Cucurella, con su pueblo.

Cucurella, con su pueblo.

Fútbol

El pueblo donde se refugia Marc Cucurella: vinos Denominación de Origen y butifarra a la brasa a media hora de Barcelona

El internacional español no se olvida del lugar en el que nació, un balcón hacia el Mediterráneo con una amplia gastronomía.

Más información: El éxito de Leo Messi lejos del fútbol: su última compra en Barcelona está valorada en 11,5 millones de euros

A. M.
Publicada

Alella, la localidad costera del Maresme donde nació Marc Cucurella, se presenta como una escapada perfecta a menos de media hora de Barcelona, con viñedos, historia y una gastronomía que mezcla mar y montaña.

En apenas unas calles se percibe la identidad vinícola del municipio: la Denominación de Origen Alella, una de las más pequeñas pero también más antiguas de España, marca el pulso económico y cultural del pueblo y ofrece al visitante la posibilidad de descubrir blancos de gran carácter elaborados con la variedad local pansa blanca.

Caminar por Alella es recorrer terrazas de viña que descienden hacia el Mediterráneo, salpicadas de bodegas familiares y cooperativas históricas; muchas abren sus puertas para catas, visitas guiadas y experiencias de enoturismo que permiten comprender el proceso de la vid desde la cepa hasta la copa.

La DO Alella, con su producción concentrada y su apuesta por la calidad, ha convertido al municipio en un destino habitual para barceloneses que buscan un plan de fin de semana basado en la tranquilidad, el paisaje y el buen vino.

La oferta gastronómica local aprovecha ese ecosistema: restaurantes y braserías del pueblo combinan productos de proximidad con recetas tradicionales catalanas, y no faltan platos contundentes como la butifarra a la brasa, arroces o propuestas marineras que maridan a la perfección con los blancos y rosados de la zona.

Pequeñas tiendas gourmet y mercados complementan esa experiencia, vendiendo aceite, embutidos y vinos artesanos que permiten al visitante llevarse un trozo del Maresme a casa.

Más allá de la comida

Alella no es solo viñas y mesas; su patrimonio arquitectónico añade otra capa de interés.

En el núcleo histórico se conservan casas señoriales, portales de piedra y edificios de corte modernista o noucentista, entre los que destaca la antigua cooperativa Alella Vinícola, ejemplo de la impronta industrial ligada a la producción vitivinícola.

La iglesia de Sant Feliu y diversas masías y torres históricas completan un mapa patrimonial que dialoga con restos arqueológicos del pasado, desde asentamientos íberos hasta vestigios romanos en el entorno.

Para los amantes de la naturaleza, Alella ofrece rutas por la Serralada Litoral y senderos entre viñedos que terminan en miradores con vistas al mar; las conexiones con el Parc de la Serralada Litoral permiten combinar en una sola jornada caminatas, observación del paisaje mediterráneo y paradas en bodegas.

Esa combinación de costa, monte y agricultura convierte al pueblo en un destino atractivo para quienes buscan actividad al aire libre sin renunciar a la gastronomía y la cultura.

El calendario festivo local refuerza la identidad vinícola: la Festa de la Verema, celebrada cada septiembre, congrega a vecinos y visitantes en torno a la vendimia, con talleres, degustaciones y actos populares que ponen en valor la tradición agrícola del territorio.

Alella, el refugio de Cucurella, ofrece así un plan completo: enoturismo y catas por la mañana, un paseo por el casco antiguo y por la tarde una buena butifarra a la brasa acompañada de un vino de la DO, todo ello a tiro de piedra de Barcelona y con la tranquilidad de un pueblo que guarda, entre viñedos y mar, la esencia del Maresme.