Image: Vari Caramés
Sur de Francia, 1999
Han transcurrido algo más de cuatro años desde la última exposición en Madrid de Vari Caramés (Ferrol, 1953) que, aunque en este tiempo ha mostrado su obra en otras ciudades españolas, mantiene desde La Coruña vínculos estrechos con su comunidad geográfica y artística. Para este regreso a Madrid ha seleccionado un grupo de fotografías, la mayoría de ellas vistas ya en la excelente retrospectiva de hace dos años en el CGAC, sobre un elemento insoslayable en Galicia: el agua (el mismo que hace unos meses escogiera Cristina García Rodero como motivo cohesionador de su obra reciente en Juana de Aizpuru). Caramés pertenece al tipo de fotógrafo que no prepara sino que "capta" imágenes. Hace multitud de fotografías con una cámara de 35 mm -no le preocupa la calidad de las copias ni trabaja en tamaños muy grandes- según el principio del azar creativo que después descarta o aprueba. él mismo habla de "sacar efectos de los defectos": al fotografiar, juega con los enfoques, diafragmas, tiempos de exposición o movimientos de cámara para conseguir imágenes imperfectas, borrosas. Es como si el fotógrafo fuera ciego y no fuera capaz de calibrar los factores a tener en cuenta, de manera que la cámara no se comporta como una prolongación o parte del ojo sino como mirada autónoma. Es un método válido con el que ha conseguido resultados interesantes pero del que considero que ha abusado ya. Y que, sobre todo, exige el máximo rigor al propio artista, que no debería mostrar nada más que las pocas fotografías realmente excepcionales (que las tiene), rechazando las que son sólo buenas.El procedimiento es, no obstante, en este grupo de fotografías sobre el agua, especialmente conveniente: las lluvias y las brumas gallegas desdibujan los contornos, al igual que la visión subacuática. En las fotografías en color, más recientes y atractivas, hace que los campos cromáticos adquieran una especie de capacidad de expansión visual. Por ora parte, en la selección, bien estructurada (paraguas, playas, buceos, ciudades mojadas y barcas), destacan las figuras y objetos sumergidos por sus cualidades dinámicas y lumínicas, así como alguna de las barcas por su esencialidad compositiva, que va bien a este tipo de obra.