Michael Ballack, en una foto de archivo

Michael Ballack, en una foto de archivo Tobias Hase / dpa

Fútbol

Michael Ballack, 49 años: "Mis padres me decían que primero tenía que ir al colegio antes que entrar en un club de fútbol"

El mítico excentrocampista de la selección alemana tuvo que aprender las reglas de la calle muy pronto en el deporte rey.

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Nacido el 26 de septiembre de 1976 en Görlitz, en la antigua Alemania del Este, Michael Ballack es hoy una de las figuras más respetadas del fútbol alemán. Su trayectoria, marcada por títulos en la Bundesliga, la Premier League y la selección nacional, no puede entenderse sin mirar atrás: a su infancia en Chemnitz, a los partidos en la calle y, sobre todo, a la educación y los valores que le inculcaron sus padres, Stephan y Karin.

Ballack creció en un entorno modesto, en un barrio de bloques de viviendas donde el fútbol era el lenguaje común de los niños. "Empecé a jugar al fútbol muy pronto, a los 6 o 7 años. Siete años en un club. Mis padres decían que primero tenía que ir al colegio antes de ir a un club", recordó en una entrevista con ESPN. Esa prioridad por la formación académica marcó su ritmo: el fútbol era importante, pero nunca a costa de los estudios.

En ese contexto, las calles se convirtieron en su primera escuela. "Había muchos niños, ¿sabes? Y solíamos juntarnos en la calle para jugar al fútbol, casi todos los días", explicó. Esos partidos improvisados, con porterías marcadas por cuerdas de tender o mochilas, le dieron un control del balón y una lectura del juego que pronto llamarían la atención en los clubes locales.

Con siete años, sus padres lo inscribieron en el BSG Motor "Fritz Heckert" Karl-Marx-Stadt (hoy Chemnitzer), donde rápidamente destacó. Más tarde pasó a la escuela deportiva de alto rendimiento de la ciudad, un sistema de la RDA que combinaba exigencia académica y deportiva.

Allí recibió una formación "muy buena", como él mismo ha reconocido, con varios entrenamientos semanales y un enfoque que priorizaba el desarrollo integral del joven.

Sin embargo, el salto al fútbol profesional no fue inmediato. Ballack ha admitido que, en sus primeros años, no era un jugador físicamente dominante. "Cuando era más joven, no era muy fuerte físicamente. Y cuando llegué al primer equipo, a los 18 o 19 años, noté la diferencia. No estaba preparado físicamente para el fútbol profesional. Así que tuve que aprender de inmediato a mejorar mi condición física", señaló.

El éxito, para Ballack, nunca fue solo cuestión de talento o de inversión. En otra reflexión, subrayó la importancia de construir proyectos sólidos en los equipos en los que estuvo: "El éxito no se compra. Hay muchos otros aspectos de un equipo de fútbol que deben funcionar correctamente y complementar todas estas inversiones, además de contar con todos estos buenos jugadores".

Hoy, Ballack es recordado no solo por sus goles, sus asistencias y su liderazgo en el mediocampo, sino también por su ejemplo como jugador formado en valores. Su historia demuestra que, detrás de cada gran futbolista, suele haber una familia que prioriza la educación y un entorno que permite soñar, pero también trabajar.

Desde las calles de Chemnitz hasta los grandes estadios de Europa, Michael Ballack es prueba de que el éxito se construye día a día, con disciplina, aprendizaje y raíces firmes.