Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, en su exhibición en Corea

Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, en su exhibición en Corea EFE

Tenis

Alcaraz y Sinner cambian por el otro: los ajustes técnicos y tácticos de una rivalidad que continúa en Australia

El tenista murciano, ya sin Juan Carlos Ferrero, arranca este domingo la conquista del Grand Slam que le queda por ganar.

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La imagen simbolizó mejor que nada el estado actual del tenis mundial. Carlos Alcaraz y Jannik Sinner compartieron hace una semana avión rumbo a Melbourne tras disputar una exhibición millonaria en Seúl, la Six Kings Slam asiática que abrió el calendario de 2026.

Mientras el resto del circuito ATP viajaba por separado desde sus respectivas bases de entrenamiento, los dos números uno y dos del mundo volaban juntos hacia el Open de Australia. No es casualidad.

En los últimos años, estos dos veinteañeros han construido una rivalidad tan intensa que sus carreras ya no se entienden la una sin la otra. Y lo más fascinante es que ambos han comenzado a modificar aspectos fundamentales de su tenis pensando específicamente en vencer al otro.

El balance de fuerzas antes del primer Grand Slam del año es contundente: Alcaraz domina el cara a cara con un marcador de diez victorias frente a seis derrotas. Más revelador aún resulta el dato de los últimos ocho enfrentamientos, donde el murciano se impuso en siete ocasiones.

Sin embargo, cuando se amplía el foco al panorama global, la conclusión es abrumadora: entre ambos se han repartido los últimos ocho títulos de Grand Slam sin que ningún otro tenista haya podido siquiera colarse en una final.

Su dominio combinado contra el resto del circuito arroja un escalofriante balance de 93 victorias por apenas 6 derrotas, excluyendo sus duelos directos.

Pero es precisamente ese desequilibrio en los enfrentamientos cara a cara lo que ha desencadenado una revolución táctica sin precedentes en el tenis de élite contemporáneo.

Carlos Alcaraz y Jannik Sinner

Carlos Alcaraz y Jannik Sinner Europa Press

Sinner, acostumbrado a arrasar a sus rivales con una regularidad metronómica, se encuentra con que su fórmula ganadora se estrella sistemáticamente contra Alcaraz. Y el italiano, lejos de resignarse, ha decidido transformarse.

La confesión que cambió todo

El punto de inflexión llegó tras la final del último US Open, cuando Sinner ofreció una declaración inusualmente autocrítica que resonó en todo el mundo del tenis. "Hoy fui muy predecible", reconoció ante los medios.

"Tengo que tratar de ser un jugador un poco más impredecible, porque creo que eso es lo que tengo que hacer". Pocas veces un tenista de élite admite con tanta claridad que su rival le ha descifrado el código.

Carlos Alcaraz ha ganado siete de sus últimos ocho enfrentamientos contra Jannik Sinner

El diagnóstico era acertado. Los números no mentían: durante la mayor parte de 2025, Sinner empleaba golpes variados -dejadas, cortados, cambios de altura y efectos- en apenas el 11,7% de sus intercambios, muy por debajo de la media del circuito que ronda el 21%.

Alcaraz, en cambio, alcanzaba un 24,6%. Esa brecha de 13 puntos porcentuales explicaba en gran medida por qué el español conseguía romper el ritmo mecanizado que convierte al italiano en prácticamente imbatible.

Desde septiembre, Sinner ha emprendido una evolución consciente. Incrementó su porcentaje de variedad hasta el 12,9% en el promedio final del año, con picos del 14,5% en los Masters 1.000 de París y Viena.

El revés cortado, ese golpe tan asociado a Roger Federer, se ha convertido en su nueva arma experimental. La intención es clara: automatizarlo contra rivales menores para poder desplegarlo con naturalidad cuando se enfrente a Alcaraz, especialmente en tierra batida y hierba, superficies donde ese golpe resulta devastador para romper ritmos.

Pero la transformación de Sinner no se limita a añadir recursos ofensivos. En su rueda de prensa previa al Open de Australia, el italiano confirmó que ha trabajado intensamente en sus transiciones hacia la red y ha realizado ajustes en la mecánica de su saque.

"Hemos cambiado un par de cosas, pero son pequeños detalles", explicó con su característico tono lacónico. "He trabajado las subidas a la red", agregó, aunque matizó que los cambios no están dirigidos exclusivamente contra un rival específico sino para "ser mejor tenista y sentirse cómodo en cualquier situación".

La evolución paralela de Alcaraz

Mientras Sinner trataba de incorporar variedad, Alcaraz trabajaba en la dirección contraria en un aspecto concreto: la consistencia de su saque.

Carlos Alcaraz realiza un saque durante el Open de Australia 2025

Carlos Alcaraz realiza un saque durante el Open de Australia 2025 Reuters

El murciano detectó que su servicio, históricamente irregular, podía convertirse en arma definitiva si lograba mayor fluidez y potencia. Y se embarcó en una revolución técnica que ha requerido dos años de trabajo meticuloso.

La primera fase llegó en junio de 2024, cuando eliminó una de las dos paradas que realizaba en el movimiento del saque. La segunda fase se completó el pasado año: eliminación total de paradas y adopción de un movimiento directo inspirado en Novak Djokovic.

