Uno de los accidentes del Gran Premio de la Toscana

Uno de los accidentes del Gran Premio de la Toscana EFE

Motor FÓRMULA 1

La FIA se esconde en el escándalo de Mugello: culpa a los pilotos de lo que pudo ser una tragedia

El máximo estamento no acepta su culpa y elude responsabilidades mientras señala a una parrila que actuó con un imprudencia provocando el accidente. 

14 septiembre, 2020 23:15

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Parece ser que este año no hay una carrera tranquila en la Fórmula 1. A pesar de eso, el guion sigue estando escrito y el dominio de Mercedes es impertubable. Sin embargo, lo que ocurrió en Mugello debería haber supuesto un antes y un después en la historia del automovilismo y del Mundial más exigente y prestigioso del motor. Pero, para ello, la FIA tendría que haber reconocido su responsabilidad en el accidente que provocó el caos en el Gran Premio de la Toscana

Todos apuntaron hacia el Safety Car cuando se produjo el gran accidente del fin de semana en el que estuvieron involucrados muchos coches, pero en el que podía haber caído toda la parrilla y en el que se podría haber vivio un auténtico drama de no ser por la infinita fortuna que tienen estos pilotos que se juegan la vida cada domingo y que, por suerte, casi nunca pasa nada. 

Sin embargo, en la ratonera de Mugello, circuito estrecho y peligroso para los coches de Fórmula 1 donde los haya, se rozó la tragedia con monoplazas chocando y destrozándose unos a otros en la recta principal con los pilotos, desde dentro, presenciando la debacle. Y todo ocurrió después de que el Safety Car apagara tarde sus luces antes de que Bottas relanzara la carrera con una maniobra habitual, cuando hay condiciones de seguridad suficiente, pero peligrosa cuando suceden cosas como las del domingo. 

Salida en el Gran Premio de la Toscana

Salida en el Gran Premio de la Toscana Instagram (mugellocircuit)

Muchos lo vieron venir, como Hamilton, que era perfectamente consciente de lo que estaba suciendo, pero no así dirección de carrera ni la FIA, que se han negado a asumir un fallo que pudo haber tenido consecuencias trágicas. Y sino, que se lo pregunten a pilotos como Carlos Sainz, Grosjean o Magnussen, que vieron como su vida pasaba por delante de sus ojos mientras diferentes coches les golpeaban, les pasaban por encima y les empotraban contra el muro en lo que fue un auténtico desastre. 

La FIA se lava las manos

Lo sucedido el domingo en el Gran Premio de la Toscana fue realmente grave. La Fórmula 1 no vivió la mayor tragedia de su historia por pura suerte, y se le ha dado muy poca importancia a este hecho. Sin embargo, ha habido un suceso peor que ver a cuatro coches destrozándose con sus pobres pilotos dentro.

Todo lo que ha hecho la FIA después de que no solo no haya admitido su fallo, el que cometió con un Safety Car al que avisó tarde de apagar sus luces en señal de que la carrera se relanzaría en esa vuelta, es decir, tras la curva previa a la línea de meta, que era donde se produjo el aviso. 

Lo peor de todo ha sido que, tras una reunión con algunos pilotos implicados en el suceso, les culpó a ellos por una acción imprudente e incoherente en el relanzamiento de la carrera, en lugar de admitir que todo vino provocado por su fallo. Si el Safety Car hubiera avisado antes de que se iría en esa vuelta, Bottas hubiera podido preparar mejor el relanzamiento de la carrera para así intentar obtener la mayor ventaja posible, algo que todos hacen. 

El grave accidente de Mugello

El grave accidente de Mugello Instagram (f1)

Sin embargo, el piloto de Mercedes tuvo que esperar hasta la misma línea de meta para hacerlo, punto en el que el resto de coches ya pueden adelantar. Este nerviosismo, sin saber qué pasaba en la zona delantera, provocó que los coches de atrás comenzaran a acelerar antes de tiempo y, cuando se encontraron a coches parados porque la carrera todavía no había sido relanzada, se produjo el desastre. Las colisiones se sucedieron y se formó el caos que provocó una bandera roja en carrera. 

Una decisión que les delata

Si la FIA considerase que realmente no tienen responsabilidad alguna en el terrible accidente que se produjo, hubiera intentado llegar hasta el fondo del asunto y haber buscado a los culpables para sancionarles. Dirección de carrera, con un espíritu totalmente renovado que no es capaz de perdonar ni un hecho tan insignificante como que un coche se salga un milímetro del la marca de la pista cuando intenta hacer una vuelta rápida, sí ha dejado pasar un accidente que ha puesto en juego la vida de los pilotos. 

