El Cultural

En el jardín de Yoko (Parte 2): Sendero iluminado

Abel Hernández
Publicada

Ahora que hemos entrado al jardín de la gran bruja Yoko, por su puerta transparente de par en par, paseemos. Quizá no haya una forma mejor de comenzar el recorrido que por su principio. Lo que ocurre es que el tiempo se vuelve loco en este jardín. Seguimos etiquetas que nos dan fechas pero al escuchar aquello a lo que ponen año nos resulta extraño que apenas nada haya envejecido.

Sea como sea, sigamos las señales. Esta dice "1959". Mucho antes de conocer a John Lennon y más aún de editar el primero de los seis álbumes que Yoko publicara con su tercer y último marido. En su infancia Yoko ha estudiado piano y composición, y canto de lírica. Su primera composición Secret Piece es de 1955. Hace tres años que está casada con el compositor Toshi Ichiyanagi y vive en Nueva York. Yoko decide suplir la falta de lugares para la música y el arte experimental en la gran manzana y comienza a organizar junto con La Monte Young, los Chambers Music Series, hoy considerados el principal catalizador del origen de Fluxus. Durante doce fines de semana entre 1959 y 1961 el ático-loft industrial de Ono se convierte en el epicentro de la vanguardia artística y musical neoyorquina. Con tan solo un piano de cola y cajas de madera para naranjas como asientos, en él interactúan compositores sin sitio para mostrar su obra, los primeros artistas de performance y nuevos poetas. John Cage, George Maciunas, Max Ernst, Peggy Guggenheimy Marcel y Teeny Duchamp están en la primera sesión. Yoko está en el centro. Llegará a tocar con Cage pero su papel es de directora de la orquesta "que las cosas sucedan". En 1959 un adolescente llamado John Lennon tocaba en The Quarrymen.

Encontramos otra donde dice "1968". Suena un collage sonoro, una voz dice "número 9", hay fragmentos de música sinfónica, rock al revés, animales, ecos. De más de ocho minutos, es el penúltimo corte del conocido como The White Album de La Banda del planeta: The Beatles. Aparece acreditada a Lennon y McCartney pero detrás está nuestra bruja Yoko y todo su bagaje Fluxus y Dadá, de música concreta y cageiana. Pues sí, eso estoy diciendo: Yoko toca en los Beatles. Si le damos la vuelta a la etiqueta pone "1968". El álbum blanco se publica el 22 de noviembre. Justo una semana después se publica Unfinished Music No.1: Two Virgins, el primer disco en colaboración de Ono y Lennon, otro collage sonoro concreto-electroacústico de 32 minutos de duración fruto de una sesión nocturna de grabación en el estudio casero de éste. En su portada, una foto con temporizador en que la (ya sí) pareja aparecen desnudos de frente y de espaldas.





La siguiente parada en el jardín que ahora parece desdoblasrse y multiplicarse reza "1970". La gente insulta a Yoko, la prensa culpa a la bruja de ser quien ha provocado la ruptura de La Banda, casi todos zarandean el primer disco de Yoko Ono/Plastic Ono Band. En él Yoko lanza tremendos alaridos, modula asombrosamente en una selva atonal y gime sobre una base de rock psicodélico, lleva hasta el extremo un estilo vocal derivado del hetai japonés, forma de canto dramático propia del teatro japonés kabuki, por momentos aparece su formación lírica y asoma una caricia de lied (óperas de Berg como "Lulu" y las formas de canto de la India y Tibet forman asimismo parte de su bagaje reconocido y reconocible) mientras la banda atrona su rock funky y eléctrico improvisado. En una de sus canciones AOS el saxo Ornette Coleman se suma. Ono acaba de publicar su libro de recetas artísticas y musicales Grapefruit. De él toma el título Greenfield Morning I Pushed an Empty Baby Carriage All Over the City, uno de los momentos más destacables de esta obra gigantesca y seminal pese a que aún hoy resulte difícil de digerir.