La innovación clave consiste en elevar la pelota hasta la altura del pecho antes de iniciar el swing, un gesto que le proporciona mayor control sobre dirección y potencia. Los resultados en 2025 fueron espectaculares: sus saques aterrizaban a 64 centímetros de las líneas objetivo, 5 centímetros mejor que la media del circuito. En la final del US Open contra Sinner no cometió ni una sola doble falta.

Pero lo verdaderamente relevante es cómo Alcaraz ha diseñado su saque específicamente para explotar una debilidad técnica de Sinner. El italiano resta con una posición girada, con la pierna derecha retrasada, lo que le permite apoyarse eficientemente para salir hacia adelante.

Sin embargo, esa postura obliga a un giro de 180 grados cuando recibe saques con altura sobre el revés. Alcaraz lo detectó y comenzó a bombardear sistemáticamente esa zona con servicios cargados de efecto liftado. El resultado: restos cortos que el español castigaba a placer.

Tácticas específicas

Más allá del saque, Alcaraz ha desarrollado un plan táctico integral para neutralizar el tenis de Sinner. El patrón quedó expuesto con claridad meridiana en la final de Roma 2025, donde el murciano desplegó un dominio apabullante basado en la derecha cruzada.

La estrategia consistía en desplazar a Sinner con bolas pesadas y profundas al revés, obligándole a golpear desde dos o tres metros detrás de la línea de fondo. Cuando el italiano quedaba corto, llegaba el ataque fulminante a la derecha cruzada.

Sinner devuelve un golpe muy forzado en la última final de Roland Garros.

Sinner devuelve un golpe muy forzado en la última final de Roland Garros. Reuters Reuters

Las estadísticas de aquel partido resultan elocuentes: Alcaraz golpeó 14 derechas más que Sinner, mientras que el italiano ejecutó 15 reveses menos de lo habitual. Alcaraz consiguió transformar el duelo, tradicionalmente dominado por intercambios de revés a revés donde Sinner es prácticamente invencible, en una batalla de derecha a derecha donde su pegada y ángulos resultaban superiores.

La otra gran ventaja de Alcaraz reside en su superioridad física cuando los partidos se alargan más allá de las cuatro horas. La final de Roland Garros 2025, que duró 5 horas y 29 minutos, evidenció que el español posee una marcha más en resistencia, aceleración y recuperación entre puntos.

Ganó el 46% de los puntos disputados desde posición defensiva, una cifra extraordinaria que demuestra su capacidad para absorber las embestidas de Sinner y transformar defensa en ataque desde ángulos aparentemente imposibles.

El factor psicológico

Simone Vagnozzi, entrenador de Sinner, admitió tras la derrota en el US Open que Alcaraz ejerce una "superioridad psicológica" sobre su pupilo. Es una confesión relevante viniendo de un equipo técnico habitualmente hermético.

La realidad es que Sinner, prácticamente invicto contra el resto del mundo, acumula 7 derrotas en sus últimos 8 enfrentamientos con el murciano. Esa estadística inevitablemente genera dudas en momentos críticos.

"[Sinner y yo] Nos empujamos el uno al otro a ser mejores al cien por cien"

Carlos Alcaraz, en la previa del Open de Australia

Sin embargo, ambos jugadores han expresado públicamente que la rivalidad les empuja a mejorar. "Nos empujamos el uno al otro a ser mejores al cien por cien", declaró Alcaraz antes de viajar a Melbourne.

Sinner, por su parte, ha asumido que el proceso de transformación requiere paciencia: "El número de errores al momento es seguramente un poco más alto, pero esperamos se acomode. Entrenar es una cosa y jugar un partido es otra".

El duelo según las superficies

El análisis por superficies revela matices interesantes. En tierra batida, Alcaraz parte con ventaja clara gracias a su mayor repertorio, mejor movimiento y resistencia física.

En hierba, la situación es más equilibrada: ambos se adaptan bien, aunque la variedad del español le otorga un ligero margen.

En pista dura rápida, Sinner había llegado a encadenar veintisiete victorias consecutivas en Grand Slams hasta que Alcaraz le derrotó en el US Open ajustando su táctica. En pista dura lenta, el equilibrio es casi absoluto.

Lo fascinante es que ninguno de los dos se resigna a aceptar esas tendencias como inmutables. Sinner trabaja su juego sobre tierra para reducir la brecha. Alcaraz perfecciona su consistencia sobre pista dura para consolidar su dominio. Ambos saben que cada Grand Slam será un examen de los ajustes realizados durante los meses previos.

Con el arranque del Open de Australia, ambos llegarán como favoritos absolutos en sus respectivas mitades del cuadro. Si el tenis respeta la lógica, volverán a encontrarse en la final.

Alcaraz y Sinner, en la final del último US Open

Alcaraz y Sinner, en la final del último US Open Reuters Reuters

Entonces veremos si los cambios implementados por Sinner bastan para revertir el dominio que Alcaraz ejerce en una rivalidad que ya ha redefinido el tenis moderno. O si, por el contrario, el español habrá encontrado nuevas respuestas para mantener su ventaja.

Lo que resulta seguro es que ambos seguirán evolucionando pensando el uno en el otro, porque ya no conciben su tenis de otra manera