Image: Jason Martin

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Arte

Jason Martin

"El mundo del arte se ha vuelto cada vez más estúpido y banal"

Bea Espejo
Publicada
Actualizada

Jason Martin en su estudio londinense

Para el británico Jason Martin (Jersey, 1970) la pintura es sinónimo de libertad. Sus icónicos cuadros monocromos de pintura abundante y pastosa, están lejos de tendencias y modas y no atiende a más teorías que la suya propia, su propia filosofía de vida. Pinta porque eso le da felicidad. Lo dice rotundo, como si fuese la única cosa que tuviera clara en su vida, mientras pasea por el espacio de la galería madrileña Javier López-Mario Sequeira en la que inaugura hoy una amplia muestra de su trabajo. Entre un expresionismo abstracto y un minimalismo subversivo, sus obras se encuentran entre la pintura y la escultura. Cada cuadro está impregnado de capas y capas de acrílico sobre acero inoxidable, aluminio o metacrilato y simula un oleaje convertido ya en sello distintivo del artista. "Lo que más me interesa en el campo de la pintura -explica- es encontrar el movimiento que surge de los espacios pictóricos. Ese análisis espacial es mi principal preocupación como artista". Martin utiliza, en su proceso creativo, los movimientos del cuerpo además de un conjunto de fisuras con los que traza de un lado a otro del cuadro dejando que los acontecimientos impredecibles marquen el ritmo de la pintura. El propio artista escribe sus obras como "viajes" en los que se mueve físicamente a través de la superficie. Muy cercanos confiesa tener a artistas como Jackson Pollock, Caspar David Friedrich, Ellsworth Kelly.

Renegando de los Young British Artist
Desde que en los 90 Martin despuntara de entre una de las promociones más prolíficas de la Goldsmith University de Londres, su carrera pronto encontró hueco en grandes galerías como Lisson o Thaddaeus Ropac de París. También en exposiciones de las que marcan un antes y un después. He ahí la famosa Sensation, organizada en 1997 por Charles Saatchi en la Royal Academy londinense, que abrió la veda a una nueva marca de arte británico y, a partir de entonces, archiconocida en el mundo entero. Aunque cuenta Jason Martin que poco tuvo que ver con ella. Sus pinturas están lejos de la virgen de excrementos de Chris Ofili, los maniquíes de Jake y Dinos Chapman y los animales disecados de Damien Hirst. A años luz del espíritu de burla calculada e irreverencia desprejuiciada de muchos de los artistas de la exposición, el artista se muestra menos propenso a la ironía descarnada: "La etiqueta de los Young British Artists (YBA) nos unió como movimiento generacional, aunque no hubo un espíritu común entre todos los artistas de la exposición. En realidad, ni ellos eran tan jóvenes ni yo formé parte del grupo", explica. El desapego se hace aún más patente cuando habla de Damien Hirst: "Me gusta Damien ¡Es un fenómeno! Su actitud me recuerda a mis caprichosos Sex Pistols. Aunque no podría convivir con él. Él me robó mi proceso de centrifugado en la pintura. Recuerdo que cuando vino a una de mis exposiciones en el Goldsmith, Hirst me dijo que había ido únicamente para beberse una cerveza".

Con esos episodios, no es extraño que Martin sea crítico con el paripé que muchas veces fluctúa en el mundo del arte. El mayor problema lo ve en "desarrollar un trabajo con integridad en un mundo del arte que se ha vuelto cada vez más estúpido y banal. Sin duda, las ideas no son ya la principal preocupación en el arte. La fijación por el dinero y el ansia por ser una celebrity son las preocupaciones de muchos de los jóvenes artistas hoy en día".