Montaje de Carlos Alcaraz y el pueblo donde el año pasado fue a descansar.

Montaje de Carlos Alcaraz y el pueblo donde el año pasado fue a descansar. EE

Tenis

El pueblo español donde Carlos Alcaraz desconecta: de los más antiguos de Europa con 5.000 años y una necrópolis

El tenista murciano se dejó ver el año pasado en este municipio de Sevilla tras conquistar Wimbledon comiendo en un conocido restaurante.

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A solo 30 kilómetros de Sevilla, sobre un alcor con vistas a la campiña andaluza, existe un rincón de España que lleva habitado de forma ininterrumpida desde hace 5.000 años.

No es un yacimiento arqueológico abandonado ni una ciudad reconstruida para el turismo: es un municipio vivo, con bares, vecinos y calles empedradas donde el pasado y el presente conviven con una naturalidad asombrosa.

Ese lugar tiene el don de hacer que cualquiera que llegue baje el ritmo y respire hondo. Tanto es así que el verano pasado, en plenas vacaciones tras ganar Wimbledon, Carlos Alcaraz eligió este enclave para una escapada discreta lejos de los focos.

Carmona arranca su historia en el tránsito del Neolítico al Calcolítico, cuando los primeros pobladores se asentaron sobre su posición elevada aprovechando las defensas naturales del terreno.

Desde entonces, tartesios, turdetanos, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes han ido dejando sus capas sobre la misma tierra, creando una estratigrafía histórica única en la Península Ibérica. Los romanos la bautizaron como Carmo y la convirtieron en una de las ciudades más prósperas de la Bética, otorgándole incluso el privilegio de acuñar moneda propia.

Carlos Alcaraz despidiéndose del público en el Miami Open.

Carlos Alcaraz despidiéndose del público en el Miami Open. REUTERS

Esta continuidad habitacional sin interrupciones es lo que la convierte en una de las ciudades más antiguas de Europa aún pobladas, un título que muy pocos municipios del continente pueden disputarle.

El tenista murciano fue visto en el conocido restaurante La Almazara, uno de los locales de referencia del pueblo, donde disfrutó de una comida tranquila que rápidamente corrió como la pólvora entre los vecinos. No es difícil entender la elección: Carmona ofrece exactamente lo contrario a la vorágine de los grandes circuitos. Aquí no hay paparazis apostados ni fans agolpados. Solo historia, gastronomía y calma.

Y es que si hay algo que eleva a este pueblo sevillano a otra dimensión, es su necrópolis romana. Descubierta de forma fortuita en 1868 durante unas obras, fue excavada a partir de 1881 por el arqueólogo inglés George Bonsor.

En 1885 se convirtió en el primer yacimiento arqueológico abierto al público en toda España. Hoy es considerada uno de los conjuntos funerarios romanos mejor conservados de la Península.

La necrópolis, datada entre los siglos I a.C. y IV d.C., impresiona por la variedad y el estado de sus enterramientos. El ritual más habitual era la incineración: los cuerpos cremados en quemaderos excavados en roca viva y las cenizas depositadas en urnas dentro de mausoleos subterráneos familiares.

Joyas como la Tumba del Elefante, la Tumba de Servilia -con frescos originales de influencia griega- o la Tumba de Postumio hablan de la sofisticación de la antigua Carmo. Y el subsuelo sigue dando sorpresas: en 2019, un matrimonio que rehabilitaba su casa descubrió en el patio un mausoleo romano intacto del siglo I, con urnas funerarias aún en sus nichos, nunca expoliado.

Frente a la necrópolis, el anfiteatro romano -considerado el primero construido en España- completa un conjunto que en cualquier otro país europeo sería destino de primer orden mundial.

Aquí forma parte del paisaje cotidiano de un pueblo donde se puede comer en una terraza, pasear entre murallas milenarias y, de vez en cuando, cruzarse con el mejor tenista del mundo buscando exactamente eso: silencio con 5.000 años de historia detrás.