Image: Ángel Petisme
El poeta Ángel Petisme. Foto: Aitziber Cortijo
Hoy presenta su nuevo poemario, 'La noche 351', en Madrid (21 horas en Huertas, 14). Por él mereció el Premio Jaén de Poesía
Ángel Petisme es poeta "sin bobadas poéticas", premiado autor, músico veterano y padre. Se define como "hijo de poetas marginales con exilios interiores como Carlos Edmundo de Ory o Miguel Labordeta" pero es sobre todo una voz independiente que se propone vivir y escribir con toda la intensidad del mundo. Su último aullido poético, La noche 351, por el que mereció el XXVII Premio Jaén de Poesía, es un libro de viajes en verso y prosa que parte de una experiencia personal que, hilada con un cuento de Las mil y una noches, acaba abrazando lo universal. Así lo expresa él: "Todos creemos que nuestros miedos y pesadillas tienen una solución fuera de casa cuando el paraíso y nuestro tesoro es levantar nuestra autoestima y confiar en el futuro". Hoy lo presenta en Madrid (en Catorce Huertas). Pero hay más, en mayo Hiperión publica su libro Canciones. Del corazón a los labios con todas las letras de sus 13 discos. El sábado 17 de marzo comienza en Barcelona en la sala Luz de Gas una gira que le llevará a varias ciudades hasta 2013.Pregunta.- ¿Qué es la La Noche 351?
Respuesta.- Es un libro de viajes en verso y prosa y un diario personal y lírico. El lector no habitual de poesía puede liberarse de sus prejuicios porque creo que encontrará emoción y hambre de aventura y belleza. El título hace referencia a Sherezade y Las mil y una noches. En ese cuento una persona, que vivía acomodadamente y ahora lo ha perdido todo, sueña con alguien que se le aparece y le dice que su fortuna está en una ciudad lejana. El hombre emprende viaje, llega a la ciudad, le confunden con un ladrón y le encarcelan. Cuando el alcalde de la ciudad le recibe el hombre le explica lo sucedido. Entonces el alcalde rompe en carcajadas y le cuenta que a él también se le aparece en sueños uno que le dice que hay un tesoro en una ciudad lejana. El alcalde le describe la ciudad, la casa, el jardín bajo el que está enterrado el tesoro y el hombre descubre que está hablando de su ciudad y de su propia casa. Así que el hombre regresa y descubre que su fortuna estaba en su hogar. Es lo mismo que me pasó a mí. En 2010 fui invitado a participar en un encuentro de poesía en Irak. Allí no lo pasé nada bien, vi que todo había ido a peor después de la ocupación militar, y al regresar me encontré mi mayor regalo al abrir el buzón de mi casa: debía recoger a mi hija adoptiva a la semana siguiente.
Pienso que en el fondo hoy día todos tenemos algo de esa noche 351 y también de la Sherezade que no quiere acabar el cuento para seguir viviendo; todos creemos que nuestros miedos y pesadillas tienen una solución fuera de casa cuando el paraíso y nuestro tesoro es levantar nuestra autoestima y confiar en el futuro.
P.- Usted es un autor con mucha obra publicada, premios, antologías, discos... ¿Qué aporta La Noche 351 y la concesión del premio Jaén de Poesía en su trayectoria? ¿Por qué se presentó?
R.- Necesitaba como el aire escribir este libro, plasmar mi experiencia del viaje y la más dura de adoptar y educar a una niña de 8 años que estaba llena de cicatrices y me venía con una mochila cargada de piedras. El premio Jaén tiene un gran prestigio y me encanta ser merecedor de él, pero además lo interpreto como otro de los tesoros que me esperaban al volver de La noche 351. Incluso para los poetas que tenemos cierta trayectoria las cosas están difíciles para publicar en editoriales que garanticen distribución y difusión; la lista de espera es infinita, por eso me presenté al premio.
P.- A pesar de las dificultades que atraviesa y que acaba de mencionar, ¿La poesía es hoy más necesaria?
