Leo Messi, junto a su madre.

Leo Messi, junto a su madre. INSTAGRAM

Fútbol

Leo Messi, 39 años: "Mi madre tenía que ir a buscar dinero para el tratamiento y a veces se negaban a dárselo"

El futbolista argentino acabó jugando en el Barça, club que accedió a pagarle el tratamiento.

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Guillermo Echeverría
Publicada

Detrás del brillo de los Balones de Oro, las Copas del Mundo y la gloria eterna, la historia de Leo Messi esconde un capítulo de sacrificios invisibles que forjaron su carácter.

A sus 39 años, consolidado como una leyenda viva del fútbol mundial, el astro argentino ha abierto las puertas de su memoria para rememorar las dificultades económicas que marcaron su infancia en Rosario.

En una entrevista, Messi repasó las peripecias que padeció su familia antes de emigrar a España, poniendo el foco en la odisea que significaba financiar el medicamento para su déficit de hormona de crecimiento.

La joya de la corona de sus recuerdos no evoca estadios repletos, sino el recorrido diario de su madre, Celia Cuccittini, cruzando la ciudad de Rosario en busca de una ayuda económica indispensable.

Con la madurez que dan los años, el capitán rememoró con crudeza la inestabilidad de aquella época: "Mi madre tenía que ir a buscar dinero para el tratamiento y a veces se negaban a dárselo".

Leo Messi, llorando tras recoger la medalla de plata como subcampeón del mundo.

Leo Messi, llorando tras recoger la medalla de plata como subcampeón del mundo. Reuters

Aquellas inyecciones diarias, vitales para el desarrollo físico del pequeño futbolista, dependían de una burocracia desgastante y de la poca empatía de quienes manejaban los fondos.

El relato del actual jugador del Inter de Miami sitúa la acción en un lugar que para la economía familiar quedaba a trasmano. Su madre debía viajar largas distancias desde la Zona Sur solo para encontrarse, en muchas ocasiones, con las manos vacías o excusas mezquinas.

"A veces el que se la daba no estaba o no se la quería dar, y se enojaba mucho", confesó el diez, visibilizando la angustia e impotencia que rodeaban aquellas jornadas. A pesar del mal sabor de boca que dejó aquella etapa, Messi aprovechó el espacio para hacer un matiz crucial y eximir de culpas a la institución deportiva de sus amores.

Con total honestidad, el Messi aclaró que el resentimiento familiar nunca fue dirigido hacia los colores del club: "La calentura de mi vieja era con el que le daba la plata, no con Newell's. El club no tenía nada que ver, el responsable era la persona que estaba en ese momento en ese lugar".

Esa sucesión de promesas incumplidas y desplantes financieros terminó por agotar la paciencia de la familia Messi, empujándolos a buscar nuevos horizontes.

La falta de respuestas en su tierra natal encendió la mecha que los llevó a probar suerte en Buenos Aires y, posteriormente, a cruzar el océano Atlántico rumbo al FC Barcelona, club que finalmente asumió los costos médicos.

Al mirar atrás, estas declaraciones demuestran que el éxito del mejor jugador de la historia no brotó de una burbuja de privilegios, sino de la inquebrantable perseverancia de unos padres que se negaron a rendirse ante la adversidad.