Image: Magüi Mira
El Principito en su asteroide
Son viajes ideales, viajes soñados, pero esta vez desde la ficción. Porque viajar es también un placer cuando se hace desde las páginas de un libro, la imagen sugerente de un cuadro, una fotografía, desde la butaca de un cine. Y así, nos vamos al Nueva York de Paul Auster, al Sáhara de El paciente inglés, al Cape Cod de Edward Hopper...
He viajado hasta el desierto del Sahara, en el asteroide B612, rápida por inmensidades azules. Me he perdido por las arenas doradas hasta encontrar al Piloto con su avión estropeado. Píntame una España, le he pedido, píntamela entera, con todas sus gentes y sus ríos y montañas y mares, pero que no tenga un Rey sin súbditos, ni hombres vanidosos que se crean dueños de todas las estrellas, ni rosas con espinas, pero por favor, píntamela con una serpiente amarilla que tenga el poder de hacer regresar a las malas personas al lugar del que han venido. No puedo pintar eso, me dijo el piloto después de dibujar varios garabatos en la arena ondulada del desierto. Y pintó una caja y me dijo que mi España estaba dentro. Imagínatela. Las cosas esenciales no se pueden ver con los ojos, solo se ven con el corazón. Y yo abracé la caja y corrí con ella hasta llegar al mar, y lo atravesé entero en una barquita sin soltar mi caja, y al llegar a España la he dejado en la orilla.Fantástico viaje.