo la percibo en su minimalismo, en su pureza, en los colores que utiliza y en el misticismo que rezuman sus obras".