Cristiano Ronaldo, con Portugal.

Cristiano Ronaldo, con Portugal. Reuters

Fútbol

Cristiano Ronaldo, 41 años: "A mi madre y a mis hermanas no les interesaba en absoluto verme jugar al fútbol"

El delantero portugués repasó años atrás en 'The Players' Tribune' su infancia y sus inicios en el fútbol.

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Jorge Pacheco
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Cristiano Ronaldo reconstruyó en una carta publicada en The Players' Tribune en octubre de 2017 uno de los recuerdos más marcados de su infancia: el momento en que su familia empezó a acompañarle al fútbol.

En ese texto, el portugués recordó que su madre y sus hermanas apenas prestaban atención a sus primeros partidos, mientras su padre intentaba convencerlas para que fueran a verlo.

Ronaldo situaba la escena en Madeira, cuando todavía era un niño. Explica que jugaba en la calle con sus amigos y que después pasó a un equipo filial por insistencia de su padre, que trabajaba como utillero en el CF Andorinha.

A partir de ahí, según cuenta, cada gol se convertía en un pequeño triunfo doméstico que su padre intentaba compartir en casa, aunque sin demasiado éxito.

"Pero a mi madre y a mis hermanas el fútbol no les interesaba en absoluto", escribió Ronaldo en su carta publicada por The Players' Tribune.

El delantero recuerda que la situación cambió poco a poco. Primero llegaban las noticias de un gol. Luego, de dos. Después, de tres. Y, finalmente, ocurrió el gesto que más le marcó: ver a su madre y a sus hermanas en la grada.

Para él, esa presencia significó mucho más que una simple visita al estadio. En su relato, asocia ese día con una sensación de protección y de cariño que convirtió aquel recuerdo en algo especialmente valioso.

Cristiano Ronaldo y su hijo mayor, Cristiano Ronaldo Jr., en una imagen de redes sociales.

Cristiano Ronaldo y su hijo mayor, Cristiano Ronaldo Jr., en una imagen de redes sociales. Instagram

Ese pasaje resume el contraste entre la pasión temprana del jugador y la distancia inicial de parte de su familia. También refleja el papel de su padre como primer apoyo y primer impulsor de su carrera.

La carta también deja ver las dificultades materiales de aquella época. Ronaldo recuerda que en Madeira no había grandes comodidades y que jugaba con botas viejas heredadas de su hermano o prestadas por sus primos.

Sin embargo, insiste en que, siendo niño, el dinero no era lo que más le importaba. Lo que más le marcaba era sentirse querido y respaldado.

El texto seguía con una reflexión sobre la distancia que impone el fútbol de élite. Ronaldo recuerda que se marchó de Madeira con once años para entrar en la academia del Sporting de Lisboa, una separación que describe como la etapa más dura de su vida.

También comparó aquella experiencia con la que podría haber vivido su propio hijo, Cristiano Jr., si algún día hubiera tenido que irse lejos de casa tan pronto.

En esa carta, Ronaldo no solo habla de fútbol. Habla de familia, de sacrificio y de la mezcla entre orgullo y ausencia que acompaña a muchas carreras de élite. Y lo hace desde un lugar íntimo: el de un niño que empezó jugando en la calle y acabó entendiendo que su historia también se escribía en la grada.