El jardín nos lleva y nos envuelve, entramos en un remolino que abarca una década de la Historia humana. Entre 1970 y 1980, Ono publica varios discos esenciales. Algunos en solitario como Fly (1971) en el que comienza a intercalar la canción pop más convencional entre su bagaje vanguardista y su yo más rockandroll.

Algunos los graba a medias con su (ya sí) marido, Lennon, como Some Time in New York City (1972) y Double Fantasy (Milk and Honey será publicado en 1984). El primero es un álbum muy infravalorado y con altas dosis de mensaje político y por parte de nuestra protagonista representa un gran cambio del rock experimental de sus dos primeros álbumes hacia un rock pop más convencional de contenido feminista. El segundo es tristemente (re)conocido por estar ligado a la muerte de Lennon, publicado tres semanas antes de que Mark David Chapman dispare cinco veces contra él. En ambos la parte de Yoko brilla incluso por encima de la de John.

En solitario (aunque con las mejores guitarras eléctricas que Lennon grabara nunca) graba 3 álbumes entre 1972 y 1974. El doble Approximately Infinite Universe sigue la línea de Some Time in New York City. En él se consolidan con fuerza la faceta de Yoko como autora de enormes baladas y de canciones urbanas rápidas y negroides con algo del encanto naif del pop japonés. Lo siguen Feeling the Space (1973) y A Story, grabado en 1974 pero publicado en 1997. Discos que asombran por lo poco explorados que parecen, llenos de material hermoso y perdurable.





El siguiente cartel dice "1981". Ante nosotros la portada del álbum Season of Glass. Sobre una mesa, ante una ventana con una vista aérea de Central Park (tomada desde el apartamento del Dakota), un vaso de agua medio lleno y unas gafas ensangrentadas: las que portaba John el día de su muerte. Este es un disco de verdad portentoso. Fue publicado apenas medio año después del asesinato y concentra el dolor hasta conformar un núcleo de belleza y sanación, perdón y reconciliación que se abre con Goodbye Sadness y se cierra con Mother of the Universe, e incluye al niño Sean en uno de sus temas. Un disco que tranquilamente, sin estridencias ni polémica, resulta completamente visionario, divertido, jondo y rico musicalmente.







Puede a verse a Yoko como una banshee, lo que en el folclore irlandés medieval representa al hada y mensajera del más allá que, al aparecerse, anuncia con sus gemidos la muerte cercana de un pariente, y esta "temporada de cristal" como el final de esa etapa de aullidos.

Después de ello, la actividad musical, pop, se remansa pero siempre aparece acertada. En It's Alright (I See Rainbows) de 1982, continúa, quizá algo menos inspirada, la senda de la serenidad acercándose a los sonidos de la nueva ola de los ochenta y a un sentido de producción pop avanzado, con eléctronica y toques de world music. Igual que en el siguiente Starpeace (1985), las letras son aparentemente ingenuas pero llenas de intención. Después llegará la recopilación de más cien canciones Onobox (de la que hablábamos la semana pasada) y un par de discos por década, Rising (1995) y Blueprint for a Sunrise (2001). Y, por fin, en 2007, la recuperación por parte de la actual inteligencia musical sobre la que asimismo departimos ya en la anterior columna. Hasta hoy.

2012. Yoko rockera que destroza a gritos el rock. Yoko de la canción pop ingenua cargada de sentido. Yoko gran cantante de registros y recursos nunca antes usados. Yoko que llevó fluxus al Pop, animal y pura. Yoko autora original de imperecederas canciones. Yoko que ha influido a tantos de los músicos (pienso en Kate Pierson de B52, en David Bowie, en Ann Magnuson de Bongwater, en Cyndi Lauper, en Nina Hagen, en Lene Lovich, en Zappa, en Lennon...) Yoko, la gran autora de un sendero iluminado en medio de un jardín selvático y fabuloso. Un camino hecho de hielo a punto de quebrarse.