Image: Madrid abierto (y cerrado)

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Arte

Madrid abierto (y cerrado)

ARCO 2004

12 febrero, 2004 01:00

Madrid Abierto se anuncia como un programa de arte público, fuera de ARCO pero relacionado con la feria, que intenta sacar el arte de los pabellones de Ifema y dar continuidad a la sección Open Spaces. Son intervenciones y proyectos en Madrid realizados por diez artistas (o colectivos). A la vez, El ojo atómico, ha presentado una convocatoria alternativa bajo el título de Madrid Cerrado. José Jiménez analiza aquí las dos propuestas y los conflictos que éstas conllevan.

Desde luego, no parece haber escape posible a la tendencia a la banalización de la imagen en esta cada vez más asfixiante sociedad del espectáculo. Pensar e intervenir artísticamente en la ciudad es una de las cuestiones más presentes en la cultura de nuestro tiempo, ya desde la época de las vanguardias históricas. Acometer, sin embargo, esa tarea ahora en una ciudad como Madrid, llena de todo tipo de tensiones y nuevos conflictos, propiciados por elementos tan disgregadores del tejido urbano como son el crecimiento de la inversión especulativa en la construcción o la afluencia masiva de comunidades de inmigrantes, exige unas cautelas y un rigor metodológico que me han parecido completamente ausentes en una convocatoria como la de Madrid Abierto, una de cuyas claves se sitúa en coincidir con ARCO.

En una de las primeras presentaciones de la iniciativa se decía algo tan discutible como "que muy pocos rasgos pueden identificarse de una forma tan indiscutible con el ámbito de MADRID como el de ABIERTO, que entronca con el programa Open Spaces desarrollado en ARCO 2001 y 2002, sacándolo de los espacios interiores o adyacentes de la Feria (...), para proyectarlo a la ciudad de Madrid". Lo de que Madrid sea "abierto" es algo que habría que demostrar, o a lo sumo preguntarse hasta qué punto lo es y para quién. Pero, además, vincular el proyecto con los programas Open Spaces, es decir: espacios abiertos, pero ya se sabe que en ARCO todo va en inglés, unas de las actividades más claramente fallidas de las planteadas en la Feria, y luego hablar de "proyectarlo a la ciudad de Madrid" transmite un poso de oportunismo que no puede sino despertar una cierta inquietud.

No es extraño que, frente a estos planteamientos, el interesante y activo espacio El ojo atómico, haya planteado una propuesta alternativa, lo que ellos llaman "una contraconvocatoria": Madrid Cerrado, concebida no como una exposición artística, sino de proyectos de intervención pública. Que está abierta, dicen ellos, "a todo el mundo, no sólo a artistas, y pretende en primer lugar crear un debate allí donde no lo hay: en Madrid".

En Madrid Abierto, un jurado de tres personas ha seleccionado cuatro (¿cómo, partiendo de qué criterios...?) entre 234 (!) proyectos presentados, que se presentan junto a otras cinco intervenciones y cuatro "proyectos asociados": una intervención del artista mexicano Luciano Matus en la Casa de América (muy interesante, pero en mi opinión fuera de contexto), un dossier Madrid Abierto reutilizable como programa de mano de los proyectos en la revista NEO2, un monográfico del programa de televisión Metrópolis, junto con la presentación de todas las intervenciones en la Feria en el marco de lo que llaman los Bulevares ARCO: Fragmentos de una ciudad interior. Bueno, bueno... Intento escribir sin acritud, intentando propiciar al máximo un debate de ideas, cada vez más necesario en un ambiente tan enrarecido y superficial como el de nuestro mundillo artístico, así como transmitir la necesidad de ese debate a la opinión pública.

Creo que los propios artistas seleccionados han sido los primeros en caer en lo que ha terminado por ser una especie de trampa. La intervención de Sans Façon en el Depósito de Agua de la Plaza de Castilla, que pretende convertir un edificio en "escultura", lo degrada a una dimensión meramente ornamental. La construcción y deconstrucción simultáneas de un muro, trabajo del alemán Wolfgang Weileder no es sólo un tópico simple, sino peor aún: simplista. No se entiende qué aportación a pensar la ciudad o la acción del arte en ella pudieran tener los contenedores de color naranja del colectivo etoy, en los que sus agentes propician la inversión en arte a la vez que proporcionan elementos críticos e irónicos de análisis de la cuestión. La propuesta de un habitat-burbuja para que los jóvenes puedan emanciparse mientras siguen viviendo en casa de los padres, de la artista Saioa Olmo y el colectivo Bubble Business S. A., es casi un rasgo común que muchos jóvenes simplemente ya hacen... así que, díganme, ¿qué aporta a una idea de ciudad...? La propuesta que, en principio, más coherente e interesante me parece: las pantallas acústicas que pretenden darnos silencio en el tumulto de la ciudad, obra de Elena Bajo y Warren Neidich, acaba siendo fallida en la medida en que no se acota un recinto suficientemente delimitado y verdaderamente aislado del ruido.

Lo peor, sin embargo, lo que me resulta más inquietante, es que un artista no sepa decir no, cuando no se dan las condiciones adecuadas para presentar bien sus obras, que creo que es lo que ocurre con el resto de las intervenciones, que en mi opinión están mal concebidas y situadas en contextos inadecuados. Y digo esto en referencia a creadores que estimo: Maider López, Fernando Sánchez Castillo, El Perro o Diana Larrea, pero que en esta ocasión parece que han puesto por delante estar a considerar cómo se está. Un error.

Una ciudad como Madrid, cuyo patrimonio monumental es uno de los más pobres entre las grandes ciudades, para no hablar del auténtico museo de los horrores de las figuritas urbanas con las que sus más recientes gobernantes la han castigado en las últimas décadas, requiere con urgencia un auténtico debate en profundidad, teórico y artístico, del que puedan surgir verdaderas iniciativas de regeneración urbana. Por desgracia, Madrid Abierto parece estar muy lejos de situarse en esa dirección.