Romelu Lukaku, dando una entrevista a pie de campo durante el Mundial.

Romelu Lukaku, dando una entrevista a pie de campo durante el Mundial. Reuters

Fútbol

Lukaku, 33 años: "Mis padres no cenaban para dejarnos comida a mí y a mi hermano. No éramos pobres, estábamos arruinados"

El delantero de Bélgica narró en una sentida carta las dificultades que atravesaron en su casa durante su infancia.

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J. P.
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Romelu Lukaku ha convertido su historia personal en uno de los relatos más potentes del fútbol contemporáneo, no solo por los goles, sino por la crudeza con la que ha contado de dónde viene.

De niño, el ahora delantero de la selección belga creció en un entorno marcado por la ruina económica familiar, el sacrificio silencioso de sus padres y el peso del racismo cotidiano.

Su descripción de la infancia no deja espacio para la épica edulcorada. En más de una ocasión ha recordado cómo tuvieron que sobrevivir con lo mínimo, hasta el punto de ver a sus padres renunciar a su propia cena para que él y su hermano pudieran comer.

"Hasta mis 16 años no fue fácil. Por la noche mis padres no cenaban para dejarnos comida a mí y a mi hermano", contó en un sentido texto en The Players’ Tribune, subrayando que en casa la prioridad eran los hijos y que los adultos se acomodaban al hambre cuando no había para todos.

En ese escenario, el fútbol dejó de ser un simple juego para transformarse en una tabla de salvación. Lukaku ha relatado que cada partido infantil lo vivía como si de esa actuación dependiera el futuro de su familia. No era solo una cuestión de ambición deportiva, sino de necesidad.

En su imaginario, marcar goles significaba acercarse un paso más a la promesa que se hizo de niño: sacar a los suyos de la precariedad. Por eso insistió tantas veces en que "no éramos pobres, estábamos arruinados", una frase que condensa la brutalidad del periodo y la urgencia con la que asumió su carrera.

La figura de su madre, Adolphine, aparece como el corazón de esa historia. Él mismo ha recordado escenas en las que ella pedía pan fiado o hacía malabares para que no faltara nada esencial.

Lukaku celebrando un gol con Bélgica en el Mundial.

Lukaku celebrando un gol con Bélgica en el Mundial. Reuters

Cada avance en su trayectoria profesional, desde el debut con Anderlecht hasta sus contratos en la élite europea, ha sido presentado por Lukaku como una forma de devolverle todo ese esfuerzo.

El papel de su padre, Roger, se sitúa en un plano más formativo, pero no menos determinante. Lukaku ha explicado que fue él quien le marcó metas concretas, como la de llegar al primer equipo del Anderlecht a los 16 años, un objetivo que tomó casi como un mandato.

Tras la muerte de su progenitor, el belga se despidió con un mensaje en el que le agradecía "por enseñarme todo lo que sé", una declaración que sintetiza cuánto de su carácter competitivo y de su oficio llevan la firma paterna.

A todo ello se suma una dimensión identitaria que ha marcado su relación con Bélgica. Lukaku ha confesado que, desde niño, tuvo que soportar que le cuestionaran su pertenencia al país, que le pidieran documentos o que lo etiquetaran como "el descendiente de congoleños" cuando las cosas iban mal, mientras que, cuando destacaba, lo presentaban como "el goleador belga".

En ese vaivén de etiquetas, su discurso ha ido consolidando una idea central: su carrera no es solo una acumulación de títulos y estadísticas, sino la respuesta de un niño que un día entendió que, para cambiar la vida de los suyos, no podía permitirse fallar.