Con una simple advertencia a los corredores ha dado por zanjado un tema que oculta una clara negligencia y un caso de corrupción gravísimo, ya que han preferido no admitir su fallo y dejar correr el asunto antes que reconocer que su error pudo haber provocado una fatalidad. Además, han tachado la acción de los pilotos de incoherente a la hora de usar su acelerador y su freno, exhimiendo a Bernd Maylander, la persona que conducía el Safety, de toda responsabilidad. 

El Safety Car interviene en el Gran Premio de la Toscana

El Safety Car interviene en el Gran Premio de la Toscana EFE

Para la FIA, los pilotos aceleraron imprudentemente y sin sentido. Sin faltarles razón en ese aspecto, habría que buscar el motivo de esta acción por parte de todos los pilotos, ya que no se trató de una imprudencia puntual de uno solo. El caos reinó en la recta de meta, todos se pusieron nerviosos porque no sabían cuándo ni cómo se iba a reiniciar la carrera y no querían perder posiciones, y por eso, en cuanto tocaron el acelerador, ya no hubo tiempo para rectificar. Con la potencia que es capaz de generar un coche de Fórmula 1 en tan solo dos segundos, alcanzar a un coche casi parado que va delante es cuestión de décimas, por lo que la fatalidad fue imparable. 

Los pilotos estallan

Los pilotos, una vez recuperados del susto, no podían creerse lo que había sucedido. La gravedad de lo vivido era total, y hasta pilotos como Lewis Hamilton, que no había estado involucrado en el accidente, comentó casi por acto reflejo que esto era la consecuencia de que el Safety Car apagara tan tarde las luces. 

Nadie sabía qué había pasado y todos preguntaban en las radios a sus equipos quién había tenido la culpa. No era posible que, una medida que se hace para tener el control absoluto de la carrera, provocara justamente lo contrario, que nadie supiera nada. Pilotos como Magnussen estaban completamente desconcertados porque alguien había acelerado y frenado de repente, y en ese impasse, Giovinazzi había colisionado contra él. 

Carlos Sainz sale de su coche

Carlos Sainz sale de su coche Instagram (f1)

Otros como Grosjean montaron en cólera y gritaban que qué había pasado, que quién había hecho eso por delante que podía haberles matado. Una auténtica catastrofe con los pilotos buscando culpables y con la FIA escondida sin tan siquiera pedir disculpas. Por su parte, Carlos Sainz aseguraba que no le deseaba a nadie la sensación que había tenido cuando se dirigía a perseguir a un Alfa a casi 300 kilómetros por hora y de repente se lo encontró parado en seco en su trayectoria. Fueron milésimas de segundo que parecieron días. Después, incluso uno de los monoplazas saltó por los aires tras el impacto. 

Finalmente, todos salieron ilesos del tremendo accidente en el que se rozó la tragedia, pero el asunto fue realmente grave y, por eso, todos los pilotos pedían que al menos se estudiara lo sucedido para evitar situaciones así en el futuro y pedir que las salidas relanzadas se hicieran con total seguridad y sin fallos que pudierans salir tan caros. 

Una sensación extraña

Una vez superada la tormenta, la tempestad, el cruce de acusaciones y la decisión tomada por la FIA de correr un tupido velo sobre el asunto, ha quedado una sensación extraña en la parrilla. Una sensación que no ha gustado a los pilotos porque se han sentido abandonados por la FIA más allá del error que hayan podido cometer. Sienten que se mercadea con su vida porque es preferible preservar la imagen de la institución antes que reconocer que un fallo grave ha estado a punto de originar una situación trágica. 

A muchos, este accidente les recordó al fallecimiento del piloto Anthoine Hubert, corredor de la F2, que murió tristemente el año pasado dejando un gran vacío en la competición y una enorme conmoción en todo el mundo del automovilismo. Por eso, los pilotos esperaban otra respuesta de quien en teoría debe protegerles, pero que lo que ha hecho es lavarse las manos y apuntar hacia unos pilotos que iban a ciegas intentando no perder una posición que tanto les cuesta ganar. Por suerte, nadie resultó herido y esta sensación extraña que ha quedado no se ha convertido en un luto que hubiera provocado una catarsis absoluta en la Fórmula 1. 

[Más información: Carlos Sainz, fuera de la carrera tras un accidente múltiple en el GP de Toscana]