Leo Messi, en su despedida de la selección de Argentina.
El adiós de Messi a Argentina, la última pelota y un país de pie en el Monumental: "Es el día más triste de mi carrera"
El '10' se despidió para siempre de la Albiceleste con un gol ante Benín -el 126 con su selección- y el perdón por la final perdida ante España.
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La pelota terminó en sus manos. Después del último tiro libre, después de la última carrera, después de tantos años tratando de encontrarlo entre piernas ajenas, el balón quedó quieto contra Lionel Messi. El árbitro se lo entregó antes de cerrar el partido y, con él, una época.
Argentina había ganado 3-0 a Benín, pero el resultado era secundario. En el Monumental, más de 85.000 personas intentaban despedir al hombre al que durante dos décadas habían pedido que no se fuera nunca.
Hubo música, banderas y canciones aprendidas en tantos mundiales. Los alrededores del estadio se llenaron desde la tarde y la selección avanzó entre una multitud que buscaba un último saludo. Dentro del autobús, Messi se secó las lágrimas. Todavía no había pisado el césped y la despedida ya había empezado a derrotarlo.
Cuando salió a calentar, el estadio se levantó como si acabara de marcar un gol. Messi saludó a las cuatro tribunas, ensayó algunos remates y regresó al vestuario bajo una ovación que parecía querer retrasar el reloj. Sobre el campo esperaba una camiseta gigantesca con el número diez y la palabra "Gracias" ocupando el lugar del apellido. No hacía falta explicar mucho más.
El capitán regresó acompañado por sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. En las gradas estaban Antonela Roccuzzo, su madre y algunos de los hombres con los que construyó su historia, como Sergio Agüero y Ángel Di María. También acudieron campeones del mundo de distintas generaciones.
La Argentina de 1978, la de 1986 y la de 2022 se reunió en el mismo escenario para despedir al jugador que había unido épocas que parecían irrepetibles.
Fabio Santana, excombatiente de la guerra de las Malvinas, cantó el himno. Messi mantuvo la vista al frente hasta que los últimos acordes le desarmaron el rostro. Lloró, se secó los ojos y después saludó a los futbolistas de Benín. El capitán africano le entregó un obsequio y una carta.
Antes del saque inicial, el diez fue buscando a sus compañeros uno por uno. Se detuvo especialmente en Cristian Romero, destinado a recoger el brazalete de capitán que él llevó durante más de quince años.
Homenaje en el minuto 10
A los diez minutos, el fútbol dejó de fingir que aquella era una noche normal. El árbitro detuvo el juego y el Monumental se puso en pie. Hubo fuegos artificiales y una ovación larga, nacida en los cuatro costados del estadio. Messi levantó los brazos para responder.
Messi agradeciendo a la afición argentina en su último partido con la selección.
Durante aquellos instantes, el tiempo del partido quedó suspendido y solo permanecieron un hombre vestido de celeste y blanco y un país intentando darle las gracias.
Benín, sin embargo, no había viajado para actuar como figurante. Defendió con orden, encontró algunas posibilidades al contragolpe y obligó al Dibu Martínez a intervenir. Messi buscó el gol desde lejos, de tiro libre e incluso directamente desde un córner. La primera parte terminó sin tantos, como si el balón también estuviera aplazando el desenlace.
Argentina resolvió el partido después del descanso. Nicolás Otamendi, otro veterano que cerraba su camino con la selección, apareció para convertir un córner lanzado por Messi. Poco después, el capitán encontró a Nico Paz y el joven respondió con un zurdazo desde fuera del área.
Durante un segundo, la jugada pareció una transmisión de poderes: el futbolista que se marchaba entregándole la pelota a uno de quienes deberán aprender a jugar sin él.
Faltaba la imagen que todos habían ido a buscar. Una infracción sobre Agustín Giay terminó en penalti. Messi colocó el balón, tomó distancia y marcó el 3-0. Sus compañeros corrieron a abrazarlo mientras el estadio volvía a derrumbarse sobre su nombre.
Fue su gol número 126 en su partido 208 con Argentina, el último registro de una trayectoria sin comparación estadística dentro de la selección albiceleste.
Messi marcó de penalti su último gol, el 126, con Argentina ante Benín.
A partir de entonces, cada movimiento llevó escondida una despedida: el último control, la última carrera, el último pase. También la última falta, ejecutada por encima del travesaño cuando el partido ya se apagaba. Antes de señalar el final, el árbitro pidió la pelota y se la entregó a Messi.
El objeto que había acompañado toda su vida quedó entre sus manos justo cuando terminaba la etapa más extensa y compleja de su carrera.
Después llegaron los abrazos, las luces y las figuras trazadas por drones sobre el cielo de Buenos Aires. Allí aparecieron la camiseta, las tres estrellas, la Copa del Mundo y el agradecimiento de un país.
Soledad Pastorutti cantó mientras Messi permanecía en el centro del campo, rodeado por su familia y sus compañeros. Ya no quedaba ningún partido que disputar, pero sí unas últimas palabras que pronunciar.
Las últimas palabras
Al tomar el micrófono, su primer pensamiento fue para su padre ("Obviamente lo primero que pienso es en mi viejo"). Después miró hacia las tribunas y resumió el vínculo que acababa de cerrarse: "Fue un orgullo muy grande defender esta camiseta en estos más de 20 años, hasta en los peores momentos nunca dejé de luchar y de dar el máximo".
El estadio Monumental de Buenos Aires, en el último partido de Messi con Argentina.
La historia de Messi con Argentina no avanzó siempre entre homenajes. Hubo derrotas, finales perdidas, renuncias, críticas y años en los que cada actuación era medida contra una felicidad que no terminaba de llegar. Pero regresó. Y con él llegaron las Copas América de 2021 y 2024, la Finalissima y el Mundial de Qatar 2022.
Una parte importante del discurso estuvo dedicada al último Mundial -tras la derrota en la final ante España- y al esfuerzo realizado por el equipo. Messi habló del desgaste del encuentro contra Inglaterra y defendió la entrega de sus compañeros:
"El último Mundial fue demasiado. Tuvimos el sueño de volver a ser campeones del mundo, lo dimos todo. El partido contra Inglaterra fue un gran desgaste para nosotros y la realidad es que llegamos con lo justo. Lo peleamos como siempre".
Messi repartió el mérito entre quienes lo habían acompañado: "Tenía guerreros al lado que sabía que dejaban la vida". También agradeció a los aficionados, especialmente a quienes convirtieron cada estadio del mundo en una pequeña cancha argentina.
La emoción de Messi en su despedida de la selección argentina.
Cuando las lágrimas volvieron a interrumpirlo, confesó: "El no venir más va a ser un dolor muy grande. Les juro que me gustaría venir toda la vida porque jugar en la selección Argentina es lo más lindo que te puede pasar".
Su última petición miró hacia adelante. Reclamó unidad alrededor de quienes continuarán y prometió ocupar un lugar diferente: "Me toca volver acá en el día más triste de mi carrera. Los voy a extrañar y ahora voy a estar de ese lado, bancando a estos chicos y a los que vengan".
El Monumental tardó en vaciarse. Tal vez porque nadie sabía muy bien cómo abandonar una noche así. Messi se marchaba con la pelota del último partido, 126 goles y todos los títulos que había perseguido desde niño.
Argentina se quedaba con algo más difícil de contar: la memoria del hombre que soportó sus derrotas, condujo sus celebraciones y acabó enseñándole que incluso las historias imposibles pueden encontrar un final feliz.