El Cultural

Hiroshi Sugimoto y los muertos vivientes

Black Box

1 julio, 2016 02:00

Dos de sus fotografías de la serie Campos de relámpagos, 2014 (detalle)

PHotoEspaña 2016. Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos, 23. Madrid. Hasta el 25 de septiembre.

Extraña ver a Hiroshi Sugimoto (Tokio, 1948) en la sala de la Fundación Mapfre en Recoletos en lugar de en la vecina de Bárbara de Braganza, donde se desarrolla su programación fotográfica. La razón es doble: de un lado, por motivos presupuestarios la sede principal iba a cerrarse durante el verano, hasta la inauguración en octubre de una muestra sobre el Fauvismo; de otro, la obra de Sugimoto ha adquirido unas dimensiones y una vocación teatral que demandan espacio. Así que la han trasladado.



La exposición, que se incorpora tarde pero con gran protagonismo al festival PHotoEspaña, viene de la sede de la Fundación en Barcelona y está integrada por 47 fotografías de cinco de sus series más conocidas, sólo una de ellas nunca mostrada en España: los Campos de relámpagos. En 1998 la Fundación 'la Caixa' organizó en Madrid una muestra suya con 116 obras que incluían ya ejemplos de Paisajes marinos, Cines y Dioramas (representadas en la actual selección). La serie de Retratos de las figuras de cera de Enrique VIII y sus mujeres se expuso en el Guggenheim Bilbao en 2000, y se han vendido además obras de estas series en las galerías Javier López (1998 y 2004) y Joan Prats (1996). Es cierto que hay ahora un nuevo público para el que esta presentación de las series "clásicas" será muy pertinente pero también lo es que perdemos la ocasión de ampliar nuestro conocimiento de una trayectoria que tiene, sobre todo en años recientes, varias derivaciones bien interesantes. Sólo los Campos de relámpagos son de este siglo; del resto, con excepción de los Retratos (que hizo entre 1994 y 1999), podrían haberse elegido imágenes más recientes pues ha continuado añadiéndolas a esos proyectos, pero sólo encontramos dos Dioramas de 2012 que no reflejan cómo ha evolucionado esta serie hacia una mayor atención a los paisajes recreados (pintados) en ellos.



No busca la alta definición sino la riqueza de los medios tonos, siempre apegado al blanco y negro. Su mirada siempre es indirecta

Decía antes que se han sumado dos condiciones que determinan la "escenificación" de su trabajo. La primera es el tamaño de las copias, que ha crecido a medida que el contexto de mercado lo exigía y sus posibilidades materiales se incrementaban. Sugimoto es un fotógrafo analógico y artesanal, seguidor de las recetas técnicas de Ansel Adams y admirador de los pioneros decimonónicos del medio. Él no busca la alta definición sino la riqueza de los medios tonos, siempre apegado al blanco y negro. Pero si en las primeras décadas de su carrera producía ediciones de tamaño y tirada medianos (unos 50 x 60 cm, 25 ejemplares) pasó hacia 2000 a tamaños grandes (120 x 150 cm, o más) y tiradas mínimas (cinco ejemplares), lo que tuvo su efecto en los precios: las obras más codiciadas por los coleccionistas, los Paisajes marinos en versión grande, se rematan en subasta a una media de unos 300.000 $, aunque un tríptico de esta serie se llegó a vender por 1.888.000 $ en 2007.



Todas las fotografías expuestas, antiguas y nuevas, las ha producido en estos tamaños "pictóricos" que propician una experiencia más inmersiva y teatral. Lo que nos lleva a la segunda de las condiciones. Este ámbito de lo escénico ha pasado a ser fundamental para el artista, al que conocemos aquí también como director teatral: montó en el Teatro Español Los amantes suicidas de Sonezaki (2013) con marionetas Bunraku. También se ha dado a la arquitectura, en relación igualmente con las tradiciones japonesas: hizo, por ejemplo, un altar shinto en Naoshima y un pabellón de cristal para la ceremonia del té en la Fondazione Giorgio Cini, y ha diseñado su propio museo, a punto de abrirse, que mira al mar en Odawara.



Aves de South Georgia, 2012 (detalle)

Se podría decir que la mirada sobre el mundo de Sugimoto está mediatizada por la historia del arte y de la fotografía. Siempre es indirecta. Lo que nos hace observar, despacio, son artificios, simulacros, modelos de la realidad. Y cuando incorpora a su obra otra de sus pasiones, la ciencia, lo hace a través de precedentes artísticos: sus fotografías y esculturas de modelos matemáticos pasan por los de Man Ray, y su generación de relámpagos homenajea a Henry Fox Talbot y a Michael Faraday, a la vinculación entre fotografía y electricidad.



El montaje en la Fundación Mapfre, de mano del comisario Philip Larratt-Smith, que fue antes de nada archivero de Louise Bourgeois y le busca a los artistas las cosquillas psicoanalíticas, quiere introducirnos en una caja negra (Black Box) que alude a la cámara oscura y a las catástrofes aéreas, y suscita una sombría pero serena meditación sobre la muerte. Y sí, es algo que está en la fotografía de Sugimoto, con sus prolongadas exposiciones (decenas de minutos, horas), sus seres no-vivos, su mirada congelada sobre el mar. La condensación temporal en sus imágenes es a veces casi geológica, y así lo quiso transmitir cuando presentó los Campos de relámpagos en la Pace Gallery de Nueva York, en 2010 (The Day After, tituló la muestra), tejiendo con sus mares y sus dioramas una narrativa que iba de los inicios del Universo al Paleozoico. Aquí no llega a ese nivel de escenificación. Nos deja sólo adivinar cómo está reelaborando su producción.



@ElenaVozmediano