Novak Djokovic, en el paddock de la Fórmula 1

Novak Djokovic, en el paddock de la Fórmula 1 Europa Press

Tenis

Novak Djokovic (38), tenista con 24 Grand Slams, confiesa su debilidad: "Me encantan los dátiles, como todo el día"

El serbio descubre las razones por las que ha sido capaz de extender su carrera deportiva con tanto éxito.

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A. M.
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Novak Djokovic lleva años defendiendo que lo que come es tan importante como las horas que pasa en pista, hasta el punto de convertir su dieta en eje de su longevidad deportiva. En una conversación con el fundador de The Tennis 101, Ben Johnson, el serbio resumió su evolución nutricional con una frase rotunda: "Comer carne me quitaba energía".

Djokovic, que en su día descubrió intolerancias al gluten y a la lactosa, asumió un cambio radical en su alimentación que le ha permitido alargar su carrera en la élite con 38 años.

Primero eliminó el gluten, después redujo al mínimo los lácteos y los azúcares refinados, y con el tiempo evolucionó hacia una dieta principalmente basada en plantas, rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos y cereales sin gluten.

Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, en un entrenamiento en Wimbledon.

Carlos Alcaraz y Novak Djokovic, en un entrenamiento en Wimbledon. ATP

En su charla con Ben Johnson, el número uno del mundo incidió en cómo la alimentación condiciona la energía disponible para competir al máximo nivel. "Comer carne fue difícil para mi digestión y me quitó mucha energía esencial que necesito para concentrarme, para recuperarme, para la siguiente sesión de entrenamiento y para el siguiente partido",

De ahí enlazó directamente lo que pone en el plato con su capacidad de sostener partidos largos y temporadas exigentes.

Fruta, batidos y dátiles

El serbio ha ido sustituyendo las fuentes de energía pesadas por otras que considera más ligeras y sostenibles a lo largo del día. "Me gusta tomar fruta, un batido o jugo de frutas; algo para obtener multivitaminas", comentó.

En esa misma línea confesó una de sus debilidades más conocidas en el circuito: "Me encantan los dátiles. Dátiles todo el día".

Esa elección no es casual en un deportista de élite: los dátiles concentran azúcares naturales, potasio y otros micronutrientes que facilitan la recarga de glucógeno y la recuperación entre esfuerzos, algo clave en partidos que pueden superar las tres o cuatro horas en un Grand Slam.

Todo encaja con un enfoque que prioriza la inflamación baja, la estabilidad de energía y la claridad mental, pilares que Djokovic ha mencionado en varias ocasiones como parte de su "receta" de longevidad.

Un cuerpo siempre en movimiento

Para Djokovic, la nutrición es solo un pilar más dentro de un estilo de vida diseñado para que el cuerpo nunca deje de moverse. "Si no tengo entrenamiento de tenis ni obligación de entrenar, quiero mantenerme activo. Quiero estar al aire libre, idealmente también para mi bienestar", asegura.

"Me encanta nadar en el mar, montar en bicicleta, hacer senderismo, correr, trotar. Me gusta practicar otros deportes: fútbol, baloncesto, pádel, ping pong… lo que sea, solo para mejorar la circulación", comenta.

"Y luego, una vez que he cumplido con esa parte activa del día, me gusta relajarme, y quizás ir a la sauna y al baño de hielo", añade, describiendo una rutina que combina estímulos variados, trabajo cardiovascular y recuperación activa.

Palmarés histórico y reto en Australia

Esa disciplina en la mesa y fuera de la pista ha ido de la mano de un palmarés que ya forma parte de la historia del deporte. Djokovic es el tenista masculino con más Grand Slams de la historia, con 24 grandes en su haber, incluidos 10 títulos en el Open de Australia, 7 coronas en Wimbledon y varias conquistas en Roland Garros y US Open que han consolidado su estatus de leyenda.

Convertido desde hace años en referencia absoluta del tenis moderno, el serbio arranca ahora una nueva temporada en Melbourne, escenario de muchas de sus mayores gestas.

Llega a este Open de Australia apoyado en la misma combinación que ha marcado su carrera: una mentalidad competitiva feroz y una estrategia de alimentación y estilo de vida diseñada al milímetro para que, a su edad, el cuerpo siga respondiendo como el de un veinteañero en los momentos decisivos.