Paula Badosa, en una imagen en sus redes sociales

Paula Badosa, en una imagen en sus redes sociales

Tenis

De Nueva York a Barcelona y Dubái: así es la historia familiar de Paula Badosa, la estrella del tenis español

La tenista española publicó esta semana un sentido mensaje en sus redes sociales sobre su momento deportivo actual.

Más información: La lección de vida de Paula Badosa tras su calvario con las lesiones: "Una vez más voy a demostrar que puedo salir"

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Este lunes, Paula Badosa publicó en Instagram uno de los textos más desnudos de su carrera. "A veces no puedo controlar las voces dentro de mí. Me siento perdida en un mar de emociones", escribía la tenista catalana.

También advertía que su mejor versión aún no ha regresado, aunque confía en que lo hará: "Paula no está de vuelta, pero lo estará". Un mensaje que sacudió las redes sociales y que obliga a mirar más allá de los resultados para entender a una deportista moldeada por una vida tan itinerante como singular.

La historia de Paula Badosa comienza lejos del Mediterráneo. Nació el 15 de noviembre de 1997 en Manhattan, Nueva York, hija de Mireia y Josep, un matrimonio catalán que había emigrado a Estados Unidos por razones profesionales ligadas al mundo de la moda y la fotografía.

Paula pasó sus primeros años de vida en la ciudad que nunca duerme, aunque sin echar raíces: el idioma, las costumbres y la identidad siempre fueron las de una familia catalana trasplantada al otro lado del Atlántico.

Con siete años, la familia emprendió el regreso a España y se instaló en Begur, un pequeño municipio de la Costa Brava gerundense. Aquel pueblo pegado al Mediterráneo fue el escenario de su infancia real, la que recuerda cuando habla de sus orígenes.

Sus padres pusieron en marcha una tienda de ropa en el municipio, y el ambiente estético que respiraba en casa sembró en Paula una fascinación temprana por la moda, un mundo en el que llegó a imaginarse a sí misma antes de descubrir el tenis.

Fue precisamente en la Costa Brava donde empezó a golpear pelotas con seriedad, en el Club Tennis d'Aro, donde los entrenadores detectaron rápidamente un talento excepcional. Sin embargo, el salto de nivel exigía sacrificios: con catorce años dejó Begur y se marchó a Valencia para integrarse en un grupo de alto rendimiento, arrancando así una vida de maletas que no ha tenido pausa desde entonces.

Paula Badosa, en la Copa Billie Jean King

Paula Badosa, en la Copa Billie Jean King Europa Press

A los diecisiete ya estaba en Barcelona, compaginando la exigencia del circuito con la cercanía de una ciudad que se convirtió en su base de operaciones.

En los últimos años, el calendario del circuito WTA y la búsqueda de condiciones óptimas de entrenamiento la llevaron también a Dubái, ciudad donde tiene residencia parcial y en la que, paradójicamente, vivió uno de sus episodios más dolorosos de la temporada: su retirada en segunda ronda ante Elina Svitolina en febrero, con una lesión en el muslo derecho.

Aquella tarde en los Emiratos desató una nueva polémica en redes sociales, a la que Badosa respondió con dureza: "No tenéis ni idea de cómo es vivir con una lesión crónica y seguir eligiendo salir a luchar."

El suyo es un calvario que arrancó el 12 de mayo de 2023 en Roma, cuando se fracturó por estrés la vértebra L-4 durante un partido. Desde entonces, la fractura se ha convertido en una sombra crónica que aparece y desaparece sin avisar.

Casi tres años después, el contador de retiradas en mitad de torneos supera la treintena, y el ranking -que llegó a situarla como número dos del mundo en 2022- ha caído hasta el puesto 113.

La misma chica que creció entre la moda de Nueva York y las calas de Begur, que aprendió a vivir sola con catorce años y que habla de sus demonios interiores con una honestidad poco habitual en el deporte de élite, sigue prometiendo lo de siempre:

"Para eso sigo aquí. Porque una vez más voy a demostrar que puedo salir".