Martín Odegaard, con el Arsenal.

Martín Odegaard, con el Arsenal. Europa Press

Fútbol

Odegaard, 27 años: "Mi camino ha sido distinto al que de niño imaginaba al jugar al FIFA, en la vida real no puedes elegir"

El futbolista del Arsenal tenía especial predilección por el videojuego y soñaba con llegar a la élite.

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Hoy en día, el nombre de Martin Odegaard es sinónimo de liderazgo y magia. Consolidado como el capitán indiscutible del Arsenal y erigido como uno de los mediocampistas más creativos y determinantes de toda Europa, su presente brilla bajo los focos de la exigente Premier League.

Sin embargo, antes de que el mundo conociera al niño prodigio que revolucionó el mercado al fichar por el Real Madrid con apenas 16 años, existía una versión mucho más terrenal y soñadora en Drammen, una pequeña localidad de Noruega.

Allí, lejos de la presión mediática y las abrumadoras expectativas internacionales, su vida giraba en torno a una única esfera: el balón. Sus primeros años estuvieron cobijados por un entorno idílico, pero marcados por una dedicación absoluta y febril hacia el deporte.

Al echar la vista atrás hacia su etapa formativa en una reveladora carta publicada en The Players' Tribune, el propio futbolista recuerda aquella época con una mezcla de añoranza y total nitidez: "Tenía una buena familia a mi alrededor, buenos amigos, una buena vida. Era solo un niño al que le encantaba el fútbol. De verdad, de verdad me encantaba. Estaba obsesionado".

Esa obsesión no era meramente teórica; se materializaba a diario en interminables horas de juego sobre el duro asfalto o el desgastado césped artificial de las canchas de su barrio. Para el joven Martin, jugar a la pelota no era un pasatiempo infantil para pasar la tarde, sino una batalla constante, una competición feroz que moldeó el carácter inquebrantable que hoy exhibe en la élite.

Su nivel de entrega y autoexigencia era tan elevado que, en la actualidad, le resulta imposible no observar a las nuevas generaciones con cierta perplejidad: "A veces, cuando vuelvo a casa ahora, veo a niños en esa misma cancha charlando, tirando a puerta tranquilamente y pienso: ¿Qué están haciendo? Así no jugábamos mis amigos y yo".

De forma fascinante, mientras perfeccionaba su zurda privilegiada al aire libre soportando el clima escandinavo, en su interior ya se estaba gestando un hilo invisible hacia el club que le daría su hogar futbolístico definitivo. Su devoción por su actual equipo no fue un legado familiar, sino algo puramente instintivo.

"Siempre he tenido una extraña conexión con el Arsenal. Empezó mucho antes de que fichara. Ni siquiera sé muy bien cómo explicarlo, salvo con una pequeña anécdota", dijo.

Esta anécdota nos muestra a un chaval de calle que, paradójicamente, encontró en el mundo virtual una ventana hacia su futuro profesional: "Nunca me han gustado mucho los videojuegos. Soy de esa generación que siempre jugaba al aire libre, pero la única excepción era FIFA . Jugaba sobre todo al modo Carrera. ¿Sabes?, donde te conviertes en el entrenador".

En aquel universo digital, el equipo que elegía dirigir y llevar a la gloria era, precisamente, el Arsenal. No obstante, la transición de aquel adolescente al estrellato mundial no fue tan sencilla como pulsar un botón. Tuvo que curtirse a base de múltiples cesiones en Holanda y España, descubriendo de primera mano que el éxito requiere paciencia y una enorme resiliencia.

"Ha sido un camino muy distinto al que imaginaba en FIFA . En la vida real, no puedes simplemente elegir adónde quieres ir y esperar que todo sea perfecto", aseguró.

Aunque tuvo que dar muchas más vueltas de las que imaginó frente al televisor, aquel niño obsesionado de Drammen finalmente encontró en el norte de Londres esa perfección que un día soñó en su consola.