José Mourinho, en el banquillo del Real Madrid.

José Mourinho, en el banquillo del Real Madrid. Europa Press

Fútbol

Mourinho, 63 años: "Cuando tenía 7 años, pensaba que podía ser un futbolista increíble. A los 17, supe que no podría"

El técnico del Real Madrid creció durante toda su infancia con la presencia de un padre muy vinculado al fútbol.

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Jorge Pacheco
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En el último verano, coincidiendo con la fiebre del Mundial de fútbol, el célebre entrenador portugués José Mourinho se sinceró en una profunda charla para el pódcast británico Beast Mode On, conducido por el exfutbolista Adebayo Akinfenwa.

A sus 63 años, recién regresado al Real Madrid tras una intensa etapa en el Benfica, el carismático técnico repasó el origen de su inquebrantable pasión y las realidades que moldearon su legendario destino.

Desde su infancia en Setúbal, el fútbol estuvo predestinado en su vida gracias a su padre, un exjugador que se aseguró de que nunca le faltara un balón en Navidad o cumpleaños.

Sin embargo, el joven José pronto se topó con sus propias limitaciones en el campo: "Cuando tenía siete años, pensaba que podría ser un jugador increíble. Luego, cuando cumplí los diecisiete, me di cuenta de que no podía".

Aquella temprana revelación, lejos de apartarlo de los estadios, redirigió su talento estratégico hacia los banquillos, iniciando una de las carreras más laureadas de la historia de este deporte.

Mourinho detalló cómo la tremenda exigencia diaria de la élite ha absorbido su tiempo y sus emociones a lo largo de las décadas. Para él, la psicología del entrenador es radicalmente distinta a la del futbolista, quien dispone de días para digerir los resultados.

El técnico vive en una constante huida hacia adelante: "cuando gano, no tengo tiempo para ir al paraíso, y cuando pierdo, no tengo tiempo para ir al infierno". Esta vorágine es el motor que lo mantiene activo, impulsado por una incombustible pasión.

José Mourinho, en rueda de prensa

José Mourinho, en rueda de prensa Europa Press

Aunque el ambiente del Mundial despierta su interés por dirigir alguna selección nacional en el futuro, dejó claro dónde se encuentra su verdadera zona de confort: "mi hábitat natural es el fútbol de clubes. Es entrenar todos los días, jugar tres veces a la semana, estar con los jugadores, trabajar con ellos, entenderlos, pelear con ellos, abrazarlos, besarlos, darles una patada".

El entrenador también mostró su faceta más humana, admitiendo su gusto por la risa y las bromas, e incluso bromeando sobre su patrocinio de marca: "tengo esta asociación con Coca-Cola porque bebo Coca-Cola... soy un hombre de Coca-Cola".

Finalmente, Mourinho reflexionó sobre su madurez profesional y cómo el tiempo ha transformado su motivación, pasando del egocentrismo de la juventud a la satisfacción colectiva.

Con la sabiduría de los años, concluyó que "en el principio era mucho más sobre mí mismo, mis sentimientos, mis logros... Fui progresivamente en una dirección en la que me centro más en los demás, en lo que puedo hacer por mis jugadores y por los aficionados".