Alcaraz, tumbado celebrando el Open de Australia.

Alcaraz, tumbado celebrando el Open de Australia. REUTERS

Tenis

Los tres partidos que ganó Alcaraz para entrar en la leyenda: ante Djokovic, contra la Historia y contra sus fantasmas

Tras el cambio de entrenador, el tenista murciano tenía una presión añadida en Melbourne por demostrar que su decisión no había sido errónea.

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Presión, mucha presión. El Open de Australia venía muy condicionado para Carlos Alcaraz, más que nunca. Varios factores añadían una exigencia extra ante la que jamás se había enfrentado el murciano.

Por un lado, la posibilidad de destrozar un récord que le iba a elevar directamente a la categoría de leyenda. La opción de convertirse en el tenista más joven de todos los tiempos en completar los cuatro Grand Slams era, sin duda, un aliciente de doble filo.

Por otra parte, y seguramente la más delicada, la necesidad de demostrar que no había acusado el cambio de entrenador. No de puertas para dentro, ya que su decisión era firme y tanto él como su entorno estaban convencidos, pero tenía que espantar los fantasmas de cara al exterior.

Su abrupta separación de Juan Carlos Ferrero parecía mover los cimientos de una carrera bien asentada, pero el resultado de Australia viene a justificar la decisión más controvertida de su todavía corta trayectoria.

"No es que me haya quitado presión de encima. Juego por mí, por mi equipo y por mi familia, no juego por el qué dirán". Esas palabras de madurez tras lograr el pase a las semifinales se entendieron como una muestra de consistencia que han desembocado en un triunfo histórico.

Novak Djokovic y Carlos Alcaraz se abrazan tras la final del Open de Australia 2026.

Novak Djokovic y Carlos Alcaraz se abrazan tras la final del Open de Australia 2026. REUTERS

Por si fuera poco, el rival en la gran final tenía tanto de simbólico como de complicado. Un Djokovic a las puertas de otro récord, el de ser el tenista con más grandes de la historia por delante de Margaret Court, que aceptó de buen grado la superioridad de la savia nueva que amenaza con romper todos los registros.

Sin Juan Carlos Ferrero

Un terremoto sacudió la tranquilidad de Carlos Alcaraz a escasos días de comenzar la nueva temporada. El anuncio de la ruptura con Juan Carlos Ferrero, su maestro desde el banquillo, asombró a todo el mundo.

De repente, y pese a que la figura de Samu López parecía más que solvente para coger las riendas de la carrera del murciano, las dudas se apoderaron del futuro de Alcaraz y ese cambio de entrenador pasó a ser el centro de la conversación.

Carlos Alcaraz, con el título de campeón del Open de Australia 2026.

Carlos Alcaraz, con el título de campeón del Open de Australia 2026. REUTERS

Pese a todo, tanto el tenista como su entorno tenían claro que la apuesta era firme y ganadora. Eso no era óbice, sin embargo, para que pudieran notar que iban a ser sometidos a juicio según lo que pasara en el Open de Australia.

Sabían que si Alcaraz no daba la talla en Melbourne los rumores se iban a disparar. Que si no mostraba un buen nivel en el primer Grand Slam de la temporada, el cambio drástico iba a ser criticado por muchos.

Este Open de Australia se había convertido de repente en una prueba crítica, más de lo que nunca hubiera imaginado Alcaraz.

Sale reforzado

Ahora se puede decir que el Open de Australia le ha dado la razón a Carlos Alcaraz. No ha habido ni un solo tenista que haya demostrado un nivel de tenis apenas parejo al suyo en las dos semanas de competición en Melbourne.

El murciano ha jugado como los ángeles. Si ya la temporada pasada había conseguido domar esas desconexiones que de vez en cuando regalaba en los partidos, la consistencia que ha exhibido en la primera gran cita del año le convirtió en un jugador inexpugnable.

Alcaraz besa el trofeo en Melbourne.

Alcaraz besa el trofeo en Melbourne. REUTERS

Su conexión con el banquillo ha sido además total. En cada partido se le podía ver acudiendo asiduamente a la esquina para recibir instrucciones y consejo de Samu López. Muy dialogante en todo momento con su staff.

Consecuencias de la presión

El momento más crítico de Alcaraz en el torneo llegó en el partido de semifinales ante Alexander Zverev. Tenía todo bajo control el murciano en el tercer set cuando todo se torció de repente.

Olía la final después de haber ganado las dos primeras mangas, pero entonces saltaron todas las alarmas. "He vomitado. No sé si tengo que tomarme algo", le dijo a su banquillo en pleno partido.

Acto seguido pasó a ser prácticamente un muñeco sobre la pista. Los calambres se apoderaron de su cuerpo y le impidieron moverse con la intensidad que requiere un partido profesional. Eso hizo que Zverev ganara los dos siguientes sets y el encuentro tuviera que ir al quinto parcial.

No era la primera vez que le pasaba algo similar a Alcaraz en pleno partido. La excesiva presión que cargaba en su cabeza le llevó en más de una ocasión en el pasado a sufrir este tipo de problemas físicos, pero parecía también haber domado este asunto.

En Australia volvió a las andadas. Un momento crítico que le llevó al límite de la eliminación, aunque supo recuperarse en el set definitivo y volver a su mejor versión para lograr el pase a la final y seguir vivo en el torneo.

La Historia le esperaba

Alcaraz había fijado su punto de mira en el Open de Australia. Él mismo lo había proclamado abiertamente, no era algo impuesto. Incluso llegó a comentar que cambiaba la opción de ganar otros dos Grand Slams en el año por salir victorioso de Melbourne.

La obsesión por ganar en la Rod Laver Arena tenía una clara motivación. Completar el 'Career Grand Slam' antes que nadie, ser el más joven de todos los tiempos en hacer el póquer de grandes con tan sólo 22 años.

Rafa Nadal lo había conseguido con 24, y darle ese mordisco a la historia era un aliciente más para un tipo que, no se esconde, quiere ser el mejor. A su manera, eso sí. Y parece que de esta forma le está yendo mejor que a nadie.

Ahora Alcaraz ya puede presumir de haber ganado en Melbourne, París, Londres y Nueva York. Nadie conoce sus límites, pero su proyección es simplemente escalofriante.

Con Djokovic enfrente

Cualquiera en semifinales habría apostado por una final Alcaraz - Sinner en la Rod Laver. Sin embargo, el serbio dio la sorpresa, si es que se puede catalogar así, ante el italiano, y demostró que todavía tiene unos últimos coletazos por dar en el tenis.

Ya pidió respeto unos días atrás en rueda de prensa cuando recordó que tiene la curiosa cifra de 24 Grand Slams, por si se le había olvidado a alguien.

El destino quiso que la final fuera todavía más emotiva para Alcaraz. Suponía el choque de dos generaciones totalmente diferentes, de dos momentos opuestos. Una carrera que todavía emerge con 22 años, y otra que se resiste a apagarse con la friolera de 38 primaveras.

Djokovic, en el partido ante Alcaraz.

Djokovic, en el partido ante Alcaraz. REUTERS

Era récord de precocidad para uno, o hito de cantidad y leyenda para el que quería ser en solitario el tenista con más Grand Slams de la historia. Djokovic tendrá que seguir esperando.

Pese a que soñó después de imponerse en el primer set, el serbio terminó rindiéndose a la evidencia. Ahora mismo Alcaraz es más que él, seguramente más que nadie. El futuro se prepara para ver a un murciano, o un marciano, arrasando durante mucho tiempo.