Image: Obras silenciosas
Bicicleta: S/T, 2005 (stand de la galería Fúcares 2005, Madrid)
La década 2000-2010 ha sido, seguramente, una de las más difíciles de ARCO. En 2006 llegó Lourdes Fernández quien afrontó la incipiente crisis económica de 2008 con la reducción de galerías, una iniciativa que precipitó su dimisión. Jacobo Castellano hace repaso de esos en que pasó de estudiante a artista representado por una galería en la feria y mira al futuro con un canto a la responsabilidad colectiva.
A finales de los noventa, para los jóvenes estudiantes de provincias, ARCO representaba la puerta de acceso a obras, artistas y publicaciones que hasta entonces solo existían en las estanterías de la biblioteca de la facultad. Suponía constatar que todo aquello existía de verdad. Jornadas maratonianas por los pasillos donde casi todo era fotografiado de manera impulsiva, enormes áreas de descanso (hoy desaparecidas) donde comentábamos los pormenores de la jornada. La feria no terminaba con el cierre de puertas, aún había que llegar a casa y procesar aquel ingente volumen de información recopilada,de manera intuitiva, en carretes Kodak de 36. En las semanas posteriores a la feria muchos alumnos intentábamos reflejar en nuestros trabajosla influencia de la visita, en ocasionesfusilando las obras que más nos habían marcado.Para sobrevivir a una feria de esta naturaleza es necesario aprender a diferenciar, lo antes posible, el grano de la paja. Aplicarse par apoder leer entre líneas la honestidad y el compromiso de algunos, así como la vaguedad y ligereza de otros (los menos); entendiendo el compromiso como único valor capaz de hacer funcionar este complejo engranaje. Aprendí que la feria, además de su carácter mercantil, tenía una naturaleza pedagógica de gran utilidad para aquellos jóvenes imberbes.
Una década después puedo decir que, irremediablemente, he crecido con la feria. Muchas de mis experiencias profesionales y vitales están vinculadas, de una u otra formaa ARCO. Cómo contar quién soy sin la participación en proyectos como 16x16, sin Suiza o Méjico, sin algunos expertos, sin Artur Barrio, CealFloyer, Jimmie Durham o Bojan Sarcevic;sin esasinterminables charlas e intercambios con colegas, antes, durante y después de la feria. ARCO es un ente vivo, y como tal cambiante, que todos transformamos y que a todos transforma; refleja parte de lo que somos, para bien y para mal.
Aun partiendo de la premisa de que una feria no es el lugar idóneo ni para la reflexión ni para la contemplación, a lo largo de esta década ha habido obras que se han quedado marcadas en mi retina. Cierto es que las hay creadas por y para la feria; que nacen, se desarrollan y mueren en la semana que dura el evento. Sin duda todos hemos visto como se encumbra a artistas que desaparecen irremediablemente dos ediciones más tarde (la apuesta a largo plazo es compleja).A mí las obras que me interesan son las silenciosas, aquéllas que parecen haber sido arrancadas de su hábitat natural y colocadas allí en contra de su voluntad; ésas que una vez que las miras se van contigo.
Comienza la nueva década con equipo y energía renovada. No obstante, mejorar nuestra feria no es responsabilidadde unos pocos, ya que su suerte, en cierta medida, será la de todos.