Julián Álvarez, en un calentamiento con la selección de Argentina.

Julián Álvarez, en un calentamiento con la selección de Argentina. Reuters

Fútbol

Julián Álvarez, 26 años: "Cuando era pequeño en el colegio solo las profesoras me llamaban Julián. Para todos era Araña"

El apodo del argentino guarda su propia historia y tenía tanta importancia para él que no se daba por aludido cuando le llamaban por su nombre.

Más información: Víctor Valdés, 44 años: "Los futbolistas vivimos una vida irreal. Con la lesión volví a tocar monedas y a pagarme un café"

Carlos Serrano
Publicada

Cada verano, el mercado de fichajes del fútbol deja historias capaces de prolongarse durante semanas. Son los grandes culebrones del periodo estival, operaciones que acaparan titulares y mantienen en vilo a clubes y aficionados. Este año, uno de los grandes protagonistas es Julián Álvarez.

El delantero argentino no ha ocultado su deseo de abandonar el Atlético de Madrid, una intención que volvió a cobrar fuerza tras sus declaraciones durante la celebración del Mundial.

La Araña es consciente del momento que atraviesa en su carrera después de haber alcanzado el subcampeonato con Argentina en la cita mundialista.

Incluso antes de ese episodio, el atacante ya había mostrado su intención de cambiar de aires. Julián Álvarez consideraba necesario dar un nuevo paso en su progresión y el FC Barcelona apareció como uno de los principales interesados en hacerse con sus servicios. Sin embargo, las conversaciones entre ambos clubes no llegaron a buen puerto.

El futuro del argentino, en cualquier caso, todavía podría deparar nuevos capítulos. El mercado permanece abierto hasta el próximo 10 de agosto y aún quedan varias páginas por escribir en un culebrón que tiene como protagonista a La Araña, el apodo con el que se conoce al delantero y que esconde una curiosa historia.

Julián Álvarez, durante un partido con el Atlético.

Julián Álvarez, durante un partido con el Atlético. REUTERS

En el mundo del deporte, especialmente en el fútbol, es habitual que los jugadores reciban apodos que terminan acompañándolos durante toda su trayectoria. Algunos incluso llegan a convertirlos en parte de su identidad y los lucen en sus camisetas. No es el caso de Julián Álvarez, que mantiene su nombre y apellido como seña de identidad.

Sin embargo, dentro de los vestuarios y entre los comentaristas, es frecuente escuchar una denominación diferente: La Araña. El apodo se remonta a su infancia, cuando el argentino todavía daba sus primeros pasos con el balón en las calles de su localidad natal.

Álvarez acostumbraba a jugar al fútbol con sus hermanos mayores y otros amigos. Su corta estatura respecto al resto de los niños hacía que destacara por su facilidad para moverse con el balón.

Aquella característica terminó dando origen a un sobrenombre que se convertiría en inseparable de su figura.

“Me parece normal porque era muy chiquito y todo el mundo me empezó a decir Araña o Arañita”, explicaba el propio futbolista en una entrevista concedida al diario As.

Con el paso del tiempo, el apodo se convirtió en algo tan habitual que llegó a desplazar incluso a su propio nombre. “Solamente en el colegio las profesoras me llamaban por Julián o Álvarez, pero, después, para todo el mundo era Araña. Entonces me decían Julián y yo prácticamente no me daba la vuelta, ¡no era yo!”, relataba el delantero argentino.

Una celebración como marca personal

Las celebraciones de los goles forman parte de la historia del fútbol. A lo largo de los años, los futbolistas han utilizado sus festejos para transmitir emociones, homenajear a personas cercanas o representar momentos importantes de sus vidas.

Julián Álvarez decidió llevar su apodo un paso más allá. Cada vez que marca un gol y realiza su particular celebración, el delantero imita el lanzamiento de una telaraña, un gesto inspirado claramente en Spiderman.

El propio futbolista explicó el origen de esta celebración durante un programa de DAZN. “Desde los 3 o 4 años que me dicen ‘Araña’, y quedó ese festejo como marca registrada. Cosas del pueblo, de un día para otro, todo el mundo empezó a llamarme así. En el colegio incluso, en cualquier lado”, explicó.

De esta forma, aquel apodo que nació durante sus partidos de infancia terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del delantero argentino. La Araña dejó de ser únicamente un sobrenombre para convertirse también en parte de su identidad futbolística.

La historia de Julián Álvarez también está marcada por sus orígenes. Antes de convertirse en una estrella internacional, el argentino creció jugando al fútbol en las calles de Calchín, junto a sus hermanos y amigos.

Su procedencia, en una localidad de apenas 3.000 habitantes, hacía que el camino hacia el fútbol profesional pareciera todavía más complicado.

El propio delantero ha recordado en varias ocasiones las dificultades que tuvo que superar para alcanzar su sueño. “En un pueblo de 3.000 habitantes, las oportunidades son muy limitadas. Las oportunidades son escasas cuando vienes de una zona tan remota”, reconocía en una entrevista concedida a L'Equipe.

Su talento, sin embargo, pronto comenzó a abrirle puertas. Cuando tenía apenas nueve años se trasladó al club en el que creció una de las grandes leyendas del fútbol argentino: Diego Armando Maradona.

Aquel cambio supuso un enorme impacto para un niño acostumbrado a vivir en un entorno familiar y conocido. La experiencia durante su periodo de prueba no fue sencilla. “Francamente, no lo pasé muy bien durante esa semana de prueba. Era muy pequeño, acostumbrado a vivir en un ambiente familiar, a estar con gente que conocía de toda la vida... Y entonces, todo fue un poco caótico”, recordó.

Desde aquellas calles de Calchín hasta los grandes escenarios del fútbol internacional, Julián Álvarez ha construido una trayectoria que explica también el origen de su apodo.

La Araña nació en un pequeño pueblo, se convirtió en una forma habitual de llamarle durante su infancia y terminó acompañándolo hasta la élite. Ahora, mientras su futuro vuelve a estar en el centro del mercado de fichajes, aquel sobrenombre sigue formando parte inseparable de su historia.