Thierry Henry, en la conferencia sobre igualdad racial y de género en el fútbol europeo celebrada en el City Ground.

Thierry Henry, en la conferencia sobre igualdad racial y de género en el fútbol europeo celebrada en el City Ground. Europa Press

Fútbol

Thierry Henry, exfutbolista: "Mis padres se divorciaron cuando tenía siete años, yo debía ser fuerte y no llorar"

El mito del Arsenal tuvo que vivir una infancia complicada y además se crio en un barrio conflictivo.

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A. M.
Publicada

La infancia de Thierry Henry, hoy mito del fútbol mundial, estuvo lejos de ser un cuento de hadas.

Nacido en el barrio de Les Ulis, un suburbio de París con fuerte carga social y cierto ambiente conflictivo, Henry vivió una infancia marcada por la separación de sus padres, la ausencia de afecto evidente y la necesidad de aparentar fortaleza en un entorno donde la debilidad no era opción.

"Mis padres se divorciaron cuando tenía siete, ocho años, entonces mi padre se fue de mi casa, pero él estaba presente cuando yo iba a los entrenamientos o a los partidos, o venía de vez en cuando, pero técnicamente me crié con mi madre", declaró en el podcast Diary of a CEO.

Con estas palabras, Henry ha explicado en varias entrevistas cómo, aunque su padre siguió acompañándole al fútbol, el hogar pasó a ser básicamente solo con su madre, Maryse, en una casa donde el peso emocional recaía pronto en el niño.

Incluso en la etapa en que sus padres aún estaban juntos, Henry recuerda no ver esa ternura habitual en otros hogares. "Incluso cuando ellos estaban juntos no veía ese amor, ese afecto, abrazos. Cuando yo crecí, no conocía esto".

"Más creciendo en este tipo de barrios. Tenía que intentar ser fuerte y no llorar. Tenía un problema o una pelea, llegaba a casa y a la pregunta de cómo había ido el día tenía que decir que bien", comentó.

Un barrio conflictivo

El barrio de Les Ulis, del que él mismo ha hablado en diversas entrevistas, no era un barrio cualquiera. "Crecí en un barrio normal. Si entiendes por normal por todo lo que ello conlleva. Ladrones, armas, peleas, felicidad, diferente comida, diferentes religiones, diversidad, yo siempre dije que fue lo mejor para mí, para entender cómo era el mundo".

En esa mezcla de peligro y multiculturalidad aprendió a leer a las personas, a moverse rápido y a no quedarse atrapado en la victimización, algo que después trasladó a su manera de jugar: vertical, directa, sin rodeos.

La relación con su padre, siempre compleja, añadió otra capa de presión. "Yo sabía si mi padre estaba feliz o no, lo sentía. Yo podía sentir si estaba feliz o no, llegamos al coche, silencio, ¿debería hablar? ¿no debería hablar? No lo sé".

"¿Entonces estás feliz? Y su respuesta: 'claro, pero fallaste este control, este centro, esto, aquello'. Entonces llegaba a casa de mi madre, subía con la cabeza gacha y mi madre me preguntaba si había perdido y yo le decía que ganamos 6-0 con seis goles míos y ella me miraba", comentó 'Titi'.

Con el paso de los años, Henry ha abordado el pasado con más distancia y, en cierto modo, con perdón. "No puedo estar enfadado con alguien que intentó hacer lo mejor y educó con las herramientas que tenía".

Esa reflexión no borra la infancia difícil, pero sí muestra cómo ha digerido emocionalmente una juventud marcada por la separación, la ausencia de expresiones cálidas de cariño y la presión de un barrio donde sobrevivir implicaba aprender a ser fuerte antes de tiempo.

Hoy, cuando el mundo lo ve como un astro del fútbol, su historia de infancia en Les Ulis sirve también de ejemplo de cómo el entorno más gris puede forjar, sin filtros de Hollywood, a uno de los mejores delanteros de la historia.