Joan Cardona, con la medalla de bronce de Tokio 2020

Joan Cardona, con la medalla de bronce de Tokio 2020 REUTERS

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Joan Cardona (27), medallista olímpico español, sobre su cambio físico: "Perdí 10 kilos sin apenas pasar hambre"

En 2021, tras la desaparición de la categoría Finn, este deportista de Menorca dio un giro a su dieta y a su entrenamiento para adaptar su cuerpo.

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Joan Cardona luce hoy un físico mucho más estilizado que el que tenía cuando subió al podio en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

El bronce olímpico en Finn, que en 2026 sigue siendo una de las grandes referencias de la vela española, decidió en 2021 someterse a una transformación radical: perder peso de forma acelerada para adaptarse a una nueva clase y a un nuevo tipo de exigencia sobre el agua.

En aquel momento, Cardona competía en Finn con algo más de 100 kilos de peso -en torno a 101- sostenidos sobre 1,85 metros de estatura. Ese volumen era casi obligatorio en una embarcación pensada para regatistas corpulentos, donde la palanca física y el peso en el borde daban ventaja.

La desaparición de la clase Finn del programa olímpico le obligó a mirar hacia otro lado: el ILCA 7 (antiguo Laser Standard), una embarcación que premia la ligereza, la agilidad y una relación muy distinta entre masa y superficie vélica.

El cambio no era solo técnico, también biológico. En declariones al diario Menorca - Es Diari, en noviembre de 2021, Cardona resumía así el proceso: "He perdido ya diez kilos, sin apenas pasar hambre".

Joan Cardona, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Joan Cardona, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 EFE

En apenas un par de meses, gracias a una revisión completa de su alimentación y a un aumento drástico del trabajo aeróbico -especialmente ciclismo-, pasó de un cuerpo construido para 'anclar' el barco a otro mucho más compatible con largas ceñidas en ILCA 7.

Esa misma temporada se inscribió en la Mallorca 312, una de las marchas cicloturistas más duras del calendario popular, con 312 kilómetros de recorrido por la Serra de Tramuntana.

No fue un capricho, sino una forma de obligarse a acumular horas de bicicleta, quemar grasa y acostumbrar al cuerpo a esfuerzos prolongados de resistencia, muy distintos a la potencia puntual que exigía el Finn.

El ajuste alimenticio fue igual de profundo, aunque sin caer en el castigo. Cardona no hablaba de dietas milagro, sino de ordenar horarios, reducir calorías vacías y priorizar alimentos que le permitieran sostener esa nueva carga de entrenamiento sin sensación de vacío.

De ahí la matización de su frase: la pérdida de peso fue rápida, pero él insistía en que llegó "sin apenas pasar hambre", es decir, con una planificación que evitara la típica montaña rusa de restricciones severas seguidas de atracones.

Cinco años después, en 2026, aquel giro sigue marcando su carrera. El regatista menorquín se ha consolidado como uno de los nombres a seguir en la nueva etapa olímpica.

Su caso se cita a menudo en los círculos de vela de alto rendimiento como ejemplo de transición inteligente: usar la nutrición y el entrenamiento cruzado no solo para "bajar kilos", sino para rediseñar el tipo de deportista que se necesita ser cuando cambian las reglas del juego.

Cardona no perdió músculo competitivo en el camino. Lo que hizo fue desplazar el centro de gravedad de su preparación: de la fuerza bruta a la eficiencia, del tamaño al equilibrio. Y ese tránsito empezó el día en que decidió que diez kilos menos -luego fueron más- eran la inversión necesaria para seguir peleando por medallas bajo un nuevo formato olímpico.