R.- Un artista tiene que poner en pie su obra y su locura. Los artistas son la vanguardia de nuestro tiempo, las patrullas de reconocimiento que mandamos al futuro. Son visionarios y por eso la sociedad se lo agradece con retraso, tras su muerte. Pero una sociedad sin artistas es como un telediario en blanco y negro que sólo habla de la crisis. Cualquier artista bueno mejora la sociedad que le rodea porque transgrede, hace pensar, te emociona y te hace sentir el milagro y la belleza de seguir estando vivos. Con poesía y una sonrisa la vida se vive mejor. Escribir poesía es un acto de esperanza. Yo creo que la poesía no sólo reside en los libros sino en el humor, en el surrealismo de la vida diaria, en todo aquello que nos hace sentir especiales. Mientras la gente haga el amor el consumo de poesía estará asegurado. Yo empecé a leer de muy niño aunque no tenía libros en casa, a mi hija le encanta leer y yo siempre le traigo un libro cuando vuelvo de viaje. No sé, creo que -como decían los chinos- quien lee un libro ya son dos hombres: el que lo ha escrito y el que lo ha leído.
P.- En su libro anterior, Poemails, protesta en uno de sus versos porque en la vida no hay buscadores de Google.
R.- Creo que me refiero al amor, a que muchas personas han renunciado ya a él y sólo esperan el paliativo de un minuto caliente y otras lo buscan toda la vida sin suerte. Es la constatación de una realidad, el amor, la pasión, el ser, al final sólo lo encontramos en la calle y ha de ser así, la vida es buscar (con Google o sin Google). Muchas relaciones que nacen por Internet se mueren si no se consuman en el cara a cara.
P.- La crítica que le hizo El Cultural decía que usted escribe al margen de bobadas poéticas y de bobadas en general. ¿Cómo lo hace?
R.- Ni me lo planteo, soy un tipo de acción. No especulo, no vendo humo, escribo sólo cuando estoy rematadamente mal y lo necesito. Coincido con Paul Theroux que "un hombre feliz no puede ser escritor, que está demasiado ocupado siendo feliz." Desde la complacencia y la autocompasión supongo que sólo se escriben bobadas pero no me gusta juzgar ni criticar sin conocer. Me esfuerzo por respetar, tiene mucho mérito y supone un enorme esfuerzo ponerse delante de una pantalla o un folio en blanco. No puedo condenar el trabajo de nadie ni estoy en posesión de ninguna verdad. Hay que sumar, no restar. Dudo que alguien escriba desde la impostura y el cinismo, al menos yo no podría.
P.- Últimamente hay mucho asociacionismo poético en la literatura española. ¿Se siente en consonancia con algún grupo o generación?
R.- Soy hijo de poetas marginales con exilios interiores como Carlos Edmundo de Ory o Miguel Labordeta. A mí De Villena me incluyó en los Postnovísimos cuando apenas tenía 22 años, había publicado mi primer libro, y en la "sensibilidad del rock" porque soy poeta y cantante pero voy a mi aire. A lo único que me afiliaría es a la sociedad protectora de animales. Cuando quiero socializar lo hago con mis amigos para emborracharme y despepitarme, no para conspirar y autoadularnos. Detesto las etiquetas, no voy a presentaciones de libros ni alterno, no por desprecio sino porque valoro mi tiempo y me gusta dedicarlo a escribir, leer, comer pipas, tocar la guitarra, componer y disfrutar y cuidar de mi hija. Soy realista e irracionalista, sucio y limpio cuando el texto lo requiere, elegante y salvaje, no le hago ascos a nada, reciclo toda la basura que me rodea, escribo desde la experiencia y la conciencia. Un buen poema no se escribe con postulados sino con mucha vida detrás y delante que te provoque una erección del alma nada más entrar en él. No entiendo la guerra de los poetas, mejor dicho la entiendo demasiado: sólo está en juego el reparto de un mordisco del pastelito (ni siquiera es una tarta) y privilegios, no por poéticas verdaderamente sólidas ni argumentos linguísticos. Creo que me llevo bien con todo el mundo y soy conciliador.
P.- Yendo al tópico de todos los poetas escriben siempre el mismo poema, ¿Cuál es el suyo?
R.- No comparto ese aforismo reduccionista. Intento que cada vez que respiro sea de manera diferente.Se siente y se escribe de tantos modos. Creo en la utilidad y ética de las palabras. La poesía lava y centrifuga toda la demagogia y perversión de los políticos y banqueros. Hay valores que no cotizan en bolsa, mira igual ese es mi poema.