Image: Carles Congost
Yo no sé si voy a ser injusta en esta crítica, porque mi nivel de inglés no me da para entender la voz en off que cuenta no sé qué al inicio de la proyección del vídeo Love & FX, y puede ser que toda la sustancia de la instalación de Carles Congost, que es de Olot pero a lo mejor ha pasado toda su vida en Londres o en Nueva York, se explique en esa parrafada. Una vez hecha esta advertencia, tengo que decir que no le encuentro ningún sentido a esta intervención, titulada Popcornlove en el Espacio Uno, que ya fue discoteca y ahora es cine. Eso sí, cine glamouroso, con una grandísima cama para que uno pueda evolucionar entre los numerosos cojines al ritmo de la música de The Congosound mientras se merienda las palomitas que ofrecen a la entrada y contempla arrobado a los guapísimos jovencitos de los dos vídeos que se proyectan (bueno, el habitante del centro de la tierra de Cráteres no es guapo, es un monstruo de ciencia ficción en toda regla). No es que Love & FX (que se resume en que, en un gimnasio, una rubita se convierte en una nube rosa que encanta a los chicos) no sea divino como vídeo-clip de alguna adolescente transformada en estrella por una multinacional o como anuncio de maquillaje de muchos colorines, pero, desde luego, no es obra de arte para ser expuesta con semejante protagonismo en el Reina Sofía. Realmente no consigo ver nada de interés por debajo o por encima de toda esta frivolidad. Si Congost tenía alguna intención crítica debería haberla subrayado un poquito más. Pero ya digo que a lo mejor es que no lo he entendido.