María Añó, gimnasta.

María Añó, gimnasta.

Otros Deportes

María Añó, gimnasta que llegó a pesar 38 kilos: "Nos restringían hasta el plátano, sólo podíamos comer o cenar un yogur"

La deportista llegó a denunciar las actitudes que sufrió por parte de una de sus entrenadoras.

Más información: Álvaro Núñez (32), extenista y agente inmobiliario: "Salté en paracaídas cerrando una venta de 22 millones, es surrealista"

A. M.
Publicada

María Añó es una gimnasta rítmica española, cinco veces campeona de España, que empezó en este deporte cuando era muy pequeña y lo vivía como un sueño.

Con el tiempo llegó a la élite, pero el camino que debía llevarla a los grandes campeonatos se llenó de insultos, controles de peso obsesivos y castigos que dañaron su salud física y emocional. Ella misma ha contado que pasaba por la báscula dos veces al día, que llegó a pesar solo 38 kilos y que, aun así, le llamaban "gorda" y "celulítica".

El relato de María confirma una realidad conocida en la gimnasia rítmica: la obsesión por la delgadez como condición para ser "válida".

La propia gimnasta explica que le hicieron creer que esa exigencia era normal, que la gimnasia era sacrificio y disciplina sin límites, hasta que entendió que lo que vivía era maltrato.

En sus palabras, la gimnasia rítmica debería ser exigente, pero no a costa de la dignidad, la salud ni el respeto básico a las personas.

La relación con la comida

En las concentraciones y competiciones, la comida se convirtió para María en una fuente constante de miedo y culpa. Ella explica que "nos restringían el plátano porque decían que engordaba, la pasta… Solo podíamos comer o cenar yogur".

También cuenta que "pagábamos dietas por ir a competición y ese dinero se lo quedaban para ir a restaurantes y comer. A nosotras nos daban un yogur y pasábamos hambre".

En uno de esos campeonatos, recuerda: "En ese campeonato me alimentaba a base de yogur y sopas, solo con caldo", comentó en un programa de Telecinco. Esa manera de comer no era una decisión deportiva planificada, sino un castigo constante que la llevaba a sentirse cada vez más débil y a creer que su cuerpo nunca era suficiente.

Castigos y malos tratos de su entrenadora

El control no se quedaba solo en la alimentación: se extendía a todos los aspectos de su vida en el gimnasio. María ha relatado que le insultaban, le humillaban delante de sus compañeras y le hacían sentirse culpable cada vez que fallaba, como si su valor dependiera de no cometer errores.

Uno de los episodios más duros que cuenta es cuando, tras no clasificarse en una competición, "a nosotras nos dieron el hueso del pollo y nos dijeron que no merecíamos cena porque habíamos fallado".

En otras ocasiones le dejaban sin comer, sin beber o sin atención de fisioterapia como castigo, recortándole incluso el acceso a cuidados básicos que cualquier deportista necesita. Hubo un momento clave en 2019, cuando una de sus entrenadoras le dijo que estaba "loca" y que necesitaba un psicólogo. Esa palabra le hizo darse cuenta de que lo que vivía no era normal y que aquello tenía nombre: maltrato.

Las consecuencias y su denuncia

Todo este proceso dejó marcas profundas en María: bajó muchísimo de peso, desarrolló problemas con la comida y terminó muchos días llorando, escondida en su habitación, sin atreverse a contar en casa lo que estaba pasando.

Durante mucho tiempo tuvo miedo de denunciar porque sentía que su carrera deportiva podía terminar si hablaba, y porque le hacían sentir culpable, como si ella fuera el problema. Finalmente pidió ayuda psicológica, inició un proceso legal y el Tribunal Administrativo del Deporte terminó inhabilitando a una de sus entrenadoras por las infracciones cometidas.

Al contar su historia en medios y entrevistas, María intenta que lo que ella vivió sirva para cambiar la gimnasia rítmica y para que ninguna otra gimnasta tenga que pasar hambre ni soportar humillaciones para perseguir su sueño.