Mourinho da instrucciones a sus jugadores durante el amistoso contra el Ferencvaros.

Mourinho da instrucciones a sus jugadores durante el amistoso contra el Ferencvaros. REUTERS

Fútbol

Las pistas de Mourinho en la pretemporada del Real Madrid: dibujo claro, la incógnita Güler y la misión de juntar 4 atacantes

El 4-2-3-1 del luso arranca este fin de semana ante el Espanyol impulsado por el nivel del turco y con el reto de encajar su póker de atacantes.

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Se acabaron las probaturas, los ensayos con red y las alineaciones condicionadas por la llegada escalonada de los internacionales tras la disputa del Mundial. El Real Madrid asoma la cabeza a la temporada oficial con la exigencia de siempre y una expectación completamente renovada.

Atrás queda una pretemporada que ha servido como laboratorio particular para José Mourinho, dejando tras de sí un bagaje invicto -con la portería a cero en sus últimos compromisos- y pistas muy marcadas de la hoja de ruta que pretende seguir.

El inminente estreno liguero en Cornellà ante el Espanyol no admite medias tintas, y el madridismo aguarda para ver en acción a un equipo que pivota sobre tres ejes fundamentales.

El primero, la confirmación de un esquema táctico definido; después, el excepcional estado de forma de un Arda Güler cada vez más maduro; y por último, el mayúsculo reto de ensamblar en plena competición oficial a un frente de ataque inédito.

El 4-2-3-1, innegociable

El primer gran mensaje que ha enviado Mourinho desde el banquillo es el destierro de la improvisación estructural. El Real Madrid ha abrazado de forma unánime el 4-2-3-1 como el hábitat natural para potenciar a una plantilla confeccionada a golpe de talento y músculo.

Atrás parecen quedar los híbridos tácticos o los sistemas asimétricos de campañas anteriores. El técnico portugués busca orden partiendo de un dibujo claro, simétrico y reconocible desde el pitido inicial.

En este engranaje, los laterales han adquirido un protagonismo absoluto a lo largo de los amistosos veraniegos. La orden es nítida: dotar al equipo de amplitud y profundidad, convirtiéndose en carrileros con licencia para volar y desahogar el juego exterior.

Esta vocación ofensiva por los costados exige, por pura física futbolística, una compensación milimétrica en la sala de máquinas. Es ahí donde el doble pivote adquiere una relevancia capital.

Mourinho no busca simples destructores que sostengan el andamiaje, sino perfiles capaces de abarcar campo y, sobre todo, aportar la creatividad necesaria para garantizar una salida de balón limpia. La medular necesita cerebro y piernas a partes iguales para conectar con la pieza angular del esquema: el mediapunta.

Ese '10' clásico, con un rol muy definido en la pizarra del luso, actúa como el pegamento indispensable que une el rigor táctico de la base de la jugada con el vértigo del ataque.

Un nexo vital encargado de recibir entre líneas, girar y alimentar a un tridente ofensivo que, sobre el papel, se perfila como uno de los más móviles e indetectables del continente europeo.

El 'bendito' problema

Si hay un nombre que ha brillado con luz propia a lo largo de las últimas semanas, ese es el de Arda Güler. El mediapunta turco ha demostrado que su etapa de adaptación es historia y se ha erigido, por méritos propios, en el mejor futbolista de la pretemporada blanca.

Su fútbol ha sido el más fino, el más clarividente y el que mejor ha sabido interpretar lo que demanda ese mencionado puesto de enganche en el sistema de Mourinho. Ha destilado jerarquía en cada intervención, firmando asistencias de nivel y liderando el caudal ofensivo del equipo con una naturalidad pasmosa.

Su titularidad este próximo sábado contra el Espanyol está prácticamente garantizada, amparada en su sensacional estado de forma y en el escaso rodaje que todavía arrastra Jude Bellingham.

Arda Güler, durante el amistoso frente al Ferencvaros.

Arda Güler, durante el amistoso frente al Ferencvaros. REUTERS

Sin embargo, este escenario plantea un interrogante táctico a corto y medio plazo para el cuerpo técnico: ¿cuál será el rol real del turco una vez que el astro inglés recupere su tono físico y reclame su feudo natural en la mediapunta?

El encaje de Güler es un dilema complejo. Retrasar su posición al doble pivote se antoja muy complicado; su naturaleza eminentemente creativa choca con las altísimas exigencias defensivas y de contención que Mourinho reclama en esa zona del campo para sostener al equipo.

La alternativa más plausible pasa por escorarlo hacia la banda derecha, otorgándole libertad para trazar diagonales hacia el centro a pierna cambiada. No obstante, esa solución topa frontalmente con el monumental atasco de efectivos que el Real Madrid aglutina en las posiciones de vanguardia.

Los '4 Fantásticos'

Y es precisamente en la zona de castigo donde Mourinho afronta su misión más delicada: conseguir que cuatro atacantes de élite convivan en armonía sin que el colectivo pague las consecuencias.

El núcleo duro formado por Vinicius, Kylian Mbappé y Jude Bellingham tiene el cartel de intocable. Son la base sobre la que se sustenta el poderío ofensivo madridista. A ellos hay que sumar la gran variable de la ecuación: el marfileño Diomande.

Convertido en el fichaje más caro de la historia de la entidad, la lógica futbolística invita a pensar que su aterrizaje en el Santiago Bernabéu lleva implícita la vitola de titular.

Vinicius Jr, durante el calentamiento de un partido amistoso.

Vinicius Jr, durante el calentamiento de un partido amistoso. REUTERS

El gran obstáculo para Mourinho es que la pizarra va un paso por delante de la realidad. Debido a los descansos escalonados tras la cita mundialista, este cuarteto ofensivo de ensueño no ha podido coincidir sobre el césped durante el verano.

El técnico tendrá que construir la química de este póker de ases sin red de seguridad, obligándose a realizar los ajustes necesarios con la temporada oficial ya en marcha.

Históricamente, los equipos del preparador luso se han edificado desde la solidez defensiva, el repliegue solidario y el equilibrio innegociable. Tener a cuatro jugadores de vocación netamente ofensiva sobre el verde representa un desafío mayúsculo para sus ideales.

El gran reto no será cómo atacarán -el talento innato y el desborde de los cuatro garantiza un peligro devastador-, sino cómo defenderán. La presión tras pérdida y el sacrificio sin balón de estas cuatro estrellas dictarán la viabilidad del sistema. Si alguno se desconecta de sus obligaciones defensivas, el 4-2-3-1 correrá el riesgo de fracturarse.

El duelo en Cornellà será el primer juez de este nuevo proyecto. Si Mourinho logra blindar su esquema, encontrar sitio para el estado de gracia de Güler y convencer a sus puntales de que el esfuerzo no se negocia, el Real Madrid estará listo para pelear por todo. El tiempo de pruebas ha finalizado; ahora empieza la verdad.